
Una nueva crisis sacude al mundo: ¿sobrevivirá la democracia?
Sueños…
El lunes 5 de agosto marca el inicio de una nueva crisis del capitalismo internacional. No es la muerte del capitalismo tan anunciada en sus centenares de crisis anteriores. Es simplemente una mudanza nueva del monstruo. El capitalismo siempre sale de sus crisis fortalecido. Ya sea porque se conserve igual de como venía funcionando y solamente deje quebrar algunos sectores obsoletos, o porque cambie de ejes hegemónicos y traslade los centros de poder de un continente a otro.
El capitalismo nunca morirá. Solamente las crisis le sirven para mostrar que sectores o países productivos ya son obsoletos o innecesarios y los elimina. O ya sea para buscar nuevos rumbos tecnológicos y productivos. El capitalismo morirá junto con toda la sociedad humana en la Tierra o cuando elimine la vida en el planeta.
Con angustia los medios especializados en el comercio y las finanzas internacionales anuncian que el primer lunes de agosto del 2024 amaneció con una jornada negra en la bolsa japonesa, el primer campanazo diario que anuncia una jornada de apropiación de capitales o pérdidas de dinero. Este aciago lunes la bolsa japonesa marco una caída del -13,5% Lo que causa temores en todo el mundo es que es la peor caída desde 1987, la peor en los últimos 37 años. Y lo que siempre se espera, el efecto dominó, en el resto de los mercados del mundo.
Los medios especializados veían con terror como en Estados Unidos, el S&P 500 se encaminaba hacia su mayor caída desde septiembre de 2022. Los accionistas se espantan con el 95% de sus acciones afectadas. Lo peor, es que las pérdidas son más pronunciadas en el sector de alta tecnología. Las llamadas las “Siete Magníficas” megacapitalizaciones como Nvidia Corp. y Apple Inc. Estaban cayendo casi un 10%

El capitalismo es tan lujurioso que tiene su “indicador del miedo” en Wall Street, el VIX, se disparó a su nivel más alto desde 2020. Por supuesto, la crisis es productiva y financiera. Las criptomonedas y el petróleo también caen y el dólar se debilita.
El capitalismo lleva en seno, siempre, la virtud del cambio tecnológico y la acumulación de experiencia de millones de seres humanos resumidos en sus variaciones tecnológicas. Así como el germen de crisis periódicas. Ya que mientras que la fuerza productiva crece en progresión geométrica, la expansión de los mercados avanza, siempre más lentamente. El ingreso y el consumo de las masas viene con rezago al cambio poderoso de las fuerzas productivs. Desde su cuna el capitalismo es un ser vivo independiente. Que lleva en sí la contradicción, la lucha de contrarios siempre va del estancamiento, a la prosperidad, la dicha de la acumulación de capitales, luego la sobreproducción y finalmente, las crisis que se repiten constantemente, para relanzarse como el ave Fénix del estancamiento, a la …
El martes, hoy, por ejemplo, el precio del petróleo se derrumba, ayer, lunes, el precio caía hasta $76 el barril.

