
Y los padres ¿por qué somos importantes?
Vocación de Libertad
“En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos” Eduardo Galeano y la Escuela del mundo al revés.
Hombría, masculinidad y machismo. Tres conceptos que vale la pena revisar en estos tiempos de confusión y peor aún, de falta de orientación desde la matriz de la sociedad: el hogar y la familia, centro neurálgico desde donde se da a luz y si usted lo quiere ver así, se pare – de parir – una sociedad de personas, de seres humanos. Hombría, masculinidad y machismo son tres conceptos directamente conectados con la idea de la paternidad.
Es aquí donde quiero reflexionar con usted amigo lector, sobre todo con los padres de familia, porque he de señalar que el descuido de esta fundamental función que como padres Dios nos ha encargado, solamente hemos podido producir condiciones que Eduardo Galeano recoge muy bien en su libro: El mundo al revés.
“Hombría: La primera acepción del término hombría que incluye la Real Academia Española (RAE) en su diccionario alude a la condición de hombre. El concepto de hombre, a su vez, nombrar a un varón o a una persona en general (es decir, a un ser humano). La idea de hombría, en este marco, suele vincularse a la masculinidad: la cualidad de masculino. Por eso la hombría se relaciona a aquellos atributos que, tradicionalmente, se le atribuyen a los hombres: fortaleza física, valentía, caballerosidad, etc.
La hombría, por otra parte, puede hacer mención a cualidades positivas de un ser humano en general. En este marco se recurre a la expresión de hombría de bien para aludir a la honradez, la honestidad y la integridad de alguien.
Incluso puede entenderse que la hombría hace referencia a las cualidades positivas de un hombre que no incurre en el machismo. En este contexto, el sujeto que evidencia su hombría es aquel que respeta a las mujeres y que actúa correctamente desde un punto de vista moral. Otra mirada agrega que la hombría no debe asociarse a la fuerza física o a una valentía mal entendida que se ejerce a través de la violencia.”
Masculinidad: La masculinidad se define como el conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son característicos del hombre en una sociedad determinada. Compartir el control de la realidad con las mujeres, no utilizar el poder para imponerse sobre otros. Promover formas justas de vivir en sociedad, luchar por disfrutar de su trabajo y de su hogar por igual, compartir las labores domésticas y el cuidado de los hijos e hijas.
Machismo: Es el conjunto de actitudes y comportamientos que violentan injustamente la dignidad de la mujer en comparación con el varón. Las formas más evidentes de estas acciones son el impedir el acceso a la educación, espacios públicos, puestos de trabajo a las mujeres por el hecho de ser mujer: insultos, acoso sexual, impedir la independencia financiera.
Sin duda, estos tres conceptos van culturalmente incorporados en la idea de la paternidad humana, entendida esta, la paternidad, como: “el resultado de una madurez mental y afectiva, acompañada por una actitud de compromiso profundo, asumido por la pareja, referida en su capacidad de transmitir la vida a otro ser y de entender que el desarrollo del hijo es una tarea común, entre el padre y la madre.”
Galeano resume así fragmentos de nuestra forma de vivir en este mundo de hoy:
“Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.”
“¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contra escuela.”
Lo triste, dramático y terriblemente frustrante, es que nosotros estamos aceptando que un Ministerio de Educación presente el remozamiento de cuatro mil escuelas como la gran Azaña de su gestión en los primeros seis meses de gobierno. Ellos podrán ser mediocres, pero nosotros ¿Como deberíamos de vernos, si lo hemos venido aceptando así, si de cara a ello, las evaluaciones técnicas, nacionales e internacionales de nuestros estudiantes son los que son – menos que mediocres – y el coeficiente intelectual del país nos ubica en categoría de idiotas?
En el plano latinoamericano, Galeano apunta:
La economía latinoamericana es una economía esclavista que se hace la posmoderna: paga salarios africanos, cobra precios europeos, y la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficiencia. Ciudad de México, 1997, datos oficiales: ochenta por ciento de pobres, tres por ciento de ricos y, en el medio, los demás. Y la ciudad de México es la capital del país que más multimillonarios de fortuna súbita ha generado en el mundo de los años noventa: según los datos de las Naciones Unidas, un solo mexicano posee una riqueza equivalente a la que suman diecisiete millones de mexicanos pobres.
Cualquier parecido con nuestra situación en Guatemala, es solo producto de la proximidad y de similares orígenes e ideas compartidas que por supuesto, siendo aberrantes, seguimos cultivando en un remedo de democracia que lo único que tiene es elecciones y ya no tan libres porque en los nuevos modelos las mañas, sumada a la modernidad tecnológica perversamente utilizada y el sobreabundante dinero de las mafias y carteles, ya han cooptado. ¿Quiénes, si no los padres de familia, hemos de volver por nuestros fueros?, ¿Quiénes, sino los padres de familia pagamos la factura y la trasladamos con intereses a las próximas generaciones?, ¿Quiénes sino los padres de familia, podríamos asumir la realidad de una responsabilidad que nadie más puede asumir? ¡Usted, qué opina!

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