
EL CONGRESO ES UN CIRCO… NO LEGISLA
Barataria
No. el Poder Legislativo es, sin duda alguna, el poder más importante del Estado debido a que es dentro de sus puertas se construye, mediante la aprobación de leyes, el país que todos queremos. Es un órgano eminentemente político porque allí se encuentran representadas la fuerzas políticas del país, los partidos políticos y sus ideologías con las que se pretende que se vaya desarrollando todo el marco jurídico. Este poder legislativo es también muy representativo, porque quienes llegan a ocupar una curul en el Congreso de la República, primeramente, representan, antes de un partido político a una región o departamento del país. Dicho esto, los diputados al Congreso de la República están llamados a actuar de acuerdo a su mandato y respondiendo a la población del país para que, por medio de la producción de leyes. ¿Por qué es tan importante legislar? Puesto que sencillamente cada ley determina las conductas que habrán de desarrollarse para los sectores y para la población en general. Hay leyes que son fundamentales como las de transparencia, anticorrupción, de beneficios sociales, de contratación pública, de lenguas vernáculas, de comunidades indígenas o de agua. Sin duda al anotar todo esto podremos ver el atraso legislativo que tenemos en nuestro país.
Sin embargo, los “honorables” Diputados a pesar que la Constitución les asigna dos tareas importantes: Fiscalización y Legislación. Les encanta fiscalizar, en el pasado y presente, porque esto les permite “presionar” a funcionarios públicos quienes estando hasta el cuello con actos de corrupción prefieren dar plazas, obras o hacer “favores” políticos antes que el Diputado continúe con la “fiscalización”. Hay muchos casos de Diputados de esta y anteriores legislaturas, quienes han citado a ministros o funcionarios públicos y luego resulta que el amigo o familiar del Diputado termina con alguna plaza o contrato en el Ministerio “fiscalizado”. Cuando el funcionario no accede a ello, simplemente el Diputado haciendo gala de su función legislativa lo cita, le pide informes y en ultima instancia le solicita una interpelación al Pleno del Congreso para que allí exponga los asuntos.
Este juego político perverso tiene mucho de cinismo, porque a la mayoría de los diputados por les importa el estado de las carreteras, los asuntos de seguridad ciudadana, el pésimo servicio de salud pública o que los guatemaltecos no tengan acceso a una buena educación pública, sino que tienen el propósito de acorralar al Ministro o funcionario para que, dentro de la institución le dé para sus dulces. Así las cosas, vemos que muchos ministros y funcionarios públicos a veces pasan los cinco días de la semana en citaciones en el Congreso, especialmente si son Ministros de Carteras “apetecibles”. Cabe siempre preguntarse en este extremo ¿Si todos los diputados tienen la misma convicción de querer el bien común, el bienestar ciudadano; porque entonces hay tanto atraso legislativo? ¿Por qué no ponerse de acuerdo en las leyes más básicas para que se pueda buscar el bienestar general y luego que se pongan los guantes en otras leyes que acarrean una discusión ideológica o social más profunda? Nadie entiende porqué en el Congreso de la República leyes básicas como la Ley de Aguas no se ha aprobado en más de treinta años que lleva vigente la Constitución, o una Ley de Pueblos Indígenas, o reformas a las leyes de transparencia, ley de obra púbica que siguen siendo básicas. Nadie entiende porqué en Guatemala ¿El material escolar, las matrículas de colegios privados, los libros, los productos de la canasta básica y las medicinas todavía se paga IVA? ¿Nadie entiende porqué en Guatemala no se hacen sustanciales reformas al Código Municipal, para que los municipios dejen de ser una especie de feudalismo en Guatemala y los alcaldes hacen literalmente lo que quieren con los concejos municipales comprados sin que el Estado pueda intervenir? ¿Nadie entiende porqué tantas leyes que, con un poco de voluntad política se pueden aprobar en beneficio de la población, están allí engavetadas?
