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La muerte de la utopía socialista

Sueños…

Desde 1967 tengo una relación de pasión y desencanto con las doctrinas socialistas. Muchas ilusiones, muchas utopías y muchos jóvenes de mi generación compartieron conmigo aquellas ilusiones. Hoy se anuncia su muerte definitiva. El sueño de una sociedad mejor, igualitaria, equitativa parece que ya no tiene sustento. Los secuestros, los asesinatos, las traiciones, las dictaduras similares a las combatidas cavaron un agujero gris en el mundo del pensamiento.

Siguiendo la extraordinaria novela El hombre que amaba a los perros, del gran escritor Leonardo Padura, podemos decir que lo que escribimos lo hacemos desde el corazón, y que debe leerse como una mezcla de realidad e imaginación.

En esa novela fantástica se menciona que ya algunos actores vislumbraban, a finales de los años 30, el eminente peligro que corría el proyecto supuestamente revolucionario en que los trabajadores tomaban el poder. Sin embargo, ya en aquella época “había que admitir que el estalinismo había degradado de modo tan irremediable al movimiento comunista que tratar de reformarlo era una misión imposible.”

Tan solo abrir la caja de Pandora, de los “juicios artificiales” que preparó Stalin con su selecto grupo de torturadores, en contra del grupo leninista de bolcheviques, que fueron sacrificados aun siendo el grupo que preparó aquel ensayo revolucionario que culminaría, según ellos en la destrucción del Estado opresor, y que terminó con el sacrificio de tantos camaradas que se enfrentaron a la realidad. Según la novela uno de los sacrificados fue el insigne filósofo Nicolai Bujarin, “que tuvo tanto miedo que prefirió la certeza de la muerte al riesgo de tener que mostrar valor para vivir cada día”.

Se dice que muchos revolucionarios, especialmente intelectuales, luego escribieron importantes novelas y cuentos que describieron el destino fatal del intento de la dictadura del proletariado. De allí que en la actualidad se debate sobre sí el capitalismo tendrá continuidad en otro sistema económico-social, o sí por el contrario es el último sistema posible.  Y, como capitalismos hay muchos, no solo uno, cuál será el mejor o el menos malo. Seguramente, el grupo bolchevique que fue torturado para declararse culpables de traición al ideal estalinista, en aquel momento “tuvo entonces la dimensión exacta de hasta qué punto el país que había ayudado a fundar se había convertido en un territorio dominado por el miedo. Y cuando escuchó las conclusiones de ese juicio, que más parecía una farsa, tuvo la dolorosa certeza de que, con la decisión de fusilar a varios de los hombres que habían trabajado por el triunfo del bolchevismo, Stalin había envenenado el último rescoldo del alma de la revolución y ya solo habría que sentarse a ver llegar su agonía, mañana, dentro de diez, veinte años”.

Se cuenta, que en uno de los congresos de la internacional un delegado de la Gran Bretaña le dijo a Lenin que no compartía el objetivo de dictadura del proletariado, pues lo que el observaba era la dictadura de un grupo de intelectuales que se autonombraban proletariado. Incluso, algunos de los pocos bolcheviques que lograron emigrar tenían “la esperanza de que aún fuese posible salvar la revolución”, el ejercicio de desligar el marxismo de la deformación estalinista es un ejercicio estéril. Como lo demostró la horripilante caída del sistema, que se derrumbó como un castillo de naipes simultáneamente con la caída del muro de Berlín. Pareciera que el destino de cualquier dictadura del proletariado es convertirse en una dictadura como todas, la dictadura de “una minoría burocrática que, por la fuerza, la coacción, el miedo y la supresión de cualquier atisbo de democracia, protegía sus intereses contra el descontento mayoritario dentro del país y contra los brotes revolucionarios de la lucha de clases en el mundo”.

