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Deconstrucción ¿aplicada a la educación?

Reflexiones

“Yo mismo soy un poco deconstruccionista. Tiene algo de excitante… La última emoción intelectual que nos queda. Es como aserrar la rama en la que uno está sentado”.
David Lodge

¿Es posible aplicar los criterios epistémicos planteados por Jacques Derrida en su enfoque filosófico de deconstrucción, en aspectos del sistema educativo nacional? Muchos de los académicos de la pedagogía, stricto sensu, exponen su criterio en cuanto a la inmutabilidad de los aspectos fundantes en las ciencias de la educación como lo son teorías, modelos, disciplinas y por sobre todo curriculares.

Es común escuchar que la escuela es el único lugar, psicopedagógicamente hablando, donde puede ocurrir el hecho educativo, que el maestro es el único sujeto curricular que puede realizar docencia, que una malla curricular no puede contener 5 asignaturas, que la calidad educativa depende del método empleado, que el contenido de una asignatura debe ser lo más desarrollado y florido para cubrir los aspectos culturales, históricos y científicos en beneficio de los estudiantes y que la evaluación representa el único proceso valido para la aprobación o no aprobación. 

Como profesionales de la educación tenemos el compromiso deontológico de analizar desde la fenomenología (Edmund Husserl), y de proponer desde la hermenéutica -dasein- (Martin Heidegger), con fundamento en criterios científicos, los cambios que son pertinentes en el sistema educativo para los próximos 25 años y la deconstrucción planteada por Jacques Derrida es un buen asidero para esta pretensión.

Para los efectos epistemológicos se puede decir que la deconstrucción según Jacques Derrida es una estrategia crítica y un enfoque filosófico que busca desarmar las estructuras del pensamiento occidental y el lenguaje para revelar sus contradicciones internas, jerarquías ocultas y la inestabilidad de sus significados. Se debe aclarar que no es destrucción, es deconstrucción, por lo que se trata de analizar críticamente, para revelar cómo se ha construido un concepto, no de eliminarlo o destruirlo sin sentido. La deconstrucción desvela las dependencias y las diferencias que posibilitan el sentido, mostrando que cualquier estructura es inestable y está en constante juego.

Derrida explica que la palabra “deconstrucción” existía ya en francés, pero su uso era muy raro. A él le sirvió en primer lugar para traducir un par de palabras: la primera que viene de Heidegger, quien hablaba de “destrucción”, la segunda que viene de Freud, quien hablaba de “disociación”. Pero muy pronto, naturalmente, intentó señalar de qué modo, bajo la misma palabra, aquello que llamó deconstrucción no se trataba simplemente de algo heideggeriano ni freudiano. Ha consagrado no obstante bastantes de sus trabajos para marcar una cierta deuda tanto con Freud como con Heidegger, y al mismo tiempo una cierta reflexión sobre aquello que llamó deconstrucción.

Prosigue diciendo Derrida, que es por esto que es incapaz de explicar lo que es la deconstrucción. Fue en el momento en que el estructuralismo era dominante cuando él se comprometió con esa palabra. La deconstrucción se trata también de una toma de posición con respecto del estructuralismo.

Derrida afirma, que la deconstrucción no es una técnica, con sus normas y procedimientos. Desde luego pueden existir regularidades en las formas en que se colocan cierto tipo de cuestiones de estilo deconstructivo. Desde este punto de vista, creo que esto puede dar lugar a una enseñanza, tener efectos de disciplina, etc. Pero en su principio mismo, la deconstrucción no es un método. Él mismo ha intentado interrogarse sobre aquello que puede ser un método, en el sentido griego o cartesiano, en el sentido hegeliano. Pero la deconstrucción no es una metodología, es decir, la aplicación de reglas.

El enfoque de la deconstrucción puede aplicarse a la educación, no como un método destructivo, sino como una herramienta crítica para cuestionar estructuras jerárquicas, dogmas y desigualdades en el sistema educativo. Permite replantear los roles: maestros, estudiantes, directores, supervisores, admite analizar y proponer cambios curriculares o didácticos en lo relacionado a los aprendizajes y puede   promover el pensamiento crítico frente a currículos tradicionales.

En el contexto del sistema educativo nacional la deconstrucción puede ayudarnos a desmantelar el conocimiento dogmático. Debemos recordar que se atisba en el hecho educativo un proceso milenario, el “magister dixit”, cuya vigencia no ha expirado en nuestras escuelas. La deconstrucción ayuda a cuestionar la idea de que existe una única interpretación válida en contenidos curriculares, fomentando la diversidad de perspectivas.

La deconstrucción coadyuva a terminar con la contradicción educador-educando y educando-educador, tal como lo teorizó Paulo Freire. Se fomenta en el ecosistema áulico la asertividad del maestro, evitando el autoritarismo, el verbalismo y el mecanicismo, permitiendo la construcción de nuevos conocimientos con base a conocimientos previos y a construir el aprendizaje en comunión dialógica.

La deconstrucción permite fomentar el pensamiento crítico, permitiendo a docentes y alumnos desarmar oposiciones binarias (ej. alumno bueno/alumno malo, alumno activo/alumno pasivo) que limitan la participación libre y perpetúan desigualdades. La deconstrucción en el proceso de enseñanza-aprendizaje facilita la adaptación de los contenidos al contexto local, regional y global, superando la concepción de una educación encapsulada. 

Convengamos entonces que deconstruir en el sistema educativo nacional implica un proceso de revisión continua de las prácticas pedagógicas para hacerlas más inclusivas, participativas y efectivas en favor de la comunidad estudiantil.

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