
Cuestiones Sandrísticas y Bernardísticas
Logos
Provoqué conversaciones con ciudadanos, sobre los candidatos que contenderán en la elección que se celebrará el próximo 20 de agosto: Sandra Torres Casanova y Bernardo Arévalo de León. Fueron conversaciones con ciudadanos muy diversos; por ejemplo, hombres o mujeres; empresarios o trabajadores; ricos o pobres; con educación primaria, o media, o universitaria; jóvenes, o adultos, o ancianos; y ociosos o laboriosos.
No pretendí que esos ciudadanos constituyeran una muestra estadística, ni tuve alguna intención profética. Pretendí conocer, únicamente por afán de conocimiento, la decisión de voto de esos ciudadanos en la nueva elección, llamada también segunda elección. Plantee a cada uno de ellos varias cuestiones, como estas: ¿votará por Sandra, o por Bernardo? Si votará por Bernardo, ¿votará por él mismo, o para evitar que triunfe Sandra? Si votará por Sandra, ¿votará por ella misma, o para evitar que triunfe Bernardo? ¿Anulará el voto?
La mayoría de esos ciudadanos estaba dispuesta a votar por Sandra, no por ella misma, sino para evitar el triunfo de Bernardo; y la minoría estaba dispuesta a votar por Bernardo, no por él mismo, sino para evitar el triunfo de Sandra.
Ciudadanos que notoriamente propendían al socialismo estaban dispuestos a votar por Bernardo, por él mismo, y no para evitar el triunfo de Sandra; y ciudadanos que creían que Sandra, cuando cogobernó durante la presidencia de Álvaro Colom Caballeros, “había demostrado estar interesada en aliviar la pobreza”, estaban dispuestos a votar por ella misma, y no para evitar el triunfo de Bernardo.
Ciudadanos que mostraban indicios de profesar una ideología política y económica se proponían votar por Sandra, porque Bernardo podía convertir a Guatemala en una nueva Venezuela. Venezuela, es decir, dijo uno de ellos, “una nación socialista en la que, con éxito inaudito, ha prosperado la dictadura y la pobreza.” Esos mismos ciudadanos temían que el partido político de Bernardo, en el supuesto de que él, Bernardo, fuera Presidente de la República, actuaría con violencia criminal, como el Partito Nazionale Fascista, o Partido Nacional Fascista, fundado, en Italia, por Benito Mussolini. Huestes del partido, por ejemplo, invadirían el Palacio Legislativo para obligar a los diputados a aprobar las leyes que Bernardo propondría.
Algunos ciudadanos advirtieron que, aunque el partido de Bernardo no fue suspendido temporalmente porque no fue acatada una orden judicial de suspenderlo, cumplió fraudulentamente con el requisito legal de número de afiliados; pues afilió ciudadanos que ya habían muerto, o falsificó firmas de vivientes ciudadanos, algunos de los cuales denunciaron la falsificación. No había que votar por un candidato presidencial de un partido que tenía un origen delictivo.
Conversamos sobre el voto nulo. Algunos ciudadanos estaban dispuestos a anular el voto, y expresaron su intención de persistir en anularlo; pero algunos habían desistido, y habían optado por Bernardo porque gobernaría de modo similar a como gobernó su padre, el socialista “espiritual” Juan José Arévalo Bermejo; o habían optado por Sandra, porque no era “tan socialista” como Bernardo, y quizá hasta intentaría combinar oculto derechismo y manifiesto populismo.
Un ciudadano, que se excedió más en meditar que en hablar, luego de minutos de silencio propicios para mi impaciencia, me dijo: “Con el señor Arévalo nos exponemos a un gran peligro. Con la señora Torres nos exponernos a un peligro menor. Y con el señor Voto Nulo por lo menos eludimos la complicidad con el peligro ganador.”
Las conversaciones me exhortaron a conjeturar sobre el proceso de segunda elección presidencial; y, prima facie, atisbé algunos hechos que, por supuesto, pueden ser ficticios, o pueden no serlo; y si no lo son, pueden transformarse impredeciblemente durante los próximos días. He aquí esos hechos.
Primero. Una no cuantificada proporción de ciudadanos todavía no ha decidido, con suficiente firmeza, el destino de su voto: Sandra o Bernardo. Aludo a una proporción de ciudadanos que, en la primera elección, no votó por Sandra o por Bernardo, y no está dispuesta a anular su voto.
Segundo. La intención de suspender temporalmente el partido de Bernardo, por un delito que presuntamente cometieron sus fundadores, no parece haber perjudicado la candidatura de él, Bernardo. La causa podría consistir en que públicamente adquirió más importancia la presunta finalidad de impedir que él contendiera en la segunda elección, que el delito del cual son acusados los fundadores del partido; y entonces quizá Bernardo hasta se benefició.
Tercero. Sandra, en el proceso de la primera elección, fue el candidato por quien una mayor proporción de ciudadanos declaró que nunca votaría; pero ahora, en el proceso de segunda elección, por ser Bernardo su contendiente, ha tendido a disminuir esa proporción de ciudadanos. Se reduce, así, la probabilidad de que ocurra un fenómeno electoral similar al que ocurrió en la segunda elección del año 2015 y del año 2019, cuando una proporción determinante de ciudadanos votó por el contendiente de Sandra, para evitar que ella triunfara, y no triunfó. Es una hipótesis verosímil.
Cuarto. Sandra, aunque ha perdido dos veces la segunda elección presidencial, ahora puede ganarla, no solo porque votarían por ella los ciudadanos que intentan impedir el triunfo de Bernardo. También puede ganarla porque, más probable que improbablemente, votaría por ella, y no por Bernardo, una mayor proporción de ciudadanos que votaron por los candidatos que, en la elección del 25 de junio, ocuparon la tercera, la cuarta y la quinta posición (aludo a Manuel Conde, Edmond Mulet y Zury Ríos). Esta probabilidad supone, discutiblemente, que Bernardo ya no podría obtener notablemente más votos que los que ya obtuvo; pero Sandra podría obtenerlos.
Post scriptum. Séame permitida la mención impertinente de una conversación con un ministro religioso. En el final de la conversación me dijo, con rara serenidad: “Agnus Dei, qui tollis peccata mundo, miserere nobis.” Traduzco: “Cordero divino, que elimináis el pecado del mundo, tened piedad de nosotros.” Y sorpresivamente, agregó estas palabras: “Miserere nostri, non ut periculum tollatur, quod inevitabile est, sed ut sit minor.” Traduzco: “Ten piedad de nosotros, no para eliminar el peligro, porque es inevitable. sino para que sea menor.”

Le invitamos a leer más del autor:




Pingback: Partido Semilla; pero Semilla de Cicuta - El Siglo