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La Ley de Aguas y la salida de un Ministro

Lugar Hermenéutico

En 2016, desde mi representación por la USAC, en el Consejo Nacional de Cambio Climático, fui parte, de un esfuerzo multisectorial, que estuvo, casi, pero casi, a punto de hacer la arrechada de lograr  la aprobación final de una ley que regulase el uso racional, eficiente y sostenible del recurso hídrico en Guatemala.

La construcción de la iniciativa, que posteriormente presento al Congreso el Organismo Ejecutivo juntamente con la USAC, partió de un documento base propuesto por Víctor Ferrigno y por este servidor, basado en un análisis comparado a nivel regional y revisado por especialistas en diversas áreas relacionadas.

Con el documento base, técnicamente validado, nos lanzamos en más de 20 jornadas, denominadas, “Diálogos por el agua”, jornadas convocadas por la USAC, y el Ministerio de Ambiente, bajo la conducción del Ing. Sydney Samuels, quien asumió el liderazgo de la iniciativa y quien, con el transcurrir de los meses interiorizo la problemática y su propuesta de solución, convirtiendo a la temática del agua, en el principal desafío de su gestión.

En el camino, se fueron sumando diversos actores sociales, como la Asamblea Social y Popular, la Procuraduría de Derechos Humanos, un sin número de organizaciones comunitarias, una que otra del sector privado, y la comisión extraordinaria de recursos hídricos del Congreso de la República, la cual, giro en 180 grados su espíritu inicial, para convertirse al final, en la instancia que sectores interesados, los sectores de siempre, utilizaron para bloquear la referida iniciativa y que utilizaron su amplio poder económico y político que concluyo con la renuncia obligada del Ing. Samuels como Ministro de Ambiente.

Este bloqueo de la iniciativa que pretendía regular el uso del agua no fue para nada casual, y desde su inicio tuvo el concurso de aparatos mediáticos, para deslegitimar esta propuesta, particularmente de la mal recordada sección de “El Peladero”, en donde personalmente fui calumniado de la manera más burda y cobarde, no digamos el Ministro Samuels, quien sufrió un atropello mediático sin razón, más que poner en la agenda política, la problemática del agua en el país.

Merece la pena recordar una de las más valiosas características que tiene Guatemala, pues al ser bañado por tres grandes vertientes, goza de una gran riqueza hídrica, que conforman 38 cuencas hidrográficas y una red de 27,000 km. lineales, con un volumen de escorrentía estimado en más de 93,000 millones de metros cúbicos anuales.

Este, es suficiente caudal para satisfacer todas las necesidades de agua para el consumo humano, para la agricultura, para producir energía y para el desarrollo agroindustrial en Guatemala.  Sin embargo, se estima que menos del diez por ciento de este caudal es aprovechado en todos los sentidos, pues la mayor parte fluye con grandes niveles de contaminación, a los países vecinos.  

En tal sentido, como el uso del agua es arbitrario y anárquico, el país sufre de stress hídrico absurdo e invertido en todos los órdenes, porque agua sobra, pero no existe una adecuada gobernanza, que gestione integralmente este preciado bien natural, ni un pago mínimo por la conservación de las grandes zonas de recarga hídrica, que paradójicamente se encuentran en las áreas de pobreza y pobreza extrema en el país.

De acuerdo con un estudio publicado por el IARNA de la Universidad Rafael Landívar, el uso estimado del agua en Guatemala, más del 80% del agua se utiliza para actividades de agricultura, ganadería e industria manufacturera y al menos un 14% se utiliza en la generación de electricidad.

Dicho estudio concluye, en que el acelerado crecimiento del PIB en Guatemala en años recientes es proporcional al crecimiento de la demanda de consumo de agua de los sectores agropecuario e industrial y quizá lo más complejo, los sectores comerciales, industriales y grandes usuarios del agua, consideran el agua como una materia prima gratuita, y solo cuantifican los gastos de extracción, transporte o envasado.  Habrase visto similar abuso.

Recientemente las autoridades del MARN, han propuesto de nuevo el tema en el radar mediático, sin embargo, a diferencia del esfuerzo descrito en 2016, ahora se hizo desde un hotel 5 estrellas y rodeado de las cámaras empresariales, que representan los intereses de los grandes usuarios del agua en el país, el pronóstico de esta nueva aventura creo que no es difícil de predecir.

Espero equivocarme, en todo caso ojalá que el punto de partida en este nuevo esfuerzo sea lo que se mandata en la Constitución Política de la República de Guatemala, que en su artículo 127 prescribe, “Todas las aguas son bienes de dominio público, inalienables e imprescriptibles.  Su aprovechamiento, uso, y goce se otorgan en la forma establecidas por la ley, de acuerdo con el interés social.  

Éxitos a las autoridades en este nuevo esfuerzo, por nosotros y nuestros hijos, dado que los indicadores más optimistas nos muestran que un cuarto de la población no llega ni siquiera a acceder a agua entubada y que más del 95% de los cuerpos de agua en el país, están contaminados, una realidad compleja, pero realidad al fin. 

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