
Camino hacia atrás, en remolino o para adelante
Antropos
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas. No te detengas.
Walt Whitman. Poeta estadounidense.
Nuestra vida la construimos al caminar desde la niñez hasta la vejez. Está llena de recuerdos. A veces no quisiéramos salir de esos lindos momentos y voluntariamente quedar atrapados en ese pasado. Volver a sentir los pies mojados bajo la lluvia que se resbala por los aleros de las casas. O estar encaramados en las ramas de los árboles saboreando mangos verdes a su vez, sentir el agua helada que cubre nuestros pequeños cuerpos en las pozas de los ríos.
En tanto pasan los años, un remolino nos levanta en medio del polvo. Hemos vuelto a nacer y no nos dimos cuenta al despertar de una niñez que se nos fue con su alegría e ingenuidad. Surgen las ideas, sentimientos y se acerca el pensamiento. Pero es difícil determinar hacia donde caminar. Puede ser que para la esquina a sentarnos a la orilla de una acera. O a la calle de tierra con una pelota floja a juguetear con nuestros pies. Mientras los soles se van escapando y la penumbra anuncia la negritud de la noche, el tiempo pasa y los remolinos se ahondan en nuestra mente y en nuestros corazones. Es el tiempo de amar. Es el tiempo de los besos, abrazos y sexo. Es el tiempo que nos anuncia que ya no somos niños, sino jóvenes con preguntas, inquietudes, ilusiones y frustraciones. Empezamos a dudar y sobre todo a pensar. Es el tiempo que empezamos de verdad a caminar.
Conforme esta juventud “divina”, inquieta, rebelde, estudiosa, llena de ilusiones, siente en su cuerpo y mente que la ingenuidad ya no existe, surgen las preguntas para definir cómo hablar o comportarse con los demás. Es cuando los desamores del novio y la novia logran que se escurran las lágrimas por las mejillas. Pero es también cuando las amistades se amarran hasta el final de la vida. Sin olvidar que todo esto está empedrado de traiciones y amores. O bien la realidad nos envuelve en remolinos ahogándonos en suspiros y lamentos con la mirada hacia adelante para colocar los pies que nos conducen a un mundo que aún no hemos tocado, pero si lo hemos soñado.
Los éxitos, realizaciones, frustraciones, amistades que se consolidan y proyectos que se concretan, nos abren la puerta de la madurez. De la conciencia de ser ciudadanos de una sociedad que no solo nos formó, sino a la que le debemos responder con nuestros actos marcados por los principios de respeto, responsabilidad, afecto, trabajo y honorabilidad, tal y como nos lo enseñaron nuestros padres y la escuela a través de sus maestros.
Cada paso que damos por estos senderos, reafirmamos una manera de pensar y sentir. Es cuando miramos para adelante cómo transcurre la vida entre gozos y tristezas. Y es cuando logramos entender cada instante con sus límites de la existencia misma. Es el momento de la síntesis y es el momento de amar la vida porque ella es lo que nos da sentido. Es cuando vemos nacer y crecer a los hijos e hijas. O bien mirar lo que construimos día con día con una enorme satisfacción por pequeña o grande que esta sea. La madurez de la vida, entonces amigos, es amalgamar nuestros pies sobre el agua que corre por las calles bajo la lluvia, o bien los remolinos que hemos vivido de ese despertar de la ingenuidad a la edad de las preguntas, o bien de la vida que se ha consolidado con una mirada firme hacia adelante entre la amistad y el sentido de ser ciudadanos plenos en una sociedad que aspira cada vez a ser mucho más feliz.




