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500 años después

Tanmi Tnam

Durante este año 2024, distintos grupos tratan de interpretar o reinterpretar la llegada de los españoles a este territorio que es hoy Guatemala. Este arribo hace ya 500 años, para algunos es conquista, para otros es invasión y para muchos no significa nada. Acerca del día específico de la entrada no siempre hay acuerdos. Lo cierto, es que llegaron y este hecho marcó el inicio de transformaciones extremas cuyo impacto siguen viviendo hoy los pueblos originarios y el pueblo que se considera heredero de quienes llegaron desde aquel momento. Para la historia que se repite en la educación escolar, la llegada de los españoles fue conquista y por lo mismo repite información de haber sido un acontecimiento maravilloso y omite hechos de violencia, despojo y todo lo que se impuso en el ámbito religioso, económico, político y cultural. Para los pueblos originarios, fue una invasión que significó batallas, pérdida de bienes naturales, rechazo de sus elementos culturales, padecimiento de enfermedades raras, el desplazamiento de la práctica de la espiritualidad, quema de ciudades, persecución y muerte de autoridades, esclavitud y prácticas económicas que aprovecharon todo aquello que era fácil de saquear y luego el repartimiento y la encomienda. Información importante de la historia dice que el despojo violento de las tierras se hizo en nombre del Rey de España y con apoyo expreso de la Bula Papal de Alejandro VI que autorizó a la Corona de Castilla y a los invasores quedarse con las tierras de los pueblos invadidos.

Para los pueblos originarios la invasión permitió sentar las bases del despojo, la violencia, la imposición del cristianismo, otra forma de resolver los conflictos, la imposición del idioma, la creación de instituciones responsables de imponer la cultura del invasor y el trato de la tierra simplemente como recurso para conseguir dinero sin límites. Por el impacto negativo de la invasión, en la actualidad hay voces que demandan reescribir la historia y facilitar que se haga escuchar la voz de pueblos originarios que bien deben posicionar la interpretación de la historia desde la visión y vivencia de los pueblos invadidos.

Después de la invasión siguieron los casi 300 años de vida colonial.  Continuaron las prácticas de despojo, esclavitud, racismo e imposición de la cultura del invasor. Así se llegó a 1821, año en que los herederos de los invasores declararon la independencia de España con el cuidado de que nada de la época colonial debería de cambiar y por lo mismo los pueblos originarios siguieron al margen de cualquier ventaja y reconocimiento político.

A 500 años de la invasión y considerando el contenido de levantamientos de pueblos originarios que registra la historia y las demandas actuales, es necesario reconocer la participación y la representación de los pueblos de Guatemala en organizar el Estado de manera incluyente. A 500 años de la invasión y ahora en condiciones adversas, los pueblos originarios todavía conservan conocimientos, tecnología, valores, organizaciones y deseos de fortalecer su identidad originaria. Estos elementos deben servir como componentes de la autodeterminación en el marco de la vigencia de los derechos humanos y colectivos y la vivencia plena de la democracia para alcanzar la justicia y el desarrollo deseados.

A 500 años de la invasión, es necesario que los cuatro pueblos de Guatemala, las instituciones oficiales y privadas, las religiones y la educación escolar faciliten el estudio de la pobreza, la injusticia, el racismo, la desigualdad y la violencia para dar paso al bienestar de todas y todos.

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