En sus inicios las crisis periódicas, ya fueran comerciales, productivas o financieras, planteaban la disyuntiva de que hacer si la sociedad burguesa fenecía. Hoy más de 300 años después, solamente tenemos la duda de que pasará en lo inmediato. ¿Qué sectores productivos van a sobrevivir?, ¿qué trabajos se volverán obsoletos?, qué profesiones ya no sirven para nada, por muy beneméritas que hayan sido. Esta crisis será capaz de generar simpatía por un cambio sosegado, tranquilo con Kamala Harris, o levantará el espanto en el votante que buscará una solución rapaz, radical con Donad Trump.
Por el momento Israel ha perdido la careta de víctima y se muestra como gigante musculoso capaz de arrasar a cualquier contrincante que aparezca. Pero, ha perdido su imagen de humildad y pequeñez ante el mundo, no era David, Israel es Goliat, es invencible por la fuerza y las finanzas. Estados Unidos no sabemos si saldrá favorecido con sus dos difusas propuestas Trump o Harris. Los europeos no lograron consolidar una unión fuerte y poderosa, pueden ser victimas fáciles del divisionismo. Rusia no parece tener fuerzas ni para vencer ni para ser vencida. Y, China que creció exuberante con su capitalismo de Estado, se enfrenta a las crisis inherentes a ese capitalismo, en el momento actual está decreciendo y sus mercados no le dan aliento al capital europeo, ni gringo, ni japonés.
La vida del capitalismo es intensa. Bastaron dos datos al amanecer el lunes 5, para estremecer al mundo. El informe sobre el crecimiento económico de USA muestra signos de debilidad y el banco central del Japón anunció leves incrementos en las tasas de interés. No hay que olvidar que el capitalismo tiene un Voldemort, la inflación, y que para detenerla podemos elevar tasas de interés, sin importar aumento en los costos de producción el desempleo. El socialismo tiene su enemigo también, es el mismo. La tasa de interés eleva el pago de la deuda del gobierno y pone en riesgo la gobernabilidad. Las crisis políticas son menos terribles que las crisis económicas.
En el momento actual, aparece un nuevo riesgo. Los bonos del tesoro, o la deuda de los gobiernos, principalmente de Estados Unidos se convierten en la zona de seguridad para los inversionistas. Los bonos del gobierno, cualquiera que sea, son atractivos. Podrán los gobiernos soportar endeudarse, sin invertir, para caer en la muerte de la democracia y el fin de la credibilidad de los políticos.
Durante la semana sabremos si esta crisis es pasajera. Por lo pronto la sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de súbita barbarie, que el desempleo, los malos salarios y el desabastecimiento pueden provocar mayor malestar social. Nos encontramos ante una declaración imposible, poseemos demasiada civilización, demasiada capacidad tecnológica, demasiado poder sobre la naturaleza. Tenemos que hundirnos en medio de la prosperidad.
La enorme capacidad productiva humana, las enormes fuerzas productivas acumuladas nos precipitan al desorden y la anarquía. Y, el sistema es tan poderoso, tiene vida propia que es capaz de reformarse, revolucionarse y crear siempre un mundo nuevo, tal vez no un mundo feliz.
Según el Wall Street Journal, el Dow Jones cae 900 puntos mientras se intensifica la ola de ventas global, a medio día del lunes.

En los últimos días el desempleo en Estados Unidos aumentó hasta el 4.3%, se perdieron 97 empleos en el sector agrícola. La economía es un malabarista que camina en una cuerda muy delgada a 1 km de altura. Basta una mínima decisión monetaria para que se venga en caída libre. El banco central de Japón elevó las tasas de interés en nada de 0,10 a 0,25% el viernes, y declaró que desde enero del 26 solamente comprará la mitad de dinero en bonos del gobierno nipón, $19,600 millones al mes por hoy, para que el castillo de yenka se derrumbara.
¿Cómo parar la crisis? Por un lado destruyendo con mayor firmeza los mercados y profesiones liberales obsoletas. O, por la conquista de nuevos mercados, ya sea por la paz: un acuerdo con Rusia para cederle unos km cuadrados de Ukrania; conceder que en Palestina convivan dos Estados liberales, democráticos, sin religión; que en África se financien Estados democráticos liberales sin ejército; que América del sur del río Bravo aprenda a vivir en paz, sin violencia, ni corporaciones de la droga. O, por la fuerza, que el eje USA-Inglaterra-Israel conquisten Libano, que a Siria se la repartan entre Turkia e Israel; que se repartan Jordania. Y, que destruyan el poder defensivo total de Irán. O por la emergencia de un poder global, un Estado mundial con sede en USA, Europa o China.
De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.
Otro tema que podría surgir es que el cambio climático obligue a la humanidad a comprender que tenemos un exceso de población. La solución no la ven ni los escritores de ciencia ficción.
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