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Rol del Maestro en la Educación Finlandesa

Ventana Cultural

Hablar de educación y del rol del docente implica un amplio campo de análisis y reflexión. En el contexto del convenio educativo firmado entre El Salvador y Finlandia, es imprescindible considerar los distintos factores y realidades que deben analizarse con profundidad y responsabilidad.

Es cierto que, para gobernar un país como El Salvador, la seguridad se ha convertido en un eje prioritario. Sin embargo, sin educación no hay nación posible. Para que un país avance, no basta con combatir las consecuencias: es necesario identificar y atender las causas. El fenómeno de las pandillas es una manifestación de una enfermedad social más profunda y, como toda enfermedad, requiere un tratamiento integral que vaya más allá de sus síntomas. En este sentido, la educación no se limita a la escuela ni a los planes de estudio; involucra el desarrollo de la sociedad en su conjunto y la construcción de comunidades cohesionadas en torno a un bien común.

Dentro de este marco, el docente cumple un rol fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Tradicionalmente, se le ha concebido como un repetidor de contenidos, limitado a libros de texto previamente establecidos y, en algunos casos, a la búsqueda de información adicional para enriquecer su cátedra. Sin embargo, los modelos educativos —desde el conductismo hasta el actual enfoque socioconstructivista— se enfrentan a tres grandes enemigos del aprendizaje.

1. Autoritarismo

Durante décadas se ha sostenido que el docente es la autoridad absoluta y que el estudiante debe obedecer sin cuestionar. Este enfoque ha demostrado ser contraproducente. La autoridad del adulto no debe imponerse si se pretende formar estudiantes abiertos al aprendizaje y capaces de desarrollar su curiosidad innata. En el sistema educativo finlandés, el docente ejerce autoridad desde el conocimiento, la confianza social y la coherencia ética. No controla cada movimiento ni gobierna mediante el castigo; goza de autonomía, y esta autonomía exige criterio profesional, responsabilidad y compromiso.

2. Exceso de control, corrección y evaluación

La evaluación es inevitable en cualquier sistema educativo, pero su uso indebido puede convertirse en un instrumento de desmotivación y descrédito. Con frecuencia, las evaluaciones y los juicios se aplican para señalar errores más que para acompañar procesos. En Finlandia, no se priorizan las pruebas estandarizadas ni la evaluación sumativa constante. Desde el inicio del año escolar y durante cada unidad, se exploran los conocimientos previos y se relacionan con los nuevos aprendizajes. Aquí cobra sentido la evaluación formativa: observar, acompañar y ajustar. El docente guía al estudiante para que comprenda las consecuencias de sus acciones, sin coacción ni exigencias de perfección inmediata.

3. Competencia, miedo y comparación

La competencia como supuesto motor de la motivación es una de las prácticas más dañinas del sistema educativo tradicional. Premios, comparaciones y recompensas externas terminan debilitando la motivación interna del estudiante. El sistema finlandés apuesta por el trabajo colaborativo y por un aula concebida como un espacio seguro, donde la creatividad y la iniciativa natural puedan florecer. En los primeros años de escolaridad —especialmente en parvularia y primaria— se prioriza el desarrollo artístico y expresivo: teatro, cuentacuentos, poesía, música y danza, tanto contemporánea como folklórica, como complemento esencial de la instrucción formal.

Más allá de estas funciones, el docente tiene la responsabilidad de provocar lo que se conoce como disonancia cognitiva. A la manera de Sócrates, mediante la dialéctica, las preguntas y el diálogo, conduce al estudiante a cuestionar, reflexionar y llegar a sus propias conclusiones. De este modo, el aprendizaje se vuelve significativo, práctico y socialmente útil, cumpliendo el verdadero fin de la educación: extraer y potenciar lo mejor del ser humano para el beneficio de la humanidad.

El sistema educativo finlandés demuestra que una educación sólida no se construye desde la imposición ni desde la prisa, sino desde la confianza en el docente y el respeto por los procesos humanos de aprendizaje. Recuperar el verdadero rol del maestro —como guía, formador y referente ético— es una tarea urgente para sociedades que aspiran a un desarrollo sostenible y justo. Apostar por la educación es apostar por el futuro, no como un discurso político, sino como una decisión estructural que transforma individuos, comunidades y naciones enteras. 

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Claudia Alexandra Figueroa Oberlin

El arte siempre lo llevé de la mano con la literatura, me dediqué al teatro, a la danza por más de quince años, y a las artes marciales, ahora soy miembro de diferentes asociaciones y academias de poesía: Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana, donde participo con crítica literaria, Academia Nacional e Internacional de Poesía de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, América Madre, Unidos por las Artes, Movimiento Literario de Centroamérica, y locutora de la radio el barco del romance con el programa Una Ventana al Mundo, donde hablo de los viajes, la historia y la cultura, recito poemas y leo cuentos o fragmentos de otros autores y propios.

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