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¿Cómo piensa el cerebro de un niño a los tres años?

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«¡No!, ¡no lo quiero! ¡uaaaaa!», expresión común de un niño o niña que asiste por primera vez al pre escolar o jardín. 

¿Motivo suficiente para que los padres se alarmen?, ¿e inclusive se vayan llorando, mirando atrás en la medida que salen de la escuela?

Los neurocientíficos no consideran dicho comportamiento (en el caso de los menores, mientras que la actitud de los padres resulta razonable, ante el “desprendimiento” tras el amor brindado desde que está en la barriga, hasta los tres años cumplidos, a lo que se suma si la escuela, le brindará el mismo amor que los padres, le otorgaron.

¿Cómo se comporta el cerebro del menor?

Este órgano -aún en pleno desarrollo- está abrumado por exigencias mentales, entiéndase son parte de su actual etapa cognitiva.

La materia gris de un niño o niña de tres a cinco años de edad es un rápido, dinámico, fluido, espontáneo, y asombroso “trabajo en progreso”, que es incluso un tanto irracional. 

No puede pedirse a un niño en esta etapa que “piense” como un adulto maduro y, más aún, estaríamos atrasando el desarrollo de su inteligencia si se le estresa con expectativas poco realistas.

Se plantea por parte de los especialistas que el proceso neurológico en un cerebro de tres a cinco años está doblemente más ocupado que el de un estudiante universitario y, posiblemente, tres veces más que el cerebro de un adulto, lo cual puede provocar en el menor un esfuerzo mental donde la información será desconcertante, atormentadora, emociones agobiantes que en el mejor de los casos estalle en llanto, en el peor rechazo a la escuela.

¿Qué hacer? Varias serán las respuestas.

  • Proporcionarles cada día actividades que despierten su curiosidad, lo que favorecerá la creación de caminos neuronales que incrementarán la eficiencia y capacidad de su aprendizaje. 
  • Exponerlos a una variedad de estímulos y permitirles interactuar en la práctica con objetos tridimensionales es clave. Por ejemplo: Cocinar, pintar con los dedos, construir con plastilina, instrumentos musicales, asistir a actividades acompañados de los padres, inclusive aquellas que sean organizadas por la escuela, tales como: zoológicos, museos, parques, todas ellas enriquecedoras de experiencias sensoriales.
  • Proporcionales seguridad y confianza, reduciendo el estrés y el miedo, evitando los sermones, regaños, entregándole una positiva, amorosa, sensible y motivadora retroalimentación
  • Interactuar con ellos a través de la conversación, el canto, la lectura, dándole énfasis a las palabras importantes (si apenas balbuceas o tu tono es monótono el niño se aburrirá y no se enfocará). 
  • Animarlos a jugar en torno a sus fantasías y su creatividad con sus amigos -los juegos de rol desarrollan la zona verbal del cerebro y mejoran las habilidades sociales vinculadas a la comunicación, al compartir y a la resolución de conflictos-. 
  • Lograr la concentración. Un niño de tres a cinco años de edad puede poner atención por cinco a diez minutos en el mejor de los casos. Exigirle concentración prolongada en alguna tarea puede frustrarlos a ambos, pero es posible ayudar al niño a mejorar su memoria de corto plazo a través de juegos y actividades que demanden control de atención. 
  • ¡Jugar!, los niños pequeños deben tener al menos 30 minutos diarios para correr y jugar al aire libre, balancearse en columpios (o chinos); lo cual eleva los neurotransmisores y estimula el crecimiento neuronal; además aumenta el potencial de aprendizaje, conciencia espacial y ritmo. 
  • Poca televisión, uso de celulares o tabletas. Ello provoca problemas atencionales, como es la distracción o falta de concentración e hiperactividad, para lo cual será necesario reducir el tiempo del uso de dichos medios, siendo controlados.

Todo lo antes expuesto, es un factor necesario a tener en cuenta no solo por padres, tutores, docentes de pre escolar, sino por la población en general con niños y niñas, no solo de 3 años, a todos, reitero ¡A TODOS!, donde predomine la atención que ellos requieren, que el amor sature el entorno no solo en la escuela, sino en todo el planeta Tierra.

Brindar amor, cariño, no es caro. Al contrario, es barato y no es necesario comprarlo en ninguna parte. Sale del corazón, asi de sencillo.

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Ernesto González Valdés

Nació en la ciudad de La Habana, Cuba y es nacionalizado Nicaragüense tiene estudios superiores de Licenciatura en Pedagogía y posgrados en Química Orgánica y elaboración de materiales didácticos.

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