
Inequidad y corrupción
Antropos
Deberes del Estado. “Es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República, la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona”. Artículo 2 de la Constitución Política de la República de Guatemala.
A pocos días que la ciudadanía guatemalteca vote por alguno de los dos candidatos que se presentan para ocupar la presidencia de la República de Guatemala, es conveniente enfatizar en problemas centrales, que a mi parecer son de urgencia nacional. Me refiero en primer lugar, al tema de la corrupción, seguridad ciudadana y alimentaria, infraestructura y educación, en la medida que ésta baña a todo el quehacer del Estado. O sea, la inequidad y la corrupción están presentes a lo largo y ancho del país.
Ahora me ocuparé principalmente, de la corrupción, tomando en cuenta, las ideas de la educadora Beatriz Villarreal, quien entiende este fenómeno social “como la práctica que consiste en hacer abuso del poder para sacar provecho propio, económico o político. En este sentido en Guatemala se ha entronizado y hasta institucionalizado la corrupción política (no la democracia) como sistema político. La corrupción política es hacer un mal uso del poder político para sacar ventaja ilegítima. Esto hace urgente buscar medidas para eliminar esta corrupción en el Estado. Fortalecer instituciones cuya función sea acabar con esta terrible lacra social, con plataformas de participación, control ciudadano y con acciones punitivas ejemplarizantes”.
Villarreal, hace hincapié que “el tráfico de influencias, el soborno, la extorsión, el robo, el mal uso y desviación de los dineros públicos, tan común en la nación, ha llevado a diferentes analistas a señalar de cleptocracia al sistema guatemalteco, pues está centrado en el enriquecimiento ilícito de sus dirigentes. Este es el motivo que ha llevado a casi todos los gobiernos, después de la firma de los Acuerdos de Paz, a olvidarse de las grandes dificultades que tiene esta sociedad. Ejemplo de esto es que aún después de largos años, no se ha logrado erradicar, la inequidad, tal como una capacidad para realizar un plan nacional nutricional para combatir la pobreza y la desnutrición infantil. Situación que se ha agravado en los últimos años con la sequía”.
Desde este punto de vista, una de las preocupaciones más sentidas por los guatemaltecos es el impacto del fenómeno de la corrupción y la falta de transparencia en la gestión pública. Lo cual genera tergiversación de las actividades sociales, pérdida de eficacia, uso ineficiente de los recursos, clima de duda y desconfianza que desmotiva las iniciativas.
Hace falta en la gestión del Estado, transparencia, para que esta se convierta en una de las virtudes cívicas por excelencia que en el ejercicio de la administración pública sea un principio vital. De ahí, Laporta, uno de los teóricos de este tema, afirma taxativamente, que “un Estado democrático de Derecho es el sistema político que menos favorece la corrupción y es el sistema político que mejor lucha contra la corrupción”. Lo cual indica que es una especie de perversidad que atenta con la práctica democrática. Principalmente, porque los ciudadanos confían en las decisiones que sus gobernantes toman y, al convertirse esto, en una especie de traición de los funcionarios hacia el pueblo que los ha electo, hace germinar la desconfianza hacia prácticas gubernamentales que atentan contra la ética y lo moral, desligándose, de la honestidad y búsqueda del bienestar general. O sea, no se logra avanzar en la superación de la inequidad que hace más pobres a los pobres.
La presencia arrolladora de la corrupción en el Estado, genera escepticismo ciudadano. Desconfianza en las instituciones como el gobierno central, administración de justicia y Congreso de la República.
De ahí que erradicar la corrupción que corroe la raíz de la naturaleza del Estado y de la sociedad, sea de alta responsabilidad educativa, para que impere la ética y la moral. No es justo que en un contexto social donde abunda la inequidad humana, los corruptos que violentan la vida ciudadana se puedan salir con la suya, con una sonrisa cínica. Obviamente, como no hay nada oculto entre el cielo y la tierra, más temprano que tarde, la justicia los alcanzará o al menos, cargarán con el desprecio de la ciudadanía y de su propia familia que se sentirán avergonzados de tales actos siniestros contra la vida pública del país.

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