
ENTRE DICHOS Y REFRANES
Ventana Cultural
¿Cuántos de nosotros no hemos escuchado en nuestras familias algún dicho o refrán para alguna situación? O ¿no han recordado algún dicho o refrán que se aplique a alguna circunstancia de la vida?
Desde niños, en la asignatura de lenguaje y comunicación, hemos estudiado los dichos y refranes. La diferencia entre ambos términos no es abismal, pero sí significativa. Aunque ahora se toman como sinónimos, en realidad no lo son; tienen pequeñas diferencias.
El dicho es una expresión popular que se dice de manera coloquial y se estableció en nuestro fuero general, mientras que el refrán lleva implícita una enseñanza, como una micro fábula que no necesita personajes, pero sí mucha reflexión.
Algunos de los dichos más comunes que se han escuchado son:
“Del dicho al hecho hay mucho trecho”.
Este dicho se centra en la brecha entre las palabras y las acciones, explorando cómo lo que se promete muchas veces se queda en el aire. En lugar de prometer tanto, mejor actuar.
“A caballo regalado no se le mira el diente”.
Este otro indica que no se debe ser exigente con lo que se recibe de regalo.
“A buen hambre, no hay pan duro”.
Este dicho significa que cuando alguien tiene necesidad, no le importa la calidad de lo que le ofrecen.
«En boca cerrada no entran moscas».
Este dicho implica que es mejor ser discreto y evitar hablar innecesariamente para no meterse en problemas.
«Más vale pájaro en mano que ciento volando».
Este dicho señala que es mejor tener algo seguro, aunque sea poco, que muchas cosas inciertas.
«No hay rosa sin espinas».
Este dicho indica que en todas las cosas de la vida hay aspectos positivos y negativos.
«El que persevera alcanza».
Este dicho significa que la constancia y la persistencia son clave para lograr los objetivos.
En cambio, el refrán es diferente. De acuerdo con las definiciones que hemos estudiado, los refranes son una forma de expresión popular cuya fuerza reside en que son utilizados para transmitir su sabiduría de forma verbal. Muchas culturas han ocupado los refranes como una manera de enseñar.
Los dichos y refranes son como un eco del pasado, con raíces profundamente antiguas que provienen de una época en la que la tradición oral era la única forma de transmitir sabiduría. Estas expresiones han pasado de generación en generación, adaptándose a los cambios sociales y culturales de cada tiempo. Aunque hoy en día puedan parecer frases sencillas o populares, sus orígenes se encuentran en una práctica ancestral que buscaba enseñar valores y lecciones de vida de manera accesible. Incluso ahora, muchos de estos dichos siguen vivos, transformándose ligeramente, pero conservando esa esencia que los ha hecho perdurar.
Es interesante pensar en la relación entre los refranes y los dichos. Mientras que ambos sirven como vehículos para transmitir sabiduría popular, los refranes tienen una estructura más sólida y repetida a lo largo del tiempo, como una reflexión que perdura. En cambio, los dichos son más espontáneos, más inmediatos, y a menudo nacen de situaciones cotidianas. Aunque ambos pueden enseñar, los refranes lo hacen con más claridad, con una enseñanza más directa, mientras que los dichos a veces se pierden o transforman con el tiempo. Sin embargo, es posible que un dicho, a medida que se repite y se consolida, adquiera esa estructura más formal, convirtiéndose en un refrán que nos invita a reflexionar de manera profunda.
Podríamos mencionar sus características y listarlas, pero las vamos a ver de la siguiente manera: Los refranes, generalmente de origen anónimo, se caracterizan por ser expresiones populares transmitidas oralmente de generación en generación, que reflejan sabiduría adquirida a través de la experiencia cotidiana. Estos dichos emplean figuras retóricas y recursos literarios, como la rima o el verso, pero su estructura sencilla facilita su memorización y difusión. Además, poseen un doble significado: uno explícito, que se entiende literalmente, y otro implícito, que transmite el mensaje o enseñanza moral subyacente. Son parte de la cultura y la memoria colectiva de una comunidad, y pueden incluir elementos de ironía o humor, haciendo de ellos una herramienta eficaz para reflexionar sobre la vida y sus lecciones.
Algunos de los refranes más conocidos son:
- “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Muchas veces las cosas no dependen de nuestros propios esfuerzos, sino que estamos sujetos a las decisiones de terceros o a circunstancias que no podemos controlar. Las cosas llevan su tiempo y deben seguir su curso natural para desarrollarse y completarse.
- “Quien mucho abarca poco aprieta”. Es preferible hacer una sola cosa bien y en profundidad que hacer muchas al mismo tiempo, pero de una manera superficial o incorrecta.
- “Más vale pájaro en mano que cien volando”. Es mejor apostar a lo seguro y no a algo que no presenta certezas.
- “En casa de herrero, cuchillo de palo”. Paradójicamente, en los lugares donde por lógica deberían abundar ciertos objetos o características, suelen faltar. También se usa cuando los hijos no comparten los mismos intereses profesionales que sus padres.
- “Agua que no has de beber, déjala correr”. Cuando algo no está vinculado con nosotros o no es de nuestra incumbencia, lo mejor es no entrometerse y dejar que las cosas sigan su curso natural.
En definitiva, tanto los dichos como los refranes son mucho más que simples frases populares: son testigos de nuestra historia, de la sabiduría acumulada por generaciones que han encontrado en las palabras una forma de enseñar y reflexionar. Pero, ¿qué ocurre cuando estas expresiones se adaptan a las nuevas realidades? ¿Pueden seguir siendo relevantes en un mundo tan diferente al de sus orígenes? En la próxima parte exploraremos cómo los dichos y refranes han evolucionado con el paso del tiempo, adaptándose a los contextos actuales, y cómo continúan siendo una herramienta poderosa para la enseñanza y la reflexión en nuestra vida cotidiana.

Le invitamos a leer más de la autora:



