
La SAT, el Superintendente y su denuncia tardía
Barataria
De manera conveniente, muy tarde acaso y con gran pompa resultó una grave denuncia pronunciada por el Superintendente de Administración Tributaria, Marco Livio Díaz, sobre el caso que él mismo denominó B410 y que supone un entramado de empresas, contratistas del Estado que se beneficiaron con millones de quetzales de contratos otorgado literalmente a dedo y que, encima de ello, fueron tan corruptos y tan sinvergüenzas que ni siquiera pagaron los impuestos por todas las “ganancias” obtenidas merced a las bondades del Estado y de sus funcionarios.
El señor Superintendente, haciendo gala de un cinismo exacerbado recurrió a explicar muchas cosas sobre estas empresas que son sociedades anónimas, que la mayoría de ellas tiene al mismo representante legal en más de cuarenta de ellas y que además tienen problemas de ubicación porque algunas de estas empresas tienen una sede social en “zonas rojas” y por otro lado algunas tienen sedes sociales inexistente. El solo hecho de que un representante legal sirva para más de cuarenta empresas resulta y que la mayoría de ellas tengan la misma sede social y que además no haya liquidado impuestos en mucho tiempo resulta paradógico.
La SAT es el ente recaudador en Guatemala, que bajo la dirección del señor Díaz a ejercido una inusitada persecución tributaria pero en contra de los pequeños y medianos empresarios. El Superintendente de Administración Tributaria en su desesperación por recaudar fondos ha llegado a hacer planteamientos verdaderamente estúpidos, como por ejemplo decir que “no se debería vender gasolina a los propietarios de vehículos que no hayan pagado impuestos sobre circulación de vehículos”. También en su medida de recaudar desesperada llegó al colmo de que se le prohibió a los que tienen “omisos” es decir declaraciones de impuestos no presentadas para emitir facturas es decir que los pequeños comerciantes, pequeñas empresas y medianas empresas si tienen que estar al día en sus declaraciones tributarias porque de lo contrario NO PUEDEN CONTINUAR TRABAJANDO Y COBRANDO Y POR LO TANTO QUE SE MUERAN DEL HAMBRE Y QUIEBREN.
Pero el superintendente de administración tribucaria (así en minúsculas porque lo merece), si es complaciente con los poderosos corruptos y con su exjefe el anterior Presidente el señor Giammattei, porque claro, resulta fácil ahora que hay otro gobierno salir a exponer el descubrimiento que tiene, cuando en realidad debió de salir a dimitir, a renunciar porque por su ineptitud es que estas empresas no solo lucraron con la corrupción en el Estado, se enriquecieron con contratos a dedo millonarios sino que además de ello no pagaron los impuestos que debían al Estado.
El señor Marco Livio Díaz debería renunciar, es un inepto y por su falta DE capacidad para conducir la SAT es que ahora resulta que empresas lucraron durante mas de tres años con la corrupción y evadieron impuestos año tras año y ahora nos preguntamos ¿Por qué no se les bloqueó la facturación? ¿Estas empresas no debían actualizar el RTU cada año? ¿Qué de los representantes legales de las Sociedades, si siempre hay alerta para ratificar datos como este? En fin, muchas preguntas y pocas o ninguna respuesta.
A mi parecer, las conferencias de prensa sobre este caso por parte del Superintendente son algo así como: “Yo acuso ahora para que mi negligencia y compadrazgo con el señor Giammattei no salga a flote” Y bajo esa premisa, tenemos un superintendente que ha desatado una inusitada persecución tributaria pero solo para la clase media (si es que así se le puede llamar) pero que son aquellos pequeños comerciantes, medianos comerciantes que apenas si facturan muy poco y también quiere perseguir a la economía informal (termino despectivo para aquellos comerciantes irregulares), pero para los corruptos empresarios que han recibido sendos dineros del Estado para sus aviesos intereses, para aquellos que construyen sociedades de cartón para “ganar” licitaciones y que sobrevaloran las obras, para ellos no importan si tienen un entramado, no importan si un solo representante para 20, 30 o 40 sociedades o que sean sociedades que cobran millones pero tienen una sede social en una zona roja o bien inexistente. Para estos corruptos el Superintendente es blando, liviano y deja que cobren, que pasen los años y luego, cuando ya salió aquel a quien le debe multiples favores quiere aparentar ser el paladin contra la corrupción denunciando un entramado en el cual él mismo tiene una grave responsabilidad porque todas estas empresas cuyos nombres oculta maliciosamente actuaron impunemente sin que la SAT bajo cuya dirección esta hiciera al menos algo para detectar el robo millonario y la millonaria evasión.
El traje de anticorrupción le queda muy grande al señor Marco Livio Díaz, porque él mismo no solo es parte de esa corrupción de la SAT en donde los corruptos actúan impunemente no pagando los tributos de su propia corrupción (que paradójico ¿verdad?) sino que además se dan el lujo de continuar facturando, cotizando y consiguiendo contratos del Estado sin siquiera actualizar información, ratificar información tributaria.
Así tenemos a un publicano en el cargo, que exige que todos los que no paguen impuesto de circulación de vehículo que sería una legitima resistencia ante el desastre de carreteras que existen, no se les venda gasolina (Bien se ve que es un idiota de primera), que se le ocurre cada barbaridad como el de bloquear a quienes tienen omisos para no seguir facturando hasta que se pongan al día (Otra brillante idea del cerebrito que está al frente de la SAT) pero que es incapaz de que mas de 40 empresas fueran contratistas del Estado con millonarios contratos y que hasta ahora, casi tres años después aparece el entramado cuando ya no esta el gobernante que los promovió y el rastro del dinero no se da. Lo peor de esto es que ´Por lo menos 10 de estas empresas continuaron facturándole al Estado este año 2024, de acuerdo con los datos de Guatecompras que registra al menos 38 adjudicaciones por Q72 millones. Sus principales compradores han sido, la comuna de Guatemala, el Ministerio de Salud y la Municipalidad de Siquinalá, Escuintla. ¿Entonces es o no responsable el Superintendente Marco Livio Díaz de todo esto? Claro que sí es tan responsable como las empresas a las que no investigó. Pero no vaya a ser el ciudadano de a pie, porque a ellos sí hay que perseguirlos, citarlos y cobrarles. Más le valiera a este señor renunciar, porque es tan corrupto como los que saquearon al Estado.

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Este articulo pone de manifiesto lo que todos los ciudadanos honrados sabemos, acerca el repudio que sentimos de este Terrorista de Impuestos MARCO LIBIO DIAZ, dañando principalmente a los comerciantes informales que apenas ganan para sostener a sus familias, esperamos que pronto sea relevado por una persona más humana, aunque sabemos que su crueldad obedece a permanecer más tiempo en se jugoso puesto, más daño le hace al gobierno que lo tributado.