Sin embargo, no vaya a ser leyes como el presupuesto o aquellas leyes “consensuadas a fuerza de chequeras” porque esas leyes se aprueban hasta de urgencia nacional, sin miramientos y allí sí, todos los diputados cual corderitos levantan la mano “en beneficio del país”. Así, en el pasado se aprobaron los proyectos con Odebrecht, se aprobaron las leyes del saqueo de Giammattei, se aprobaron la venta de los activos del Estado y últimamente con este gobierno del señor Arévalo que, no tiene mayoría parlamentaria, pero logró elegir Magistrados y aprobar el presupuesto más alto de los últimos años que nos endeuda cada vez más y, sin duda alguna la guinda del pastel: Sí se pusieron de acuerdo para aumentarse el salario. ¿Entonces? Al parecer el problema no es que no puedan ponerse de acuerdo, el problema es que los “¿Honorables?” Diputados se ponen de acuerdo cuando va a favor de sus intereses personales porque no legislan para el país, no les interesa el contenido de las leyes, siempre y cuando haya algo para ellos.
Recientemente en el Congreso de la República se dio un caso que raya en lo ridículo que pueden ser los diputados cuando el parlamentario Luis Aguirre, de la bancada del partido CABAL, arrojó un neumático al Ministro de Comunicaciones, como reclamo por el mal estado de las carreteras, argumentando que las carreteras están tan malas que los neumáticos se estallan. Acciones dignas de circo en una sociedad tan deteriorada por las acciones pueriles de los diputados, no traen consigo mas que lo que ya se da por sentado: Que los diputados al Congreso de la República son los menos indicados en estar allí y que los partidos políticos son los hartamente responsables de que lleguen personas como el diputado Aguirre a ocupar una curul en el Congreso.
La responsabilidad de lo que pasa en el Congreso es de los partidos políticos guatemaltecos, no solo porque no encuentran la forma de legislar, de llegar a acuerdos o consensos cuando se trata de leyes de importancia nacional y que son necesarias para la población, sino porque llevan a la peor calaña a sentarse a representar a los votantes. En realidad, para tomar una radiografía del sistema político nacional hay que ver cómo esta conformado el Congreso de la República y qué hacen los diputados, allí podemos ver que ningún partido político esta buscando legislar sino que han tomado la fiscalización como la función principal del diputado que anda de aquí para allá supuestamente verificando la función publica. Eso lo hacen cuando son minoría o cuando no han alcanzado el poder, luego de esto cambian de opinión. Así, cuando la bancada Vamos del Presidente Giammattei estaba en el poder compró a diestra y siniestra diputados para pasar cuanta ley quiso, pero nunca le importaron aquellas leyes necesarias para mejorar el nivel de vida de los guatemaltecos, en ese entonces la bancada Semilla que era minoritaria y en la cual el actual Presidente de la República era diputado, se rasgaba las vestiduras indicando que el presupuesto es más alto, que no hay transparencia en la función publica y uso de los dineros públicos. Ahora, el partido Semilla o Raíces o Ramas como quieran llamarle se encuentra en el poder, se le olvidó todo aquello por lo cual discutían cada sesión del Congreso porque ahora, ellos gobernando están haciendo lo mismo o peor que el anterior y ahora, cambiados los papeles, tenemos a Alan Rodríguez de la Bancada Vamos vociferando diciendo que hay que legislar a favor de la población. Señores: esto no es política, esto es un circo y ustedes, señores diputados son payasos de poca monta, que quieren volver a engañar a la población con otro disfraz pero son los mismos sinvergüenzas que antes decían una cosa y ahora hacen otra, dependiendo del lado del poder en donde estén. Si lo tienen defienden todo el sistema corrupto en contra del pueblo, si no lo tienen aparecen criticando el mismo sistema que ustedes defendieron, siempre en detrimento del pueblo. Son payasos y ojalá el pueblo despierte y se de cuenta que en Guatemala no hay izquierda ni derecha, no hay pacto de corruptos, no partidos buenos y partidos malos, no hay partidos corruptos y partidos incorruptos, sino que todos son una sarta de sinvergüenzas que han estado y están destruyendo a pasos agigantados el país que tenemos. ¿Qué hay que hacer con Guatemala? A lo mejor habrá que replantear el país que tenemos y quizá tengamos que volver a comenzar.

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