
La dirigencia deportiva: una dictadura e hecho
Barataria
A mediados del siglo pasado con los cambios de la revolución de octubre se pretendió blindar algunas instancias sociales para que el gobierno no las instrumentalizara políticamente. Para ello utilizó la figura de la autonomía como una forma de organización de estas instituciones para que, sujetas a la ley de su creación, la injerencia del gobierno de turno fuera tan mínima de manera que estas instituciones pudieran lograr su cometido. Así sucedió con la USAC, con el IGSS y con el deporte a través de la CDAG y el Comité Olímpico Guatemalteco.
La Constitución Política actual, siguiendo el patrón de mantener al deporte sin injerencia estatal estableció en el artículo 91 la obligación del Estado de fomentar y promover la educación física y el deporte y mantener al deporte federado ajeno a la función estatal. Por ello este artículo indica que el Estado deberá prever una asignación privativa no menor del tres por ciento del Presupuesto General de Ingresos Ordinarios del Estado. De tal asignación el 50% se destinará al sector del deporte federado a través de sus organismos rectores es decir la Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala y Comité Olímpico Guatemalteco dejando un 25% a educación física, recreación y deportes escolares; y 25% ciento al deporte no federado.
El Ministerio de Cultura y Deportes tiene su parte en la rectoría gubernamental de la educación física, recreativa y deporte escolar y no federado. Sin embargo, la CDAG y el COI son dos entes que no solo reciben una gran cantidad del erario nacional, sino que además tienen patrocinios de la iniciativa privada que también representan grandes ingresos.
Desde hace muchos años el deporte federado y profesional vienen siendo dominados por unas mafias que hacen lo que se les da la gana con los deportistas y con el dinero público. Algunas caras visibles de este movimiento son personajes como Gerardo Aguirre que tienen años en la dirigencia del deporte tanto en la CDAG como en el Comité Olímpico Guatemalteco tanto así que al dejar la CDAG para “pasar” al COG lo hizo dejando siempre a alguien que le “cuidara las espaldas” en la CDAG y así sigue el circo.
El deporte guatemalteco padece de muchas carencias, especialmente en los deportes en los cuales el patrocinio no llega a manos llenas porque son deportes menos populares o mejor dicho no es el futbol que es el deporte que más patrocinio tiene de la iniciativa privada. Sin embargo, al momento al ver las cuentas en instituciones como la CDAG y el COG vemos el mismo vicio de muchas instituciones cooptadas: comisiones, dietas, sobresueldos, viáticos y plazas fantasmas en donde se factura, pero no se llega a trabajar y hay parte del salario que llega a los bolsillos de otros.
El deporte en los países mas cercanos de Guatemala avanza a pasos agigantados, con menos presupuesto, sin embargo, en nuestro país esta estancado. Se supone que la dirigencia deportiva esta para hacer precisamente eso dirigir, hacer lo posible para que el deporte se desarrolle, pero todo sigue estancado. Muchas federaciones deportivas en el país han tenido una serie de problemas especialmente relacionadas con la dirigencia. Todos nos preguntamos ¿Si la dirigencia deportiva es ad honorem, porqué hay tanta voracidad en llegar?
El interés de muchos dirigentes se refleja en el poder y en el dinero que representa el cargo por vías menos ortodoxas y con ello muchos dirigentes pasan años dentro del deporte saltando de una federación a otra, además de llegar a la alta dirigencia y terminar una carrera en la dirigencia deportiva con muchos fracasos deportivos a cuestas, pero con las bolsas cargadas y una jubilación envidiable.
Lo curioso y hasta gracioso de la dirigencia deportiva es que permanecen en sus cargos pese a los fracasos deportivos. En cualquier trabajo si no rinde regularmente se despide al trabajador, en cualquier empresa si no está produciendo ganancias por lo general se despide al gerente porque se asume que bajo la dirección de este la empresa deberá ir hacia adelante. En el deporte, los dirigentes deportivos se mantienen en los cargos por años acumulando una cadena de fracasos. El futbol es el caso más patético después de encadenar derrotas a granel en todos los niveles y divisiones, el presidente de la federación continúa en el cargo, no piensa irse y contrariamente piensa ser reelecto.




