Es más que la justicia
Tanmi Tnam
Desde la vivencia cotidiana de los pueblos indígenas de Guatemala, reflejar la experiencia que hay acerca del poder, la vigencia de los derechos colectivos y la rutina del funcionamiento de las instituciones responsables de los servicios públicos, equivale a afirmar que la organización del Estado de Guatemala no responde a la presencia, participación y representación de los pueblos en mención. La formación de la ciudadanía está fundamentada sobre el pensamiento, conocimientos y procedimientos que desconocen la diferenciación que hay en contextos, como el caso Guatemala, existen distintos pueblos. De esta manera, unos defienden lo que está impuesto, otros necesitan ser considerados como parte de un proyecto de Estado incluyente, algunos defienden lo que vino de España, otros desean ser de cualquier otro país menos de Guatemala y hay los que no se interesan por nada. La falta de reconocimiento de los pueblos indígenas está complementada por las instituciones religiosas cuyos fundamentos y prácticas no reconocen el componente espiritual de dichos pueblos. El sistema de justicia oficial en uso por el poder judicial, para los pueblos indígenas, es un sistema de injusticia en todos los niveles, ámbitos y sus características se miden que pocas veces es una instancia de justicia, no resuelve los conflictos que se le presentan, tarda mucho tiempo, es funcional a través del dinero, no tiene cobertura en el área rural, no se comprende en el idioma de los pueblos indígenas, queda muy lejos y las instituciones que funcionan en las cabeceras municipales se deben medir por cómo y cuántos casos resuelven en contextos donde la realidad es diversa, pensamiento y funcionamiento con tanta riqueza de culturas.
Mucho se ha dicho en nuestro país, que el Estado y su Constitución Política imponen un modelo de vida que desconoce y no responde a las características de los pueblos indígenas, sigue organizado y funcionando con conocimientos y procedimientos heredados de la época colonial y hay sectores que no están interesados en ir por los caminos de la democracia para tener un Estado más incluyente. En cuanto a los pueblos indígenas, el Estado sigue con el esfuerzo y práctica de asimilar a la población indígena en una sola cultura, con el uso del idioma español nada más, desconoce las formas de solución de conflictos como lo hacen los pueblos, no hay representación indígena en la organización del Estado, la educación escolar sigue siendo monocultural y monolingüe y la economía favorece a algunos y mantiene en extrema pobreza a muchos millones de guatemaltecos.
La propuesta de retocar en algo lo que corresponde a la justicia, es solamente “un parche” que no responde a disminuir o eliminar la exclusión y desigualdad en que viven millones de personas, especialmente la población indígena de Guatemala. Es recomendable asumir un proceso que debería resolver los problemas que ocasiona la visión y práctica de fundamentar la organización y funcionamiento del Estado sobre lo que considera un solo pueblo.
Mucho se ha dicho sobre la reforma o reestructuración del Estado de Guatemala, hay procedimientos a seguir, por ejemplo, se ha mencionado tantas veces la integración de una Asamblea Constituyente con la representación de los pueblos de Guatemala. Sin embargo, cualquier camino a tomar, necesita de tiempo para que los pueblos cuenten con la oportunidad de orientar a su respectiva población sobre las ventajas y desventajas de cada alternativa que se presenta acerca de cualquier parche, reforma o reestructuración de la Constitución de la República de Guatemala.




