
¡Nunca Olvidemos a Nuestros Héroes! (Sexta Parte)
La Otra Cara
La masacre de Salacuím (Continuación)
El EGP rondaba las cercanías de nuestra aldea, todos temían ir a trabajar, el que lo hacía arriesgaba la vida. Varias familias tuvieron experiencias tristes en relación con esto. Eran de las familias de comunidades vecinas que habían llegado a nuestra aldea a refugiarse, y que por necesidad iban en busca de sus posesiones. Un primer caso fue el de don Alberto y Mariano Pop. Fueron a ver su ganado a la comunidad Bempeck y sorprendidos por una célula guerrillera, don Alberto fue ametrallado y don Mariano logró huir.
En otro caso don Enrique Pop, acompañado de tres personas y de su hijo Roberto Pop de diez años fue a ver sus cultivos a la comunidad Sacruz, que dista a unos 6 kilómetros de Salacuím. Los guerrilleros salieron al paso, don Enrique y compañeros escaparon, pero “el niño fue atrapado por los terroristas y nunca más se supo de él”.
Un caso más fue el don Guillermo Macz, cuando se dirigía hacia su trabajo un guerrillero apostado junto al camino le disparó, afortunadamente la bala solo perforó la gorra que llevaba puesta sin causarle daño. El final del año 1981 fue para nosotros de pesadilla, sabíamos que los terroristas no intentarían convencernos de nuevo, “conocíamos de sobra las atrocidades cometidas por ellos en la región sur de nuestro territorio contra la gente que no se unió a ellos”, así que el peligro era latente.
A petición de los dirigentes de nuestra aldea el Ejército ofreció llegar frecuentemente para protegernos. Cada vez que los militares venían nos sentíamos seguros y en paz, pero cuando se iban “vivíamos afligidos y temerosos, porque aún no existía la autodefensa civil”, ésta fue organizada después de la masacre que sufrimos. Mientras nuestra vida continuaba, los terroristas planificaban nuestra destrucción y aprovecharon cuando nadie nos protegía, nos atacaron. Eran las seis de la mañana del 10 de mayo de 1982 cuando empezó nuestro calvario. Un contingente del EGP avanzó sigilosamente por la parte sur de nuestra aldea e inició su ataque, así como quien cobra una cuenta pendiente. Las primeras personas en caer ametralladas fueron sorprendidas en los pozos mientras buscaban agua y también los que iban en camino a su trabajo.
Las primeras detonaciones alarmaron a todo mundo, en el instante entendimos de qué se trababa. Empezó el caos y la confusión, la gente corría, cargaban a sus niños, se escucharon gritos de auxilio y las ráfagas de ametralladora intensificaban su fragor. Yo vi a muchas personas ensangrentadas que no sabían a donde ir, unos estaban heridos de las piernas y se arrastraban para ponerse a salvo, era espantoso escuchar a la gente gritar de pánico y el estruendo de las armas era incesante.
Las casas empezaron a arder en llamas. Los malditos terroristas traían planes de destrucción total. Los muertos quedaban tirados por todos lados. En la confusión, me separé de mi familia y me refugié en una casa junto al campo de fútbol y desde ahí pude ver, por una rendija, cómo muchas personas cayeron al suelo alcanzadas por la lluvia de balas. También pude ver a un anciano, don Pancho Medina, apoyado a su bastón caminar lentamente por el campo de fútbol y milagrosamente salvó la vida.
A otro que vi herido fue a Carlos Tista, él fue alcanzado por una bala más o menos a la altura de la clavícula, estaba asustado, sangraba, y mientras caminaba para ponerse a salvo se tocaba la herida. Lo último que aguanté ver por esa rendija fue el avance de los terroristas, vi a un tipo con un fusil cuya tolva era curva y en ella otra tolva adherida con una especie de cinta blanca, se apoyaba con la culata del fusil, se arrastraba sobre su pecho y disparaba.
El campo de fútbol quedó lleno de perforaciones, el impacto de balas de grueso calibre abrió agujeros e hizo que porciones de grama se levantaran. Balas que eran disparadas contra las personas que huían de los guerrilleros. Los que pudimos sobrevivir fuimos a refugiarnos a la aldea Saholom, que está a unos 8 kilómetros en dirección norte, cada uno encontró una forma de salir, unos fueron por el camino, otros por el monte, rumbeando.
La zona militar de Playa Grande está a unos 25 ó 30 kilómetros de Salacuím, el aviso de lo ocurrido llegó dos horas después, la única vía de acceso era en lancha por el río Negro o Chixoy. De las muertes más dramáticas de ese día está la de “mi hermano Heriberto, la de don Jerónimo Chac y la de la señora Reyes González”, mi hermano y don Jerónimo fueron de los primeros heridos que hubo, ambos fueron llevados al puesto de salud, pensando que allí estarían a salvo, pero cuando los guerrilleros avanzaron también quemaron el puesto de salud y murieron calcinados.
