
Alarmante ola de accidentes de tránsito en el país
Lugar Hermenéutico
Datos de la Organización Mundial de la Salud, OMS; revelan que anualmente, mueren más de 1.3 millones de personas en el mundo por accidentes de tránsito. Entre 20 y 50 millones de personas sufren traumatismos que, aunque no ponen en riesgo su vida, conllevara alguna forma de discapacidad.
Se estima que la mitad de las personas que mueren a causa de accidentes de tránsito, son los llamados usuarios vulnerables de la vía pública, peatones, ciclistas y motociclistas. Así mismo el 48% de las muertes ocurren entre personas de 15 y 44 años, siendo los accidentes vehiculares la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años.
En Guatemala, de acuerdo con el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), los accidentes de tránsito son la segunda causa de muerte en el país, solamente superado por los incidentes por armas de fuego, lo cual, a priori, nos cataloga como un país violento y con una pésima educación vial.
Como suele suceder, no existen estadísticas precisas sobre la cantidad diaria de accidentes y las consecuencias de ello, sean estas en la salud y vida de las personas como en los impactos económicos al patrimonio, pues la información disponible difiere en los datos al respecto.
Sin embargo, se estima, que, en 2019 ocurrieron al menos 20 accidentes de transito diariamente en Guatemala y que en promedio cobró la vida de al menos 5 personas, sin contar las lesiones y las consecuencias físicas, mentales y emocionales que ello puede tener por el resto de la vida de estas, así como para los usuarios vulnerables.
De acuerdo con autoridades municipales, solamente en la ciudad de Guatemala, la primera quincena de noviembre de este año, se registraron en promedio 35 colisiones, cifra que se elevo a 57 accidentes diarios durante las últimas semanas del mes de noviembre pasado, sea por razones de alcohol, fatiga u otras.
Como muchos de nuestros males, todos nos conllevan a un punto común, la falta de responsabilidad y la educación, en este caso la educación vial, entendiendo por esta al conjunto de acciones que se encaminan a lograr la seguridad en el tránsito y la disminución de daños por accidentes a personas y bienes en general, sean estos por las diferentes formas vehiculares.
En lo personal, son muchas veces las que he estado a punto de ser arrollado por un tráiler o camión en una vía principal, sea dentro de mi vehículo o como peatón, pues en ambos casos, siempre se corren riesgos, ante la poca cultura y educación vial en el país.
Que decir de las motocicletas, que, con su carril imaginario entre dos vehículos, se ponen en riesgo y a quienes circulan a sus costados. Es usual ver a los pasos de cebra como un elemento decorativo más del pavimento, al igual que las otras señales que en muchos casos son utilizados como tiro al blanco por más de un desquiciado al volante.
A lo anterior habrá que sumar el pésimo estado de la infraestructura vial en casi todo el país, pues con sus muy escasas excepciones, hoy tenemos una ausencia de políticas de ordenamiento territorial por parte de las municipalidades, que se han limitado, a dar licencias de construcción a diestra y siniestra, a cobrar el IUSI y uniformar personas como agentes de tránsito para que den vía e impongan multas, lo cual repercute en ciudades caóticas, donde la constante es el “sálvese quien pueda, como pueda”…
Si empezamos con el tema de ordenamiento territorial, ello da para muchas más columnas, por hoy, el llamado a manejar con precaución y si queremos beber, hagámoslo, pero en casa o con un conductor designado, por nosotros, por nuestra familia y por un simple sentido de responsabilidad, pues si bueno y sano cuesta librar tanto bache, no digamos alcoholizado.

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