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Guatemala en la mira del crimen organizado 

Una Guatemala Diferente es Posible

En Guatemala, el crimen organizado ya no es una sombra en las fronteras ni un rumor lejano, hoy, su influencia se palpa en los mercados, en las calles, en las municipalidades, en el Congreso y también en las papeletas electorales, es un enemigo silencioso pero decidido, que no solo trafica drogas o lava dinero, sino que busca gobernar el país para garantizar su propia impunidad.

La economía está contaminada, en los últimos años el país ha visto un auge de proyectos inmobiliarios, empresas de transporte, constructoras y comercios que a simple vista parecen señales de progreso, sin embargo, muchas de estas inversiones nacen del dinero ilícito que las redes criminales necesitan “lavar” y lo consiguen a través de compra y venta de bienes raíces, utilizando empresas de cartón, constructoras y comercios con ingresos artificialmente inflados; capitales provenientes del narcotráfico, la extorsión o el contrabando se legalizan sin mayor obstáculo, el problema no es solo el origen del dinero, es que distorsionan la economía y expulsan a los empresarios legítimos, incapaces de poder competir contra un capital que no busca rentabilidad, sino blanqueo.

Así, mientras el emprendedor honrado lucha contra impuestos, burocracia y competencia desigual, las mafias se fortalecen y consolidan un mercado paralelo que asfixia la economía real.

En barrios urbanos y aldeas rurales las familias están atrapadas y las comunidades rotas, el crimen organizado ofrece salidas falsas a la pobreza, jóvenes reclutados como mensajeros o “banderas” acaban convertidos en sicarios, mujeres que buscaban empleo honesto son forzadas a la prostitución o a trabajos serviles, familias enteras dependen del ingreso ilícito, hasta el punto en que romper con la red significa quedarse sin sustento o sin vida.

En municipios clave para el narcotráfico, como algunos de Izabal, Petén, Huehuetenango o San Marcos, el contrabando y el trasiego han creado una economía de dependencia, allí, negarse a colaborar no es una simple decisión moral, es un riesgo mortal, esta presencia constante de la violencia y el dinero sucio erosiona el tejido social, reemplazando el valor del esfuerzo por el culto al miedo y la ilegalidad.

El avance más alarmante del crimen organizado es en la política, ya no solo financian campañas o infiltran municipalidades, ahora promueven abiertamente candidatos a todo nivel, esto no es una especulación, es una tendencia que se repite elección tras elección, los partidos políticos controlados por estructuras criminales se presentan como opciones legítimas, pero detrás de sus discursos hay pactos de impunidad, con alcaldías, curules y hasta aspiraciones a la Presidencia, buscan blindar sus operaciones, manejar presupuestos estatales y manipular las leyes a su favor.

Si un Presidente llega al poder con el respaldo o bajo el control de estos grupos, el Estado deja de ser una herramienta de desarrollo para convertirse en un instrumento del crimen, en ese escenario, la democracia sería apenas una fachada y la soberanía nacional un recuerdo.

Guatemala está en un punto crítico, o se frena el avance del crimen organizado en todos sus frentes, o se acepta que el país será gobernado por mafias con ropaje institucional, esta es una alerta que no podemos ignorar.

La ciudadanía debe exigir transparencia, investigar a quienes financian las campañas y no normalizar la presencia de candidatos con historial o vínculos dudosos, porque el crimen organizado no solo mata personas, mata economías, destruye familias y asesina la democracia.

Permitir que un Presidente ligado al crimen organizado llegue al poder sería como entregar las llaves de la casa a quienes ya están saqueando el patio, y, si eso pasa, recuperar el país sería casi imposible.

AL RESCATE DE GUATEMALA.

GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

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