Consciente o no, “Stalin había emprendido la depuración política e intelectual, de manera que todo quedara bajo el control de un Estado devorado por el Partido, de un Partido devorado por el Secretario General.” Al caer el muro, el objetivo de las luchas populares quedó sin rumbo. Construir una alternativa al capitalismo quedó sin justificación. Podemos intuir que “la victoria de Stalin y su régimen se alzarían como el triunfo de la realidad sobre la ilusión filosófica y como un acto inevitable del estancamiento histórico.” La triste conclusión se hace evidente, “muchos, se verían obligados a reconocer que el estalinismo no tenía sus raíces en el atraso de Rusia ni en el hostil ambiente imperialista, como se había dicho, sino en la incapacidad del proletariado para convertirse en clase gobernante”. La URSS no había sido la precursora de un nuevo sistema democrático, de bienestar, paz y tranquilidad. Era un nuevo capitalismo, el capitalismo de Estado, solamente que adornado con otra retórica.

Como diría un personaje de la novela que estamos leyendo, “Ése fue mi penúltimo acto de fe.

Estaba convencido de que, el Partido haría justicia y la lucha recobraría su sentido… Nada, me equivoqué otra vez. Ya todo estaba podrido.”

Pero, no todo está perdido, el hambre, la desnutrición, el desempleo, la pobreza, la discriminación, el analfabetismo siguen atolondrando a todo el mundo. La lucha por la equidad, la justicia, los derechos humanos y la inclusión social sigue en pie. Mientras haya injusticias en el mundo habrá por qué luchar.

En un estudio reciente, el Banco Mundial afirma que “la economía global tiene que cambiar de rumbo”. No a la supresión de la desigualdad, ni mucho menos a la protección del planeta. No de lo que se trata es de que “las principales economías están saliendo prácticamente ilesas del alza más acelerada de las tasas de interés en 40 años, sin las heridas habituales de las crisis financieras o del alto desempleo. Los países rara vez logran dominar tasas de inflación pronunciadas sin desatar una recesión. Sin embargo, hoy es cada vez más factible un “aterrizaje suave”. No sorprende que los mercados financieros transiten un estado de ánimo festivo.”

Así de festivos los intelectuales del capitalismo global celebran que el sistema resista cualquier crisis, cualquier shock. Según el banco, no hay que perder la cautela, el sistema no anda bien. “El último informe Perspectivas económicas mundiales del Banco Mundial indica que la mayoría de las economías –desarrolladas, así como en desarrollo– crecerán mucho más lentamente en 2024 y 2025 que en los diez años previos al COVID-19. Se espera que el crecimiento global se desacelere por tercer año consecutivo, a 2,4 %, antes de repuntar a 2,7 % en 2025.  Y se calcula que la inversión per cápita en 2023 y 2024 promediará solo 3,7 %, apenas la mitad del promedio de los veinte años previos.” O sea, las ganancias de los inversionistas y financieros no están del todo garantizadas.

El capitalismo actual, la dictadura del sistema de control de los bancos y financieras en el mundo, no es superior en términos absolutos que lo que le pasó a la dictadura del proletariado. Más bien los años 20 de este siglo tienen la forma de un monstruo, parecen la era de oportunidades perdidas. El capitalismo y sus diversas formas de existencia parecen ser el mejor sistema en que el humano puede convivir, en medio de tragedias, discriminaciones, guerras de exterminio masivo y corrupción. Sin embargo, aquí se apagan algunas utopías capitalistas. Llega a su fin fracaso la que se “suponía iba a ser una década transformadora para el desarrollo –cuando se eliminara la extrema pobreza, se erradicaran las enfermedades transmisibles y se redujeran prácticamente a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero–.” Qué horror. “Lo que se asoma en el horizonte, en cambio, es un hito poco feliz: el desempeño más débil del crecimiento global de cualquier lustro desde 1990, con ingresos per cápita promedio en un trimestre, en todos los países en desarrollo, que van camino a ser más bajos a fines de 2024 que en el período previo a la pandemia del COVID-19.”

