Fantasma de la patria muerta y esperanza de resurrección
En uno de los primeros días del mes de septiembre encontré en el decadente buzón de mi casa, un mensaje escrito con letras rojas en un blanco papel pergamino. Lo leí con suma incredulidad. Había sido enviado por alguien que afirmaba ser un fantasma. “Pero no se asuste. Soy un fantasma inocuo”, decía el autor del mensaje, y proseguía así: “Quiero conversar con usted. Lo invito a cenar.”
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