
Carlos Interiano: Educador, amigo, poeta e intelectual
Antropos
El día 20 de Julio, vi un mensaje en mi teléfono de Oscar Peláez Almengor. Fue sólo una línea: murió nuestro amigo Carlitos Interiano.
Sentí frío. Me quedé mudo. Pensativo. Y con una tristeza inmensa que no me daba tiempo a explicarme los designios de la vida y de la muerte. Poco a poco fui acomodando la mente y los afectos. Caminé y me interné entre los árboles, los caminitos, las piedras, las matas de banano y de café. Luego divisé que los granos de maíz ya habían germinado y empezaban a romper el aire para ocupar su espacio.
Conversé largo rato con un amigo campesino acerca del cuidado de los cultivos. De lo que se necesita para favorecer su crecimiento a fin de que broten sus frutos para que las ardillas y pajaritos coman nísperos amarillos, moras de palo y duraznos de corazón colorado. Corte dos limones para enjugar un aguacate que me habían regalado con tortillas calientes y unos granitos de sal y de nuevo caminé.
De vuelta a la realidad, empecé a recordar a mi buen amigo Carlos Interiano. Hombre cariñoso como todo un chiquimulteco. Contador de cuentos y de chistes. Frágil en su figura física, pero grande en su inteligencia y creatividad. Una persona que nació en la pobreza económica, pero su talento lo hizo crecer como educador, amigo, poeta e intelectual con incidencia en todo el sistema educativo nacional. Siendo de la tierra de los poetas, Chiquimula, fue parte de un grupo literario Sanates y Clarineros, integrado por Gustavo Bracamonte, Renaldo Carreras, Brenda Salas, Rómulo Martínez, Claudina Sánchez, César Gutiérrez, Neftalí Aldana.
Los recuerdos me llevaron al catorce de enero del año 2000, fecha en el que lo conocí personalmente. Nos reunimos en una cafetería de la avenida reforma un grupo de docentes para encaminarnos al Ministerio de Educación a la toma de posesión de tres amigos que se convertirían uno en ministro y los otros en viceministros. Carlos al área de la comunicación y el resto a diferentes funciones de esta instancia educativa. Momento emocionante. Llenos de ilusiones de lo que nos proponíamos hacer en el ámbito de la educación del país. Pronto se rompió el encanto del grupo originario y Carlos se fue a la Secretaría de Comunicación de la Presidencia a ofrecer su creatividad, inteligencia y entusiasmo en esta instancia gubernativa. Todo esto, me unió más a Carlos y logramos arrancar con una amistad que nos hizo caminar con iniciativas compartidas.
Tiempo después, partí del país y estuve fuera casi seis años. Mientras tanto, terminé de aprobar los cursos del doctorado en filosofía de la Universidad de Costa Rica y a mi retorno a Guatemala, Carlos y Oscar quienes conducían los estudios de postgrado de la Universidad Panamericana, me invitaron a presentar mis estudios aprobados con los programas respectivos, que se utilizaron para hacer equivalencias. Me notificaron que debería cursar cuatro materias y la investigación de tesis doctoral, guiada por los doctores Interiano y Peláez que titulé: La educación superior en Centro América, la qué hasta hoy, ha gozado de tres ediciones a nivel regional.
Me sentí honrado cuando Carlos me invitó a ser profesor de esta universidad en el doctorado de educación. Fue motivo para encontrarme los sábados con un rico desayuno de huevos estrellados, frijolitos volteados, tortillas, queso, crema y café, acompañado de los amigos Carlos Interiano, Oscar Peláez Almengor, Alfred Kaltschmitt, Mynor Herrera, Julio Cesar Díaz y mi persona para platicar, platicar y platicar antes de entrar a dar clases. A nadie se nos ocurrió grabar de lo que sosteníamos con palabras enjundiosas. Pero lo cierto, es que eran ideas y apreciaciones acerca del país y del mundo en general.
Siendo Carlos un investigador y escritor nato, nos unió aún más esta vocación humanística, porque algunos libros editados en la Universidad de San Carlos como Democracia y educación, Pensamiento universitario contemporáneo, su pluma y pensamiento estuvieron presentes a la par de otros intelectuales guatemaltecos y centroamericanos. Quedó en el tintero un proyecto de libro acerca de la universidad a nivel latinoamericano, que por cierto me había comentado hace poco, que estaba por terminar su colaboración.
Lo más hermoso de mi amistad con él, fue el hecho qué siendo director de Docencia de la USAC, logré reunir a un grupo de intelectuales de primera línea como Mario Roberto Morales, Bayardo Mejía, Carlos Interiano, Oscar Peláez, con quienes compartíamos ideas, diseñamos proyectos y programas. Diplomados de cursos que se impartían a docentes con estos doctores de altísima calidad académica. En nuestras acaloradas conversaciones, siempre contamos con un café y pan dulce. Recuerdo que algunos colegas funcionarios como Mynor Franco, asesor jurídico y el director financiero Juan Palencia, disfrutaban de nuestras reuniones. De cuando en cuando también nos acompañaba el rector o el secretario general.
De ese grupo, Morales, Bayardo e Interiano, partieron al firmamento, legándonos una gran cantidad de proyectos universitarios, los cuales, están vigentes. El último esfuerzo de Carlos en la USAC, fue empezar a diseñar los estudios introductorios para todos los estudiantes que aspiraban a ingresar a la universidad. Iniciativa que no fructificó, porque algunos miembros del Consejo Superior Universitario, encandilados por patrañas politiqueras, decidieron no renovar mi contrato como director de docencia. Recuerdo la frustración de Carlos y su equipo de una iniciativa que pudo transformar académicamente a la universidad.
Nuestra amistad siempre estuvo presente. Conocí por sus palabras, los escritos autobiográficos que publicó. Mi cariño y admiración creció al conocer detalles de su vida y entrega amorosa a su familia y a sus alumnos como maestro, lo que le hizo ser merecedor de la Orden Nacional Francisco Marroquín, dedicado a los educadores.
Mi amigo queridísimo se nos fue como los hilos de agua que se deslizan suavemente entre las manos. Guatemala perdió una gran inteligencia. Imaginativo. Afectivo y creador de palabras. Descanse en paz.

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