OpiniónColumnas

Reflexiones en el Día Internacional de Eliminación de la Violencia Contra la Mujer

Poptun

Cada 25 de noviembre, se nos invita a reflexionar sobre las múltiples formas de violencia que enfrentan las mujeres: física, psicológica, económica, sexual, simbólica y mediática. En esta ocasión, quisiera abordar cómo estas últimas dos se entrelazan, utilizando como ejemplo el caso de Ángela Aguilar, que evidencia las dinámicas de misoginia y desigualdad que persisten en nuestra sociedad, especialmente hacia las mujeres jóvenes.

Ángela Aguilar, reconocida cantante mexicana-estadounidense, ha sido objeto de intensas críticas mediáticas debido a su relación con Cristian Nodal, iniciada poco después de la separación de este último de la cantante argentina Cazzu, con quien tuvo una hija. Desde entonces, Ángela ha sido etiquetada como “quita maridos” y culpada de “romper un hogar”. Este tipo de señalamientos son un claro ejemplo de violencia simbólica, pues refuerzan estereotipos que responsabilizan de manera desproporcionada a las mujeres por las decisiones en una relación, mientras los hombres quedan al margen del juicio social.

Este doble estándar no es nuevo. A lo largo de la historia, las mujeres han sido juzgadas con mayor dureza en situaciones similares, obligadas a justificar sus decisiones y comportamientos bajo una lupa pública, mientras que los hombres suelen ser excusados con facilidad. Este contraste es evidente en el caso de Ángela y Nodal: mientras ella ha cargado con el peso de las críticas, él ha quedado prácticamente al margen, perpetuando la idea de que las mujeres deben responder siempre por las acciones de los hombres.

Además, estas críticas ignoran su juventud. Con apenas 21 años, Ángela se encuentra en una etapa de aprendizaje y construcción personal, pero la sociedad le exige un nivel de madurez y responsabilidad desproporcionado, algo que rara vez se espera de los hombres en circunstancias comparables. Este tipo de narrativas no solo son injustas, sino que perpetúan patrones de desigualdad profundamente arraigados.

El caso de Ángela no se queda en lo simbólico; también es un ejemplo claro de violencia mediática, donde los medios tradicionales y las redes sociales han amplificado los ataques hacia ella. Durante su participación en los Kid’s Choice Awards, Ángela fue abucheada públicamente, y las redes sociales se llenaron de comentarios crueles y desproporcionados que trascendieron la crítica legítima para convertirse en ataques personales.

La violencia mediática se manifiesta cuando se utilizan los medios de comunicación y las plataformas digitales para perpetuar agresiones, humillaciones y estigmatizaciones hacia una persona. Aunque este tipo de violencia no deja cicatrices físicas, tiene un impacto profundo en la salud mental de las víctimas. ¿Nos hemos detenido a pensar en el efecto emocional que puede tener sobre una persona tan joven enfrentarse a miles de comentarios negativos, burlas y deshumanización?

Este linchamiento público también envía un mensaje peligroso a otras mujeres jóvenes: que, sin importar sus logros o circunstancias, serán juzgadas más severamente que los hombres y serán objeto de escrutinio constante.

El caso de Ángela Aguilar es un recordatorio de que la violencia simbólica y la violencia mediáticaestán profundamente conectadas. La primera establece los estereotipos y narrativas que justifican los ataques; la segunda los amplifica a través de plataformas públicas, normalizando el linchamiento hacia las mujeres.

En lugar de perpetuar estas dinámicas, debemos cuestionar nuestras actitudes y ser más conscientes del impacto de nuestras palabras y acciones. Las relaciones personales son complejas, y emitir juicios sin conocimiento pleno de los hechos no solo es injusto, sino también dañino.

Erradicar ambas formas de violencia es esencial para construir una sociedad más equitativa, donde las mujeres puedan vivir libres de prejuicios y ataques públicos. En este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, reflexionemos sobre nuestro papel en este cambio y comprometámonos a promover el respeto y la empatía en todos los ámbitos de nuestra vida.

Area de Opinión
Libre emisión del pensamiento.

Le invitamos a leer más de la autora:

Mireya Batún Betancourt

Abogada, Notaria y Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales, postgrado en Criminología, especialista en ejecución penal con estudios en Doctorados de Ciencias Penales y Derecho Constitucional Internacional.

Avatar de Mireya Batún Betancourt