Doña Reyes González corrió igual suerte, ella fue alcanzada por una bala cuando amamantaba a su bebé, sólo aguantó sentarse y mientras se desangraba entregó su bebé a las personas que pasaban, el bebé se salvó. Su casa fue incendiada y ella también murió calcinada. Triste final para una mujer cuyo último y heroico acto fue procurar la vida de su bebé y morir precisamente en el día que las madres son homenajeadas.
“El balance trágico fue de 22 personas masacradas, muchos heridos y más de un centenar de casas quemadas”. Perdí dos hermanos: José Rafael Ruiz y Heriberto Prado. Dos cuñados: Agustín Tista y Cándido Medina, y tres primos: Víctor Prado, Juan Ventura Prado y el niño Belmont Prado. Otras personas que fueron masacradas son: Daniel González, Roberto Poou, Abelardo Caal, Jerónimo Chac, Reyes González, Alberto Yat, Yolanda Catún, Victoriano Macz, Mariano Pop, Gregorio Quib, Jorge Caal, Arnoldo Choc Medina, Petronilo Quej, Agustín Cajbón, y Olga Chub.
A las 5 de la tarde de ese día volvimos a la aldea, era irreconocible, el ambiente era espantoso. A esa hora los cuerpos de todos los fallecidos habían sido encontrados y colocados bajo una gran ceiba en el centro de la aldea. Me acerqué a la escena y allí pude ver a mi hermano Heriberto, quemado, era sólo un trozo de carne de unos 50 centímetros, me derrumbé emocionalmente, porque, más que hermano era mi amigo, mi líder y mi apoyo. Mi papá había muerto unos años antes y éste mi hermano se identificaba mucho con nosotros los menores de la familia.
A medida que caía la tarde, la gente iba regresando a la aldea y enterándose de la suerte de sus seres queridos, el ambiente se convertía rápidamente indescriptible, las escenas de dolor aumentaban minuto a minuto, el llanto de muchas mujeres y sus niños era audible a la distancia, perdieron todas sus pertenencias, sus casas habían sido quemadas y sus maridos muertos, la situación para ellas se tornó tremendamente difícil, especialmente para las que habían quedado al frente de numerosos hijos.
Los destrozos causados por los terroristas dejaron a la mayoría sin casa, sin ropa, sin comida y sin seres queridos. Esa noche no hubo velorio, no había dónde y no había nada para realizarlo. En vez de eso lo que procedió fue improvisar tres fosas y en ellas fueron depositados los cuerpos de las 22 personas masacradas. El sentimiento que embargaba a todos era inenarrable. ¿Quién podía consolar a quién? ¿A quién contarle nuestras penas? ¿Cómo entender y aceptar que personas dignas, trabajadoras y sobre todo inocentes tuvieran semejante final? La noche del 10 de mayo de 1982, fue sin duda “NUESTRA NOCHE TRISTE”.
Reflexión sobre lo sucedido
Si el ejército guerrillero de los pobres (EGP) se organizó con el supuesto fin de defender a los pobres, ¿cómo se puede entender entonces que haya asesinado a tantos campesinos y personas pobres e inocentes durante tanto tiempo? Y ¿cuál fue la causa por la que vinieron a masacrar nuestra aldea, si en ella sólo vivía gente pobre, inocente e indefensa? Se sabe que los comandantes y altos dirigentes de esa organización subversiva vivían en México y en algunos otros países, rodeados de lujos y comodidad. O sea ellos vivían bien, lo cual indica que los pobres sólo eran utilizados como simples instrumentos para que estos señores saciaran su ambición al poder, al dinero y al lujo.
Y en oprobio a nuestro dolor “hasta les dieron un premio en Oslo, Noruega por toda esa farsa que ellos vendían”. Aunque la guerra entre los guerrilleros y el Ejército de Guatemala ya terminó y hasta se firmó la paz, “es oportuno señalar que la perversa estrategia de manipular y usar a los pobres con fines de lucro y de poder se sigue practicando”. Por eso debemos recordar siempre que “EL QUE OLVIDA SU HISTORIA ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA”
Conclusión
Este documento tendrá la importancia que se le quiera dar…
Esto es lo que desde mi vivencia y perspectiva puedo decir en relación con la masacre de la que fuimos víctimas por parte del E.G.P. Es sólo una forma de revivir los traumas que en mi niñez y adolescencia me tocó vivir… Pude haberme quedado callado, pude haberme esforzado y mantenido una lucha interior por ignorarlo todo, incluso pude haberme ido lejos, tan lejos, para olvidar, pero no sería YO… ¡VIVA LA TIERRA DONDE NACÍ!
Evelio Prado y familia
Continuará…
Fuente Compendio Histórico “Las Batallas por Guatemala”

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