
Señor Presidente, Señora Fiscal General
Vocación de Libertad
Cuán difícil luce gestionar funciones de gobierno que ciertamente afectan seriamente los intereses de los gobernados y peor aún, cuando se argumenta que se hace en función de buscar el bienestar de estos, mismos que al final son los mandantes de su gestión. Es decir y si lo quieren ver así, son los patrones y no los súbditos, como lucen ahora percibirse de parte de ustedes al faltarle al respeto de la manera grosera y torpe como lo hacen.
Es correcto Señor Presidente, usted, si acaso fue electo; debe comprender que lo fue por una minoría de la mayoría y no por el pueblo de Guatemala como osa afirmarlo y además nominado por un partido político que por causas muy claras, concretas y demostradas, no debió haber salido a la luz pública y menos haber participado en el proceso electoral. Esta persecución penal es sin duda, una tarea legitima de quien este a cargo de la Fiscalía General.
En todo caso, respetable Presidente, si vamos a la razón del porque esta minoría de la mayoría voto por usted y que usted define como el llamado a terminar con la corrupción, bien podríamos empezar por entender que la solución al problema de corrupción puede ser que deba empezar por su propio yo. Así es mi respetable señor, examínese usted y examine sus actos, hoy solamente respaldados por un concierto de miembros también corruptos de la comunidad internacional.
Es evidente, no solo para un servidor, sino para una buena parte de personas pensantes en este bello país, que sus intervenciones tienen un alto contenido de ignorancia seria y profunda de la ley y además, un “egotrip” que desemboca en narcisismo, mismo que interpretado a la luz de lo que debería ser un comportamiento equilibrado y sano en una persona de su envestidura, podría definirse como corrupción de personalidad y ello, Presidente, representa una seria amenaza para el nivel de decisiones que desde el 14 de enero debieron haberse iniciado a tomar, pero que aún hoy, duermen el sueño de los justos, ante su enfermiza prioridad: terminar con la Fiscal General.
Yo le pregunto estimado Señor, ¿será que los millones de niños y niñas que asisten al semidestruido sistema educativo – tanto por escuelas en mal estado como por un maltrecho, inadecuado y caduco sistema pedagógico, tan alejado del paradigma del aprendizaje – tendrán la posibilidad de aprender más y mejor cuando la Fiscal salga? o ¿será que la absurda e inexplicable e intolerable situación de las instalaciones hospitalarias para atender a los guatemaltecos estará mejor y el surtido de medicamentos necesarios estarán disponibles?
Se podría esperar, Presidente, ¿que al irse la Fiscal General, las maras dejaran de extorsionar y los asaltos a mano armada en las calles de la ciudad dejaran de existir?
Es posible pensar en que se justifique el esfuerzo, tiempo y talento que usted ha venido dedicando a esta lucha estéril y quizá incluso en la frontera de lo ilegal, porque los beneficios para la población van a ser espectaculares.
A usted respetable Señora Fiscal General, también se hace necesario pedirle cordura y sensatez para no faltar al respeto a la institución de la Presidencia de la República, puesto que nada ni nadie se debe y puede permitir el lujo de hacerlo porque lo hace, falta al respeto a una institución en la cual los guatemaltecos deberíamos volver a creer en aras de construir una verdadera y vivible una Democracia Republicana y Constitucional que se fundamente en eso, en instituciones respaldadas por la ley y no en hombres, al final todos tristemente sujetos a corrupción.
Finalmente, ambos, si los dos, Presidente de la Republica y Fiscal General son servidores públicos ante un pueblo mandante que si algo debemos aprender es precisamente a hacer valer nuestro voto, exigiendo respeto y servicio porque para ello han sido, uno electo – en el caso que de verdad lo sea – y otro nombrado que debe mantener su actuación en el marco de la ley.
Para cerrar, acudo a un viejo y sabio proverbio bíblico que dice: “La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor”. Y me atrevo a recordar las palabras de San Agustín de Hipona: “Sin la justicia, ¿qué serían en realidad los reinos sino bandas de ladrones?, ¿y qué son las bandas de ladrones si no pequeños reinos?

Le invitamos a leer más del autor:



