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¿Volverán a Latinoamérica las dictaduras de derecha?

Barataria

El domingo recién pasado, se proclamó ganador de la elección presidencial en El Salvador el señor Nayib Bukele. Luego de una habilitación que recibió del Tribunal Constitucional y, siguiendo al pie de la letra la receta que ya habían utilizado gobernantes de Costa Rica (Oscar Arias), Nicaragua (Daniel Ortega), Honduras (Juan Orlando Hernández), fue habilitado para un segundo periodo presidencial, corriendo en esta segunda elección que ganó plenamente.  El fenómeno Bukele, ha querido ser replicado, o al menos así lo han expresado algunos otros candidatos a la presidencia de otros países y algunos presidentes como el caso de Daniel Noboa en Ecuador.

Con señalamientos de todo tipo en contra de un gobernante como Bukele, el pueblo salvadoreño se volcó a las urnas para votar por un presidente a quien únicamente cuestiona la oposición política conformada por el partido ARENA Y EL FMLN, dos partidos que ya gobernaron el país y cuyo “mayor logro” fue negociar con las pandillas territorios a cambio de gobernabilidad, nunca les importó el bienestar de los salvadoreños sino poder gobernar. Así muchos expresidentes fueron incluso acusados de corrupción, algunos procesados por corrupción como el caso de Mauricio Funes del FMLN y Francisco Flores de ARENA, o sea ambos partidos que se alternaron en el poder lo único que les interesó fue robar a manos llenas aunque el pueblo estuviera de rodillas ante las pandillas.  La llegada de Bukele, intempestivamente a la Alcaldía de la capital, San Salvador, luego de su paso como Alcalde de Nuevo Cuscatlán, sorprendió a muchos, pero no a los partidos tradicionales ARENA y FMLN creyeron que tenían a los votantes en la bolsa y que pronto, el pueblo les votaría nuevamente para que, luego de que fueran gobernados por un joven inexperto en alta política, volverían a confiar en manos expertas.

Todo lo que ARENA y FMLN hicieron fue hundir al país en el caos y la inseguridad, llegando al punto de “pactar” literalmente con la delincuencia y que no le importarían que cada día las maras asesinaran a muchos salvadoreños porque así debía ser en un país tercermundista.  Bajo el lema de “respeto a los Derechos Humanos”, el gobierno robaba a manos llenas mientras que el pueblo salvadoreño literalmente se moría de miedo.  Esto parece ser la receta perfecta de los gobernantes corruptos latinoamericanos para robar a manos llenas el dinero público: Agobiar al pueblo con pésima salud pública, inseguridad por la delincuencia común, delincuencia organizada, maras y narcotráfico, dejar que la economía castigue el pueblo y entonces; pueblo entretenido con estos problemas no tiene tiempo de ver la sinvergüenzada de ladrones que están en el gobierno y la función pública.  Así, pasan gobiernos tras gobiernos con excusas como que estos problemas de la inseguridad son difíciles de resolver porque hay que “respetarle los derechos humanos a los delincuentes” “que por razones del respeto a los derechos humanos no se puede combatir la delincuencia” “que la constitución le garantiza a todos los delincuentes el respeto a la vida, la libertad y la seguridad” (por irónico que parezca así parecen pensar).

El Presidente Bukele le demostró a todos los presidentes latinoamericanos que cuando se tiene voluntad política es posible mejorar un país.  El Salvador posiblemente tiene muchos problemas que resolver, como todos los países del mundo; pero casi ha eliminado el lastre de las maras que azota a muchos países incluyendo por supuesto a Guatemala.  Pueda que la forma de gobernar del presidente Bukele no sea tan ortodoxa, algunos le tildan de dictador, algunos hablan de que se apoya a una dictadura, algunos otros indican de que se ha creado un precedente malo para El Salvador el permitir su candidatura para un segundo periodo.  Quizá sea cierto, pero el hecho de que sea un presidente más votado dice mucho del índice de aprobación popular, especialmente porque no se le vedó la participación a ningún otro candidato.  Es decir que ARENA  y el FMLN postularon sus candidatos, es decir que no estamos frente a una candidatura tipo Daniel Ortega en Nicaragua sin oposición encarcelando a todos los posibles candidatos o de Maduro en Venezuela que inhabilitó a la candidata de oposición para correr solo sin oponentes.  Estamos ante una candidatura que propició la participación de todos los candidatos y que de todas manera ganó abrumadoramente.