Aunque está abierta la discusión sobre que es mejor, tener como objetivo que las economías crezcan no menos de un 3% anual, destruyendo la naturaleza; o estancar el crecimiento del PIB, para permitir una vida menos holgada pero con la esperanza de prolongar la vida en la Tierra. Los organismos internacionales no tienen estas preocupaciones, para el Banco Mundial, su augurio para los próximos años es que el débil crecimiento económico amenaza a las economías de Centroamérica, “pues les será más difícil generar la inversión necesaria para abordar el cambio climático, mejorar la salud y la educación y lograr otras prioridades clave”. Según el banco mundial, la recesión que se avecina, o que ya está con nosotros “dejaría a las economías con más altos índices de pobreza, atrapadas en cargas de deuda paralizantes. Prolongaría la miseria de casi una de cada tres personas que son víctimas de inseguridad alimentaria. Y representaría un fracaso histórico: una década perdida no solo para unos pocos países, sino para el mundo.”

Provisiones para los países de América Latina y el Caribe
(Crecimiento del PIB real a precios de mercado, en porcentajes, a menos que se indique otra cosa)

País20212022202320242025
Panamá15,810,84,94,65,3
Costa Rica7,84,35,23,93,6
Guatemala8,04,13,43,53,5
Nicaragua10,33,83,13,23,5
Honduras12,54,03,23,23,4
Belice15,212,74,53,53,3
El Salvador11,22,62,82,32,3
Fuente: elaboración CPJ, con base al World Bank, Perspectivas económicas 2024.

No hay lugar para el optimismo. El gran problema es que en los países de la región no existen liderazgos con una visión estratégica clara. La visión menos mala, el liberalismo democrático no ha calado. Seguimos en la guerra fría, comunistas o anticomunistas. No tenemos capacidad de una visión materialista, real. Hacer lo mejor con lo poco que tenemos. Según el Banco, todavía es posible cambiar el rumbo. Su consejo está impregnado de la ideología social-demócrata, los países, sus dirigentes, en la región del istmo debieran concentrarse:

“Primero, deben enfocar sus políticas en generar un auge de inversión muy beneficial –que impulse el crecimiento de la productividad, alzas de los ingresos, una reducción de la pobreza, mayores ganancias y muchas otras cosas positivas–.” Parece broma que el bienestar de los países se logre con mejores ganancias para terratenientes, banqueros y burócratas. Pero, la reducción de la pobreza implica promover una mayor cantidad de empresas, especialmente pequeñas y medianas que incorporen una fuerza laboral más intensiva, con un grado de inversión en educación primaria y secundaria de mejor calidad, así como protección de la salud y el hambre.

“Segundo, deben evitar el tipo de políticas fiscales que muchas veces entorpecen el progreso económico y contribuyen a la inestabilidad.” Esta propuesta es más oscura. Políticas fiscales significan: Ingresos, impuestos mejor distributivos, que pague más el que más tiene. Gastos, que los gastos se realicen en obras y servicios de mejor calidad para toda la población, reducir salarios y pensiones de lujo. Y, la deuda, que solamente se endeuden las instituciones públicas para inversión real, no para pagos de beneficios y privilegios de políticos y empresarios.

La conclusión del banco es clara y deprimente, hace que estalle el mundo: “Hasta el momento, los años 2020 han sido un período de promesas incumplidas. Los gobiernos no han alcanzado los objetivos “sin precedentes” que prometieron cumplir para 2030: “poner fin a la pobreza y al hambre en todas partes; combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos; … y garantizar la protección duradera del planeta y sus recursos naturales”.” Lo único sorprendente es que alguien confiara en las promesas de los gobiernos del tercer mundo. Ni siquiera Costa Rica, Uruguay y Chile, los países más desarrollados de sur América son capaces de tamaña proeza.

La conclusión es compleja. Las naciones centroamericanas necesitan un cambio. Cambio que solamente puede provenir de un pueblo convencido por un proyecto democrático. ¿Será posible que las tareas de los que luchan por una reforma socialdemócrata no hayan cambiado lo más mínimo en 2020 en comparación con 1960? ¿Sera posible que no hayan avanzado un solo paso las opiniones sustentadas? El reto es proponer una estrategia consciente que enamore a la inmensa mayoría.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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