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Democracia Moral 

Antropos

No hay que descender al terreno de la riña y de la pendencia. Hay que  huir muy lejos de ellas, por más que nos provoquen los insolentes (porque solo los insolentes pueden hacerlo).
Séneca: De la vida feliz.

Existe un sentimiento sordo o expresivo de las personas para encontrar un camino hacia un ideario ético que pueda dar sustento de vigorosidad a una ciudadanía plena.

Entiendo al escuchar voces de descontento, en el sentido que la sociedad está enferma porque en términos generales todo se ha empeorado. Esto preocupa porque se ha debilitado la capacidad ciudadana para coadyuvar a resolver problemas coyunturales y estructurales. Es este sentido que para levantar los ánimos resulta necesario acudir al fortalecimiento de la confianza y la credibilidad para superar la corrupción y a su vez, la promoción de vida digna de sus habitantes.

Efectivamente, existe una conducta social que se manifiesta en condiciones de escepticismo, individualismo, hipocresía, insensibilidad, corrupción, agresividad, violencia, hechos frente a los cuales, habrá que asumir la necesaria postura, compromiso, responsabilidad ciudadana, y a su vez, exigencia para que el Estado asuma su papel   a fin de encontrar salidas viables y objetivas, a estos momentos enfermizos de la sociedad.

Nos parece que los principios de igualdad, justicia, lealtad, equidad, templanza, resultan ser importantes para trascender hacia una sociedad en la que las personas vivan con dignidad. Asimismo, se impone ahora más que nunca, la necesaria construcción de una democracia moral que permita generar altos niveles de satisfacción y felicidad.

Sabemos de sobra que una persona insatisfecha y deprimida es una bomba de tiempo que explotará en cualquier momento. Es un individuo que bajo estas circunstancias seguramente no ofrece lo mejor de sí a la vida social. En términos generales, no aporta nada para la convivencia humana. Lo peor del caso, es que en nuestra sociedad abundan estos casos lo cual llega hasta patologías de carácter colectivas.

Obviamente aspiramos a convivir con seres humanos alegres, satisfechos, lo cual contagiará el entusiasmo de vivir. Claro está, que lo más complejo y difícil es lograr que nuestra sociedad sea feliz, justa y solidaria, porque en el fondo lo que existe, es una conducta en la que unos medran de los otros de manera desproporcionada y terriblemente agresiva. 

Desde esta perspectiva, nos parece que es necesario trabajar en torno a la democracia moral, descubriendo a través de la participación ciudadana, valores que amarren un ideario ético para la sociedad.

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