Este tipo de fenómenos nos indica que la aprobación de un pueblo es proporcional a los beneficios que percibe. No se trata de publicitar que en un país se aumentó la fuerza policial, o que se le dotó de autopatrullas al cuerpo de policía o que se compró armas modernas a la policía; se trata de que la policía combata efectivamente a la delincuencia y las personas puedan andar en la calle tranquilas, puedan conducir su automóvil sin temor a que alguien le somate el vidrío y le muestre una persona para robarle el móvil, ni que alguien andando en la calle sea atracado por delincuentes.  Esto se hace con voluntad política, con estar del lado del pueblo.

En Latinoamérica, los gobiernos de izquierda lograron socavar las economías de países que considerábamos prósperos Venezuela y Argentina son casos claros de este empobrecimiento de la población, tanto así que Argentina contra todo pronóstico votó mayoritariamente por Milei que representa una derecha libertaria, después de años de gobernantes de izquierda.  En el Salvador, la decepción de dos grandes organizaciones políticas por un lado el Frente Farabundo Martí protagonista de la guerra civil, alcanzando el poder no cumplió con las aspiraciones de tantos salvadoreños muertos en aquella sangrienta lucha y traicionó sus propios valores, y ARENA que aglutinó a aquellos hombres de derecha moderada, que representaron los ideales de un Salvador próspero, terminaron traicionando a sus votantes. Ahora, con el Presidente Bukele, para un nuevo mandato, se preguntan ¿Qué hicieron mal?  Cuando en realidad la pregunta debería ser ¿Qué fue lo único que hicieron bien?

Así, el péndulo entre la derecha y la izquierda parece ir sorteando países latinoamericanos, Colombia, México por ejemplo viraron hacia la izquierda como una alternativa dada la creciente corrupción promovida por los gobiernos de derecha.  Por otro lado países como Argentina, Ecuador y El Salvador giraron a la derecha como una alternativa a la corrupción generada por los gobiernos de izquierda.  Pero lo que hemos olvidado es que para el ciudadano de a pie, aquel ciudadano que día a día se levanta con el deseo de cumplir con una jornada de trabajo para sostener a su familia y que literalmente vive al día con sus ingresos; o aquel ciudadano que no tiene trabajo y anhela sacar adelante a su familia,  Para estos ciudadanos de a pie, que son la gran mayoría en nuestros países, para ellos no les importa si el gobierno es de izquierda o es de derecha, no le interesa si hay respeto a los derechos humanos para los delincuentes, lo único que le interesa es paz, trabajo y libertad y si un gobernante logra aligerar la pesada carga que tiene van a ir tras el pidiéndole incluso que vuelva a postularse,  Es por ello que el fenómeno Bukele, nos deja una gran lección: Que con voluntad política el pueblo puede tener muchos beneficios pero que cuando se vuelven a los vicios de los gobernantes anteriores, el desencanto termina muy pronto.

Ahora mismo, en Guatemala ha tomado posesión, con mucha dificultad un gobernante que se identifica con la izquierda.  Se espera que el señor Arévalo sea distinto a sus antecesores. Que tenga voluntad política para aligerar la pesada carga que esta sobre los hombros del pueblo, que luche contra la corrupción, que no la tolere y que además la seguridad se empiece a notar en las calles. Lamentablemente ha comenzado con el pie izquierdo, se espera que pueda corregir el rumbo y que sus pasos sean tan firmes como las afirmaciones de su boca, porque si no, al igual que su antecesor solo llegará a ser “un Hijo de Puta más”.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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