
Revelando luz en este tiempo de sombras
Desde La Ventana De Mi Alma
Muchas personas creemos que quienes comparten nuestro entorno cercano también comparten los mismos sueños que nosotros. Sin embargo la realidad es que no es así, puesto que cada persona tiene su propio sueño basado en la visión que tiene del mundo y de su propia existencia.
Por ello es tan complicado conectar de manera más profunda con las personas a nuestro alrededor y vivimos en esa lucha constante buscando adaptarnos callando nuestro verdadero sentir y en determinado momento sintiendo la molestia interior de no ser fiel a nosotros mismos, escuchando ese insistente llamado interno de hacer algo al respecto, entre silenciar ese anhelo o escuchar la voz del corazón y establecer una visión hacia otro lugar donde gestar un espacio para traer más amor y revelar luz al mundo.
Suena a utopía querer ser como Dios el único con el poder de cambiar el caos en armonía y donde es el amor el soporte más importante, sin embargo cada ser humano consciente tiene ese impulso recóndito que está ahí siempre, como una semilla. Un espacio interno que no tiene forma, y no ocupa ningún espacio en ningún tiempo. Es una certeza difícil de conceptualizar, pero es lo más real que anida en el corazón, ese es el mismo espacio interior que nos llama a buscar esa guía suprema para nuestra alma, es esa voz interna que nos recuerda que todos nosotros tenemos una misión para cumplir, un camino que transitar hacia la conciencia de unidad. Y esa voz es el propósito del alma en esta experiencia de vida.
¿Qué aprendemos en el relato de la historia de Moisés y la salida del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto.? Algo inexplicable nos conecta profundamente con ese pasaje. Sin entenderlo desde la lógica, adentrarnos en esa historia resuena con la necesidad de liberación. Este es el aspecto interno que quiere salvarse y salvar, y que todos lo llevamos dentro, esa necesidad intrínseca que anida en cada uno de nosotros. Es esa la voz interna que llama en nuestras profundidades pidiendo sea rescatada de la esclavitud del Ego que nos impide revelar la luz que habita dentro de cada uno de nosotros y quiere ayudar a otros a hacerlo. Y esto solo podremos lograrlo desde el amor, el cual nos conducirá a la libertad de ser quienes somos en verdad, manifestando nuestra esencia en esta maravillosa existencia.
Hacer introspección y reconectar con lo que hemos aprendido acerca de Dios, yo creo que es como despertar de un largo sueño y tener la sensación de que lo que tanto se buscaba simplemente está ahí. Sentir la sensación de haber vuelto a casa, porque en si todo nuestro ser hasta la más diminuta célula tiene memoria, converge la esencia de las cualidades del alma, o manifestaciones del Infinito dentro del mundo creado. Las cualidades de equilibrio, armonía y belleza, y es el espíritu quien nos convoca en el ahora a seguir un propósito que nos compromete a sostener un profundo trabajo de autoconocimiento, y descubrir que todos somos luz y sombra. Y vernos como en un espejo detrás de la sombra y mirarnos en él para luego transformar ese momento en una maravillosa oportunidad de aprendizaje para descubrir la luz que esta escondida detrás.
El tiempo presente nos convoca a que todos busquemos el camino hacia la conciencia de unidad, a reconocer que somos una hermandad y mostrarnos como somos desde nuestra integridad y fragilidad.
Este tiempo nos convoca inexorablemente a ser conscientes de que estamos en la misma barca navegando como podemos en las aguas por momento calmas y por momentos muy tormentosas que la vida nos hace atravesar, de alguna forma nos conecta el sufrimiento que hoy nos aflige, por lo que tenemos que sanar como colectivo para iluminar, intentando vivir desde un lugar de horizontalidad donde estás sosteniéndome, y donde estoy sosteniéndote.
En este tiempo los seres humanos nos sentimos muy solos, aislados, excluidos, escondidos, porque por dentro estamos así de divididos. Estamos exiliados dentro de nosotros mismos, estamos huyendo de la realidad más impactante para nuestra alma, estamos cubriéndonos los ojos para no ver el sufrimiento del otro, cuando muy en el fondo sabemos cuánto nos duele y nos hace sentir impotentes porque tenemos que callar ante la soberbia, la injusticia, la falta de empatía y por sobre todo la falta de amor y cuidado por el otro.

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