
CUANDO LA NARRATIVA SUSTITUYE A LOS RESULTADOS
Una Guatemala Diferente Es Posible
El Gobierno de Bernardo Arévalo llegó al poder en enero de 2024 acompañado de una enorme expectativa, prometió rescatar las instituciones, combatir la corrupción, recuperar la administración pública y demostrar que era posible gobernar de una manera diferente, más de dos años después, la discusión ya no debería centrarse exclusivamente en los problemas heredados, sino en una pregunta mucho más incómoda: ¿qué tanto de lo prometido se ha convertido en resultados?
Señalar las deficiencias heredadas puede ser válido para explicar el punto de partida, pero deja de ser suficiente cuando se transforma en la explicación permanente de las dificultades del gobierno; un presidente no recibe el poder para describir durante cuatro años los problemas que encontró, recibe el mandato para enfrentarlos, cuando esa narrativa encuentra respaldo en sectores políticos y medios de comunicación, puede generarse una realidad en la que comunicar avances termina siendo más importante que demostrar resultados.
La comunicación gubernamental es necesaria en una democracia, pero existe una diferencia fundamental entre anunciar una acción y ejecutarla. Una carretera anunciada no es una carretera construida; un hospital presupuestado no es un hospital funcionando; una reforma presentada no es una institución reformada; gobernar significa convertir decisiones, recursos y políticas públicas en resultados verificables.
Y aquí aparece uno de los principales problemas del Estado guatemalteco: la capacidad de ejecución. No sería serio afirmar simplemente que al Gobierno le faltan recursos, el presupuesto público ha alcanzado niveles históricamente elevados, el problema está también en la capacidad para planificar, ejecutar, supervisar y evaluar el gasto.
El propio Estado reconoce esta dificultad, el BID mantiene actualmente programas de fortalecimiento de la gestión financiera pública y de las capacidades de SEGEPLAN para mejorar la planificación, la inversión pública, el monitoreo, la evaluación y la ejecución presupuestaria, el mensaje es claro: Guatemala no enfrenta solamente un problema de dinero; enfrenta un problema de capacidad institucional para transformar recursos públicos en resultados.
Esto obliga a superar otra discusión simplista, no todo fracaso es corrupción y no toda ineficiencia es corrupción; también existe incompetencia, mala planificación, falta de liderazgo, ausencia de coordinación, burocracia excesiva y funcionarios que simplemente no tienen la capacidad para dirigir las instituciones que ocupan.
La honestidad es indispensable, pero no es suficiente, un funcionario puede ser honrado y, al mismo tiempo, ser un mal administrador; puede tener buenas intenciones y carecer de capacidad para conducir una institución compleja; puede defender principios democráticos y no saber ejecutar una política pública, gobernar exige honestidad, pero también liderazgo, conocimiento técnico, equipos profesionales, autoridad, planificación y capacidad de ejecución.
La seguridad ofrece otro ejemplo, el Gobierno ha presentado indicadores favorables en determinados períodos y esos avances deben reconocerse cuando las estadísticas los respaldan; pero una política de seguridad no puede evaluarse únicamente mediante un dato favorable o una conferencia de prensa; Guatemala continúa enfrentando estructuras de crimen organizado, narcotráfico, extorsiones, pandillas, tráfico de armas, debilidades penitenciarias y problemas de inteligencia e investigación criminal, la pregunta no es solamente si un indicador mejoró, sino si existe una estrategia de Estado capaz de sostener esos resultados.
La responsabilidad política tampoco significa atribuir personalmente al presidente cada problema administrativo del país, significa algo diferente: exigirle responsabilidad por la conducción general del Gobierno. Los ciudadanos no eligen gobiernos para escuchar justificaciones durante cuatro años. Los eligen para resolver problemas.
La responsabilidad política, por tanto, no puede desaparecer detrás de las explicaciones, un presidente no es responsable de todos los problemas que recibe, pero sí es responsable de las decisiones que adopta, de los funcionarios que nombra, de las prioridades que establece y de los resultados que obtiene durante su administración.
La democracia no se debilita únicamente por la corrupción, también se erosiona cuando las promesas se multiplican, las explicaciones se vuelven permanentes y los resultados no llegan.
La historia no juzgará solamente las intenciones de un gobierno. Juzgará sus resultados. Porque gobernar no consiste en demostrar que los demás tienen la culpa de que las cosas no funcionen. Gobernar consiste en asumir el poder, enfrentar los obstáculos y hacer que las cosas funcionen.
AL RESCATE DE GUATEMALA
GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES




