OpiniónColumnas

¿ES ESTO DEMOCRACIA?

Una Guatemala Diferente Es Posible

En buena parte de América Latina, México, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia,  Venezuela y otros países de la región, así como el llamado triángulo norte de Centroamérica, se repite una escena dolorosa y conocida, estructuras criminales que asesinan, extorsionan, violan, desplazan comunidades completas y destruyen miles de vidas. Mientras el Estado observa con impotencia o complicidad, las familias viven entre el miedo y la resignación; los pequeños comercios sobreviven pagando extorsión y la economía se asfixia por una violencia que no solo es cotidiana, sino sistemática, ante esa realidad, surge una pregunta inevitable ¿Podemos seguir llamando “democracia” a un sistema que no garantiza lo mas básico, la vida y la seguridad?

Durante décadas se nos enseño que la democracia se sostiene con elecciones periódicas, división de poderes, libertades civiles y procedimientos institucionales, sin embargo, en nuestros países ese modelo formal convive con territorios dominados por narcos, maras y otras estructuras criminales que ejercen un poder real, armado y despiadado, el Estado democrático existe en el papel; en la práctica, en vastas regiones ha sido desplazado por actores ilegales que cobran impuestos, imponen justicia, reclutan jóvenes y deciden quien vive y quien muere, ¿Puede un sistema considerarse democrático si no controla su propio territorio?

La respuesta obliga a una reflexión profunda, la democracia Latinoamericana que opera y está diseñada, no fue construida para enfrentar actores criminales que poseen mas recursos, mas armas y mas control social que las propias instituciones públicas, nuestros países heredaron democracias frágiles, con instituciones débiles, mal financiadas y muchas veces cooptadas por la corrupción, en ese vacío, el crimen organizado creció hasta convertirse en una amenaza existencial para el desarrollo.

Es imposible ignorar el contraste con El Salvador, el presidente Nayib Bukele, polémico, criticado por unos y aplaudido por otros en foros internacionales, tomó una decisión que muchos consideraban imposible, romper el dominio de las pandillas y recuperar el control del territorio, su estrategia, basada en la aplicación dura de la ley, la eliminación de privilegios carcelarios y la reforma del sistema de seguridad, redujo drásticamente los homicidios y alteró la ecuación de poder que había permitido que las estructuras criminales gobernaran barrios, escuelas y mercados, más allá de simpatías o críticas, el caso salvadoreño demuestra algo que el resto del continente se niega aceptar, sí es posible cambiar las condiciones de inseguridad cuando el Estado decide ejercer plenamente su autoridad.

¿Por qué entonces los demás gobiernos no pueden, o no quieren actuar con la misma firmeza? La respuesta es múltiple, en parte por la infiltración criminal en las instituciones, policías, fiscales, jueces y funcionarios que operan a favor de las mafias, ya sea por corrupción o por miedo, o, porque también ciertos sectores políticos  han usado el discurso democrático como escudo para evitar reformas profundas, aun cuando esa misma democracia esta siendo devorada por el crimen organizado, y en parte, porque muchos gobiernos prefieren no confrontar a grupos que pueden generar violencia inmediata, aunque esa pasividad signifique la muerte lenta de la sociedad.

Pero ningún país puede permitirse mantener ese rumbo, la criminalidad organizada es hoy el principal freno al desarrollo en América Latina, por eso, urge replantear el modelo democrático, el cual debe fortalecerse y evolucionar para responder a un entorno criminal que actúa como poder paralelo, se requieren Estados más fuertes, con leyes mas firmes, instituciones blindadas contra la corrupción y una visión de seguridad que ponga en el centro la protección de la población honrada, y no los privilegios de los criminales.

El mundo cambio, y nuestros países no pueden seguir defendiendo una democracia meramente procedimental que no protege a sus ciudadanos; la verdadera democracia no solo es votar cada cuatro años, es vivir sin miedo, que la ley se cumpla, que el Estado recupere el control del territorio y garantice justicia para las víctimas.

América Latina enfrenta una encrucijada histórica, o se reforman las instituciones para derrotar el crimen organizado, o la región seguirá atrapada en un modelo democrático incapaz de garantizar lo mas básico, el derecho a vivir en paz.

AL RESCATE DE GUATEMALA.

GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

Area de Opinión
Libre emisión del pensamiento.

Le invitamos a leer más del autor: