
¿El progresismo es progreso?
Zoon Politikón
En Guatemala se está viviendo un proceso electoral muy apasionado que se ha caracterizado por la lucha de poderes con intereses opuestos y muy particulares; la situación es tal que amerita intentar asimilar la esencia de la propuesta que causa más expectativa.
Procúrese entender los siguientes planteamientos: progreso es una mejora o un avance que se experimenta, y retroceso es la acción de volver hacia atrás; lo anterior invita a pensar que ser progresista conlleva una implícita connotación hacia lo positivo y lo que se encuentra fuera de este espectro político posee una naturaleza negativa, a lo que también podría llamársele atrasado o anticuado –conservador, reaccionario-.
El progreso puede significar un ascenso o mejora a partir de la situación actual, no solo en la tierra, sino también en la vida después de la muerte. Antiguamente un objetivo que se buscaba era “que algo fuera mejor que otra cosa”, que la vida terrenal fuera la búsqueda de la vida eterna; pero a partir del siglo XVIII, ya no se específica así, dando lugar a la ambigüedad.
En la actualidad algunos sectores políticos se autodenominan “progresistas” y de llegar al poder, a sus programas los nombran “gobiernos de progreso”. A su vez sectores culturales integrados por intelectuales de izquierda, también se llaman – progresistas – que procuran formar “gobiernos de progreso en defensa de la democracia”; sin ocultar la intencionalidad de cambiar el sistema político.
Todo lo anterior pareciera innecesario, sin embargo, da a entender como el lenguaje puede ser utilizado de manera perversa, al monopolizar conceptos que son de uso y aplicación general, y que no son propios de organizaciones de derecha o de izquierda; pero que hoy por hoy, la influencia ha sido tal que provoca entender y asociar el “progresismo” con los colectivos políticos de “izquierda”, principalmente para separarse de la “derecha” y de la “izquierda radical”, y para ser considerados como agrupaciones de cambio y de avance, pero siendo siempre de izquierda.
El resto que no se identifica como “progresista” ¿qué son? ¿agentes de retroceso? De aseverar que son incapaces de generar progreso es condenar a más de cuatro quintas partes de la nación a ser reaccionarios, que no les interesa y no respetan la dignidad humana, la salud, el trabajo, la educación, etc. Con tales posiciones se está negando que, en cada momento de la historia, la búsqueda del bien común, se ha hecho de manera distinta y valida; y que la acción política puede adaptarse a la realidad existente, pero de acuerdo con el orden público constitucionalmente establecido.
Con base en los razonamientos anteriores, se deduce la paradoja de considerar una agrupación política “conservadora” incompatible con el concepto de progreso; sin reconocer que cualquier ente político puede proponer mejoras sin romper con las tradiciones y sin necesidad de trastocar la constitución con miras a cambios radicales. Por el contrario, organizaciones progresista pueden alterar el orden a raíz de pactos de gobierno erróneos que desde su perspectiva son constitutivos de progreso, peor aún, si explotan la vía legislativa con ideas muy particulares con relación a la realidad, para hacerse de más poder y perpetuarse en el gobierno; generando problemas de convivencia en la sociedad, siendo todo lo contrario a progreso.
Muchas soluciones pueden ser constitutivas de progreso viniendo incluso de diversas direcciones; por lo que se puede preguntar ¿por qué una única tendencia política es dueña unívocamente del progreso? La riqueza y evolución en el pensamiento occidental está en la multiplicidad de progresos. Pensarse dueño de la verdad es un gran error.
La realidad es que los gobiernos “progresistas” una vez en el gobierno ponen en marcha políticas económicas que revelan la verdadera intención de sus proyectos políticos que no es la transformación social, todo lo contrario, pues llegan a través del populismo como estrategia democrática, aprovechando momentos de inestabilidad; populismo asistencialista que ofrece calmar a los sectores vulnerables.
Es preciso reconocer que una propuesta diferente, ofreciendo un cambio como patrón característico de una tendencia ideológica política de izquierda, no es la solución a los problemas reales. Solo cuestionar la corrupción y prometer que se combatirá, sin dejar de ser parte de ella, es más una amenaza que una solución.
Los gobiernos progresistas se beneficían de la bonanza producida por la espectativa del cambio ofrecido y con ello los préstamos del exterior, optando inmediatamente por aumentar el Estado y por la redistribución, pero descuidando la producción interna por la falta de visión y de inversión.
Los ofrecimientos sociales disminuyen la renta pues no estimulan el emprendimiento, y con ellos aumenta nuevamente la corrupción que prometieron erradicar. Terminada la fiesta, el balance político se volcará a la protesta y con ello una inestabilidad mayor que dejará la deuda de aumentar la vulnerabialidad de la población, a la que se prometía mejorar.
Aunque tradicionalmente la oposición es una práctica democrática de los partidos políticos; por su importancia no debe radicar exclusivamente en este sector, ya que es un factor de control de los gobiernos, de la mano de la auditoría social; por lo que su empleo se puede extender a la sociedad en general en función de los intereses generales frente a un sistema político corrupto, como una acción legal de una democracia moderna, especialmente en la coyuntura que iniciará en el 2024 cuando un gobierno de izquierda gobernara Guatemala; para lo que será obligatorio desde el primer día del nuevo gobierno, estar atento a todo lo que suceda.

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