MEDICINA: ELECCIONES USAC
Antropos
Ni el amor, ni el honor, ni la riqueza, ni el poder pueden dar al corazón una hora de alegría cuando se ha perdido la salud.
HENÓFILO MEDICO DE ALEJANDRIA CLASICA.
El médico es el asistente de la naturaleza.
Galeno de Pérgamo, médico de la Grecia antigua.
Desde hace algún tiempo he sostenido amenas conversaciones con el doctor Alberto García, candidato a decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos acerca del devenir histórico y retos a futuro de este centro de estudios. Hemos colocado nuestra mirada en el origen de la universidad creada en la época colonial. La cual se asentó con tres grandes facultades, Ciencias Jurídicas, Ciencias Médicas y Teología, responsable de reproducir el pensamiento escolástico.
Conforme pasaron los años, se dieron avances educativos en cada una de estas disciplinas, situando a la universidad en uno de los centros importantes del saber en la región de América Central y el sur de México. Brillaron grandes figuras en derecho, filosofía, teología y medicina, y de manera particular destacamos, personalidades en las ciencias médicas quienes asumieron una de las máximas de Hipócrates, padre de la medicina, que “es mejor prevenir que curar” como José Felipe Flores, Narciso Esparragoza y Gallardo, Rodolfo Robles, Carlos Alvarado Dumas, María Isabel Escobar, Federico Castro, Ernesto Cofiño y ya a mitad del siglo veinte, me decía con orgullo el doctor Alberto García, la presencia del patólogo e historiador de la medicina en Guatemala, Carlos Martínez Durán, rector magnifico de la USAC. Personaje que estudio la historia de las ideas, e hizo suya, las enseñanzas de Galeno de Pérgamo, que dijo “El mejor médico también es un filósofo”. Debo agregar nombres egregios como la del doctor Aldo Castañeda, docente prestigioso de la Universidad de Harvard, el cual no lo podemos dejar de mencionar, porque a pesar de esos avatares administrativos que hasta la fecha no logro entender, Aldo no se pudo incorporar a la universidad. Están otros galenos prestigiosos como Raúl Cruz Molina, Rodolfo Herrera Llerandi, Ernesto Mena, Francisco Arredondo, Raldall Lou, Carlos Lizama Rubio, Rafael Espada, figuras que han hecho, desde el exterior de la USAC, sus aportes claves a las ciencias médicas del país.
Ahora a fines del primer cuarto de siglo veintiuno, la Facultad de Ciencias Médicas está inmersa en otro contexto con la presencia de nuevas enfermedades, tecnologías, medicamentos, sistema de salud colapsado y la tragedia del COVID. La irrupción de la innovación tecnológica facilita el trabajo de los médicos. La presencia de cientos de fármacos, que se deben suministrar con entereza ética y competencia profesional. Porque habrá que recordar que alrededor de estos medicamentos se esconde el negocio de los grandes comerciantes de la salud humana, dueños de las casas farmacéuticas que saturan con publicidad y promociones de productos, el mercado de las medicinas con el agravante que en países como Guatemala hay negociantes alrededor de funcionarios y políticos con la idea de monopolizar el precio de los medicamentos que ellos dictaminan y otros que son consumidos por el sistema de salud, siempre bajo las mismas reglas de acuerdo al precio de venta que se les antoje para ganar más dinero a costa de los enfermos. Piensan y actúan en la búsqueda de ganancias pecuniarias. Deberíamos recordar lo que dijo Hipócrates acerca del médico que “el actuar siempre es en beneficio del enfermo y abstenerse de causarle daño o perjuicio”.
Todo esto hace imperativo que este centro de estudios coloque la formación de valores éticos y conductas morales de los nuevos médicos, para que atiendan con inteligencia, sensibilidad y conciencia social la comprensión del bienestar de la salud humana. Y esto es uno de los retos de las autoridades que sean electas en el próximo proceso electoral. Importante es señalar en este punto, como señaló el filósofo George Santayana, “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Y en efecto, ahora más que nunca en el que nuestro país está atravesado como aguja que punza el alma, por una de sus peores crisis del sistema de salud, es el momento crucial que la facultad de ciencias médicas de la Universidad de San Carlos, debe de hacer su aporte como una especie de “conciencia crítica”. Señalar lo maltrecho y ofrecer aportes de solución.
A su vez, se debe tomar en cuenta que hoy existen otras universidades que han creado sus propias facultades de medicina, así como los centros universitarios inauguran sus propias iniciativas en los ámbitos de la salud. O sea, se ha diversificado y el monopolio de la formación de médicos no es sólo de la USAC.
Alrededor de todo este nuevo fenómeno, surgen nuevas alianzas internacionales y se hace necesario la acreditación académica, como un nuevo resorte que valide la calidad de los aprendizajes médicos.
La competencia cabalga por los pasillos y la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos, deberá hacer acopio de la originalidad, creatividad, inteligencia y competencias a través de sus propuestas académicas, para que sea esto lo que le genere prestigio y presencia adecuada en la vida nacional.
Evidentemente, debemos de tomar en cuenta la necesidad del fortalecimiento y desarrollo de los Estudios de Posgrado para que se conviertan estos, en una de las banderas del prestigio académico necesario para la nación orientado centralmente a formar los mejores profesionales con las competencias propias de las ciencias médicas y con los fundamentos esenciales de los valores universales de la humanidad. En ese sentido caben las ideas que nos legó Hipócrates, en el sentido de lo que le intereso a este sabio fue estudiar, estos saberes sin prejuicios religiosos, sino como una ciencia que previene, predice, diagnostica y trata las enfermedades causadas por factores ambientales y hereditarias. Porque servir en esta línea de ideas, es dar con el corazón en la mano y con vocación como eje central de la vida que anhelan los médicos de verdad.
Destacamos a su vez en el devenir de esta unidad académica, la integración de la investigación con la docencia, como bien lo dijo el gran maestro José Mata Gavidia, docencia en forma de investigación. Si en esta unidad se mantiene esta práctica académica, la calidad está garantizada, pero si se resquebraja, la calidad se transformará en mediocridad.
No deben olvidar además las autoridades de esta prestigiosa unidad académica de la Universidad de San Carlos, que la innovación tecnológica es uno de los pilares centrales de su quehacer. El cultivo de la inteligencia y creatividad de los estudiantes es uno de los baluartes a destacar y como si de verdad hiciéramos las cosas en serio, no se debe de perder de vista la formación básica en disciplinas sustantivas las matemáticas, ciencias naturales. Así como promover la lectura para generar un pensamiento crítico de los estudiantes y sobre todo de los docentes. De todo esto hemos conversado con el Doctor Alberto García, pensando que él pueda convertirse en parte del equipo que lidere cambios de fondo en los aprendizajes de las ciencias médicas.
Finalmente agrego como una especie de conclusión que para Hipócrates el arte médico era hasta entonces la única parte de la ciencia de la naturaleza basada en la experiencia real y en la observación exacta del ser humano. De tal forma, fue él quien incorporó la ciencia médica al sistema de cultura griega de la antigüedad ya avanzada. Lo cual deberíamos de emular con creatividad en Guatemala, empezando por la Facultad de Ciencias Médicas.



