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Crisis de credibilidad y confianza

Antropos

Hay momentos históricos en el que la sociedad y el Estado guatemalteco, viven sus crisis de credibilidad y de confianza ciudadana. Hoy día atravesamos uno de esos que nos hace recordar y revalorar la ética y la moral.  En ese sentido, conviene definir la ética nos dice la pensadora española   Esperanza Guizán, “como la teoría del comportamiento moral de los seres humanos en sociedad”.

La ética, es, de acuerdo a esta autora, “la disciplina que  indaga la finalidad de la conducta humana, de las instituciones sociales, de la convivencia en general. Es la búsqueda de la salud social, potenciando la solidaridad y los valores mínimos que serían deseables que fuesen compartidos a fin de lograr  una sociedad más justa y más feliz”.

En efecto, siendo Guatemala un país que desde la conquista hasta nuestros días, gran parte de su población sufre de marginación, injusticia, maltrato, discriminación, pobreza, desnutrición. Un país donde la niñez y la juventud no tienen acceso al derecho de una educación con calidad. Un país en donde los sectores desprotegidos son abandonados por un sistema de salud copado por la corrupción. Un país donde los jóvenes hijos de obreros y campesinos son arrojados a migrar hacia USA o bien a engrosar las filas del narcotráfico. Un país en donde la gran mayoría no tiene acceso a trabajos dignos y bien remunerados. Un país en donde carecen de vivienda y de entornos saludables. Un país que en sus más altos porcentajes de pobres tienen que vivir con los mínimos que obtienen de un salario paupérrimo. Un país con un alto conglomerado de pueblos originarios absolutamente olvidados. Un país que arrasa con su vegetación y envenena las aguas. Un país como esto, no es país.

Pero hay otro sector que camina por los centros comerciales. Que compra en los supermercados su alimentación. Que disfruta de los buenos restaurantes de las ciudades.  Son los que se movilizan en carro. Y hay otros que hacen sus compras en Miami. Son los que viajan, los que disfrutan de la vida alegre y estudian en centros educativos a quienes sus padres les pagan su educación. Todos estos, viven en otro país.

Esta realidad lacerante y contrastante entre uno y otros, es lo que ha generado crisis de credibilidad y de confianza ciudadana. Y por ello es tan importante volver los ojos a la ética y a la moral. Es la que nos abre las venas de nuestra conciencia. La que nos hace ver el pasado, el presente y nos empuja a mirar el futuro con una avistada de optimismo.

De ahí que lo que hoy acontece en la vida política del país, nos genera no sólo congoja, frustración, angustia, y una profunda tristeza, porque la pelea es por el poder. Es una lucha de gladiadores, sin que sean gladiadores. Hasta este día no veo en serio el sentido de esta pelea. Apenas nos han dibujado los problemas de fondo del país. No sé en verdad, para que quieren el poder. Porque si sólo vemos un dibujo de lo que acontece en el diario vivir de los guatemaltecos, pensaría sobre la base de lo que dice Freud, “no hay principio de realidad”.

Y esto tiene sentido, cuando recuerdo las palabras de un campesino que me dijo, estos trabajos los podemos hacer, pero al suave. O bien a lo contrario dirían otros, a puros trancazos.

¿Cuál camino escoger? El del principio de realidad o el de romper bruscamente con lo establecido. Difícil dilema porque hay miles de conciencias dormidas que ya no quieren esperar. Y hay otros políticos y empresarios, que prefieren sostener lo que existe, aun a costa, que el costal en donde se amarran los espíritus humanos se reviente y explote como una erupción volcánica.

En medio de esta crisis de credibilidad, se asoman los politiqueros que buscan posiciones de encanto en el gobierno. Pero también están los que ven aunque sea por la rendija de la puerta, opciones de sobrevivencia digna de la sociedad guatemalteca. Y a estos que logran ver aún en la oscuridad y tinieblas de un país en el cual los sectores poderosos no dejan caminar, habrá que apoyarlos y empezar a superar esta crisis de credibilidad y de confianza ciudadana. Los pueblos originarios están sintiendo en silencio su dolor de pobreza y marginalidad. Los sectores desprotegidos de las áreas urbanas y semi urbanas, claman por superar la inequidad. A ellos es necesario volver los ojos con seriedad, responsabilidad, conciencia ciudadana y sensibilidad humana para que la ética y la moral vuelva a estar presente, en una Guatemala golpeada por décadas de décadas. Todo nos orienta que el camino es a superar los contrastes de una realidad lacerante.

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