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Su vida y mi vida, valen la pena

Vocación de Libertad

Amigo lector, ciudadano de este planeta y guatemalteco amante de su nación. No tengo porque dudar que usted valora su vida y la de los suyos. Dios le premie también, con valorar la de sus semejantes y cada uno de los cerca de 9 mil millones de seres humanos que podemos definirnos como terrícolas. – Aunque algunos, por la forma en que viven, más bien lucen extraterrestres – Solo la idea de valorar a cada persona como imagen y semejanza de Dios, abre inconmensurables posibilidades para la reflexión y búsqueda de esfuerzos por medio de los cuales, pudiéramos superar nuestras absurdas dificultades, diferencias y malquerencias que se acumulan, aportando a un nivel de inconformidades que abonan al creciente ambiente de conflictividad que mantenemos.

Nuestra vida vale la pena y para su vida, como acompañante en el viaje de este corto tiempo – 72 años es la media de edad de cada ser humano en el planeta – es mejor si aprendemos, los que aún tenemos algunos años por delante, y enseñamos a los más jóvenes y los que vienen en camino y a los aún no nacidos a entender que sí, sí hay una forma de vida que puede ser mejor, llenarnos de mayor felicidad y con sabiduría, poder tener una expectativa de trascender y afectar la vida de quienes vienen en camino hasta nuestra cuarta generación.

Motivado por estas ideas y consciente de que puedo aportar con el refrescamiento de algunas viejas ideas a que los lectores de esta columna puedan darse y también aportar nuevos lentes desde los cuales ver el presente y futuro que nos toca vivir, pasando por alto, las tristes, deprimentes y pobres decisiones que el gobierno temporal del país – diga que gracias a Dios es temporal – está tomando.

Del 14 de enero del 2024 a las 14, ha sido evidente su incompetencia, su derroche de recursos, su poca visión de presente y futuro y peor aún, sus banales inclinaciones a viajar, beber y comer viandas de millonario, a costillas de la enfermedad, el pauperismo y la ignorancia de su pueblo. ¿Quién cree que paga sus boletos de primera clase, sus comilonas en restaurantes con calidad Michelin, sus finas bebidas de entrada, en medio y de salida de las comidas? ¡Que Dios le perdone!

Hay algunos pensamientos que el papa Francisco expreso en un par de Cartas Apostólicas que quiero poner sobre la mesa de reflexión y meditación de ustedes amigos lectores, en contraste con algunas formas de vida de nuestra cultura y hacia las cuales equivocadamente nuestro liderazgo nos quiere conducir, pero que inequívocamente hemos de oponernos, Cito:

De la Exhortación Apostólica Post Sinodal Amoris Laetitia, Sobre el Amor en La Familia:

“1. La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia. Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, «el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva la Iglesia». Como respuesta a ese anhelo «el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia».

2. El camino sinodal permitió poner sobre la mesa la situación de las familias en el mundo actual, ampliar nuestra mirada y reavivar nuestra conciencia sobre la importancia del matrimonio y la familia. Al mismo tiempo, la complejidad de los temas planteados nos mostró la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales. La reflexión de los pastores y teólogos, si es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa, nos ayudará a encontrar mayor claridad. Los debates

que se dan en los medios de comunicación o en publicaciones, y aun entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, a la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas.

De la Carta Apostólica,“Laudato si’, cito:

“Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».

Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto»

(Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”.

Una curiosidad poco observada quizá, es que precisamente, nuestras comunidades étnicas, hablan precisamente de la madre tierra, cuando se refieren a nuestro hábitat, le reconocen un ser vivo como ciertamente lo es, y al cual venimos destruyendo tanto con una actitud cortoplacista en nuestra forma de consumir.

Reflexione si su vida personal, familiar y comunitaria no se transformaría si tan solo dejáramos de ser cortoplacistas y en ello, nuestro hoy casi natural individualismo egoísta, dejara de existir. ¡Piénselo!

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Juan F. Callejas Vargas

Nicaragüense por nacimiento, Guatemalteco por decisión. 72 años de edad, periodista de opinión, casado con una esposa – Ana Lucrecia Aquino de Callejas - con quien ha procreado ocho hijos. Estudios profesionales en Universidad Rafael Landívar, INCAE y post grados en Inglaterra, Brasil y Estados Unidos de América. Amplia experiencia en diseño y ejecución efectiva de programas de comunicación y diseño de Estrategias a nivel comercial para firmas y organizaciones nacionales e internacionales. Estratega de campañas políticas, de gobierno e institucionales en Guatemala y El Salvador, así como mercadeo social.

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