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La Jerusalén del corazón

Desde la Ventana de Mi Alma

“El templo de Jerusalén solo puede ser construido en un corazón transformado”
(Michael Laitman.1946)

En lo profundo de nuestro ser, en ese rincón sagrado donde la luz divina habita, yace una Jerusalén invisible, una ciudad celestial construida con los ladrillos de la fe, el amor y la esperanza. Es en este santuario interno donde comenzamos a restaurar el templo que, aunque invisible a los ojos del mundo, es el lugar donde Dios, en su infinita misericordia, habita y nos guía.

Vivir sin fe es como vivir en ruinas, como caminar por calles polvorientas que antes fueron vibrantes, pero que ahora están vacías de propósito y de luz. El alma, sin esa conexión divina, se convierte en un espacio desolado, un templo que se desploma, una ciudad que ha perdido su significado. En esos momentos, nuestro corazón se convierte en un reflejo del caos del mundo, distante de la paz y la serenidad que solo la fe puede aportar.

Pero la fe, como un arquitecto divino, comienza a reconstruir ese templo desde adentro. Cada pensamiento lleno de gratitud es un ladrillo puesto con amor; cada acto de perdón es una columna que sostiene el techo de la paz. A medida que la luz de Dios entra en nuestro corazón, las paredes rotas se restauran y las ruinas se transforman en un templo lleno de vida y propósito. La Jerusalén interna resplandece, más brillante que cualquier ciudad en la tierra, porque está edificada sobre un cimiento indestructible: el amor incondicional del Creador.

El templo físico que buscamos también se construye desde este espacio interior. Si el corazón está lleno de luz, la vida externa refleja esa misma gloria. En este sentido, la Jerusalén del corazón es el primer paso para la Jerusalén que deseamos ver en el mundo. La paz, la justicia, el amor y la unidad comienzan en nosotros mismos, cuando decidimos restaurar nuestro templo interior y abrirlo a la guía divina.

El templo espiritual, forjado por la fe, no es solo un refugio personal, sino una invitación a la humanidad. Porque cada corazón que se reconcilia con su Creador y se llena de amor, construye un pedazo de esa Jerusalén universal, la ciudad de la paz que todos anhelamos.

Así, al reconstruir nuestra Jerusalén interna, nos convertimos en arquitectos del mundo, creando un espacio sagrado que trasciende las paredes materiales, donde lo divino se refleja en cada paso que damos y en cada palabra que pronunciamos.

Que nunca olvidemos que la verdadera Jerusalén comienza dentro de nosotros, en el corazón, y desde ahí se irradia al mundo. Es ahí donde se construye la paz, es ahí donde trasciende la fe, y es ahí donde habita la gloria de Dios.

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Angie Lu

Lcda. en Ciencias de la Educación. Universidad Estatal.Guayaquil. Lcda. en Filosofía y Letras. Universidad Central del Ecuador. Columnista Periódico "EL SOL" Cartagena- COLOMBIA. Columnista Diario. La TRIBUNA. México. Articulista: Revista TOP MAGAZINE. Orlando-Florida Articulista Diario EXTRA. San José. Costa Rica. Articulista periódico Canarias Opina. Telde, Islas Canarias. ESPAÑA. Escribo por vocación para comunicar y por necesidad vital, creo que la palabra escrita es inmortal y es el acto libertario mas poderoso que existe y más aún podemos crear sinergia colectiva a través de la lectura. Escribo para divulgar mis emociones recogiendo metáforas simples o complejas, que me permitan meditar para existir y coexistir buscando la armonía con mis congéneres, y para celebrar con la palabra la belleza de la vida y el universo.

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