Hacia detrás y hacia delante
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No recuerdo cuando mi profesora de geografía – años luz – me explicó lo de los husos horarios. ¿Cómo darme cuenta no del fundamento o soporte científico, sino de su evidencia real? Hay noticieros extranjeros que suelen indicarnos qué hora es en tal o más cual país, otra muestra de ello es en nuestro propio aeropuerto internacional, donde una serie de relojes con placas en su parte inferior que indican las capitales más importantes del mundo de varios continentes, nos enuncian la diferencia de hora entre una y otra ciudad con relación a la nuestra.
Cuando me ha tocado viajar, por razones laborales o personales, si es dentro de Centroamérica, no hay problemas, situados en el mismo horario, al encontrarnos en el mismo huso, cuando llegamos al lugar de origen, comunicarnos con nuestros familiares resulta sencillo, porque sabemos dónde están (donde no viene mal una llamadita de control, si su hijo o hija estudia; recuerde que no podemos perderle ni pie, ni pisada, bien en el instituto o la universidad)
El problema surge cuando hay horas de diferencias, con relación a la patria que nos vio nacer. Sin embargo, hay diferencias significativas, las cuales dependen del número: a mayor diferencia, mayor confusión, más lenta la adaptación, a lo que adiciono el tiempo que estés fuera.
Me basaré en dos ejemplos: Una hora de diferencia. Al parecer no es tan traumático, y lo que se me ocurrió hacer, fue simplemente dejar en mi reloj en la hora de mi país – (Nota para reflexionar: ¿ha pensado usted la contradictorio de que hoy en día usted encuentra relojes en todas partes, en su muñeca, en una pulsera, en el celular, en el auto, y seguimos siendo algo impuntuales?, ¡propóngaselo y llegue a tiempo, sin excusa alguna!) – a la cual sencillamente le restaba una hora.
¿Consecuencias? Tal vez la cercanía geográfica, era lo que no permitía, levantarme a la hora en el país que visitaba, sino a la hora nuestra. ¿Qué hacer para aprovechar la misma, leer, asomarme al balcón para ver la noche que se disipaba, las estrellas que corrían a esconderse para dar lugar a los primeros rayos solares, que se asomaban lentamente, relevando a la oscuridad e indicando el inicio de un nuevo día?
¿El resto de la familia, que me daba cobija? Se levantaba una hora después. ¿Y en el caso de los tiempos de comida? Esperar una hora después o buscar en el refrigerador alguna boquita que amainara el inicio de un proceso de salivación indicando, es hora de desayunar, almorzar o comer.
A grosso modo lo antes expuesto era lo más significativo. ¿El segundo ejemplo? 11 horas y medias de vuelo y 8 horas delante de la nuestra, digamos 12 m en Centroamérica, 8 de la tarde ¿de la tarde? en el país que visitábamos.
¿Contradicciones al cambiar significativamente el número de horas? Desayunar, con relación a mi país de origen, a las 3 p.m. del propio día, almorzar a las 11 p.m. también del mismo día y en el caso de la cena o comida 6 a.m. del día siguiente.
Se me acaba el espacio, ¿Por qué 8 de la tarde? Estimados amigos el Astro Rey, ¡casi no dormía! 6 a.m. – 9 p.m. ¡Qué lio!, ¿verdad?

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