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Cuando guardas tus sentimientos

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Tras una noche donde posible haberme recuperado del cansancio, agotado de haber impartido clases en dos instituciones educativas, en la primera desde las 7 am hasta la 2 pm; almorzar, evaluar los trabajos, tareas, informes de mis discípulos; trasladarme al segundo centro cuyas asignaturas eran de diferente naturaleza a las impartidas en la mañana, comenzar las mismas y terminar estas a las 9:20 pm de la noche, era poco probable que sonriese al llegar al “dulce hogar”.

Donde las comillas, no cumplían con el significado de ser irónico, conmigo mismo, no, ya que sencillamente a la par de estar comiendo, a la derecha del plato, simultáneamente observaba el planificador o calendario de las clases que tenía al día siguiente, clases que había preparado el fin de semana anterior, pero que requerían de una revisadita.

No por ello la casa dejaba de ser “dulce”, en la misma – y no podía quejarme -, ya las hijas encaminadas (una de 8, otra de 19 años) estudiando, la mamá tenía un trabajo un poco más normado, regular en cuanto a horario (8 am- 5 pm), lo cual no restaba, reuniones, informes propios de su labor profesional, lo cual era una ventaja relativa de atender a la familia en mi poco tiempo “libre”.

Cuando tus hijos (as), esencialmente son “abandonados” o un tanto desatendidos por tu o tus trabajos donde tus discípulos han de ser atendidos como hijos, sobrinos e inclusive nietos, ya que no solo das o impartes contenidos, revisas tareas, también exiges puntualidad, transmites honestidad, el ser extremadamente limpio, ordenado y cuidadoso tanto en la apariencia personal como en la ejecución de tareas, entiéndase pulcritud algo así como una mezcla heterogénea, pero que en esta ocasión sus ingredientes son habilidades duras (hard skills) – conocimientos técnicos cuantificables y adquiridos (como el dominio de software o idiomas)-, y blandas (soft skills) – que definen cómo interactuamos, nos adaptamos y trabajamos, esenciales para el éxito tanto educacional como laboral, a los que adiciono (no una pizca, al contrario) valores como la responsabilidad, ética, respeto, compromiso, lealtad, entre otros.

Los que somos docentes, saben lo que hablo (realmente lo que escribo), ¿cuántas veces dejamos de atender lo nuestro, lo personal, para atender lo de “otros”, (sin ser despectivo), porque también pasa a ser nuestro.

Impartir clases, no estando bien de salud e inclusive familiares, teniendo problemas como seres humanos que somos y que, al entrar al aula, al laboratorio, nuestro rostro deberá entrar en “modo pausa ajeno a los pendientes personales”: proyectar una imagen fresca, limpia y segura, reflejando descanso y autocuidado, proyectando confianza, pero además seguridad a la hora de desarrollar su clase, sonreír y hasta reír inclusive ante hechos adicionales propios de la juventud (bromas, chistes, etc.), sin embargo el “show, el espectáculo debe continuar”.

¿Cuántas veces los docentes habremos ocultados, guardado, nuestros estados afectivos producto de nuestras emociones, como la tristeza, ira, miedo, pero resaltando el amor, alegría, gratitud o esperanza?

Posiblemente, muchas veces… me apunto a ese maravilloso grupo.

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Libre emisión del pensamiento.

Ernesto González Valdés

Nació en la ciudad de La Habana, Cuba y es nacionalizado Nicaragüense tiene estudios superiores de Licenciatura en Pedagogía y posgrados en Química Orgánica y elaboración de materiales didácticos.

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