
El futuro deseado
Tanmi Tnam
El año 2025 está por terminar y hay familias que revisan lo que pasó durante los meses vividos y proyectan las condiciones deseables en los que están por venir. Siempre es recomendable atender aquellos momentos dedicados a visualizar el futuro que nos imaginamos para presentes y próximas generaciones. Quisiéramos esperar un mundo libre de inestabilidad política, problemas económicos, crisis de culturas y el medio ambiente sufriendo los efectos del cambio climático y la contaminación exagerada de sus componentes naturales. Queremos imaginar un mundo libre de odio, desigualdad y guerras.
Es tiempo de revisar los conceptos que están en uso actualmente, cuáles son las ideas y los argumentos que nos están llevando al irrespeto a la vida y la sobreexplotación de los elementos naturales. Es tiempo de revisar y cuestionar los conocimientos que gustan de la muerte, la desigualdad, las guerras y que provocan más hambre. ¿Dónde están los aportes de las ciencias que deberían conservar el planeta tierra y la vida de la humanidad? ¿Dónde están los conocimientos y las prácticas que tienen ojos, corazón y mente para disminuir la desigualdad?
Los pensadores actuales deben tener apertura para observar de cerca e identificar la vida de otros pueblos que cuentan con otros conceptos, principios y prácticas que tienen mucho que compartir con el mundo acerca de argumentos y aplicaciones que conservan la vida común de la humanidad y la del planeta tierra. En Guatemala, todavía están vivos los pueblos originarios que tienen conocimientos que reconocen la vida de lo que hay en el contexto: personas, plantas, árboles, ríos, lagos, piedras, aire y la Madre Tierra. Es posible conservar la vida con la presencia de todos los elementos naturales y el uso de la percepción de que cada ser vivo depende de la presencia de los demás. Los pueblos indígenas todavía poseen conocimientos para agricultura orgánica, salud, conservación de bosques, el servicio a la comunidad, entre otros.
Los conocimientos y prácticas de los pueblos indígenas ciertamente sobreviven en condiciones desiguales donde es fácil identificar pobreza, falta de oportunidades para acceder a la educación de todos los niveles, faltan fuentes de trabajo, persistencia de la educación escolar monocultural y monolingüe, la justicia desconoce el procedimiento de solución de conflictos con que cuentan las comunidades y los servicios de salud desprecian lo propio de las comunidades locales.
El reconocimiento de distintas dimensiones de la vida invita a tratar toda manifestación de vida con respeto. Está a la vista que en regiones donde habita población indígena, aun sufriendo los efectos de contar con tierras de poca extensión, es posible encontrar espacios donde abunda la biodiversidad, el uso de cultivos que vienen de la ancestralidad como el caso del maíz, la conservación de los bosques, suficientes aportes para la seguridad alimentaria y prácticas para conservar fuentes de agua, por mencionar algunos ejemplos. En medio de los cambios drásticos que hoy vivimos, es posible dialogar con los pueblos originarios para que compartan con todos, aquellos conocimientos y prácticas que conservan la vida del ambiente y de la humanidad.
El futuro deseado de nuestro país, necesita de la participación de todos y especialmente de los pueblos indígenas, que, a pesar de vivir los efectos de la marginación, todavía cuentan con conocimientos que cuidan las relaciones armoniosas entre personas y el medio ambiente. Si tratamos de ver algo del futuro de la vida común, este futuro es posible con los aportes de todos los pueblos.

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