
Infocracia
Ventana Cultural
Leyendo sobre el tema, podemos decir que infocracia, si lo desglosamos como democracia, que significa gobierno del pueblo, deducimos que infocracia es el gobierno de la información, o, más bien, de la inteligencia artificial.
Aunque históricamente, la democracia se instauró en Grecia hace muchos siglos, no fue sino hasta el siglo XV cuando se inventó la imprenta y la publicación de libros, luego, unos siglos más tarde, llegó la ilustración. Aunque el autor no acusa directamente a los medios masivos de comunicación sobre la mediocracia o mediocratización del discurso político, ya que estos fraccionan dichos actos y propuestas.
Platón, en su libro compilatorio La República, expone a través de los diálogos con Sócrates que transcribió haciendo hincapié en un elemento, el mito de la caverna. Esta es una alegoría muy explicativa de la sociedad y de la historia de la humanidad. El autor retoma este fenómeno, no solo para demostrar que así ha sido siempre. La humanidad presa en un teatro de sombras donde “los amos de la caverna” proyectaban las imágenes a través de efectos de luz. Haciendo un contraste con la actualidad, la sociedad del espectáculo, como la llamó el premio nóbel de literatura Mario Vargas Llosa, nació para quedarse.
La sociedad actual habla, opina según las ideas de lo que se presentan en las pantallas del televisor. Una droga tan adictiva como cualquiera que se consuma. Citando a dos autores, con visiones altamente opuestas, pero muy ciertas. Uno hablaba de su mayor temor: lo que más despreciábamos era lo que nos iba a destruir y el otro hablaba que lo que nos daba mayor placer sería nuestra destrucción. Nada más acorde a la realidad. El hombre que no lee, no piensa, no critica, no cuestiona.
Del telescreen pasamos al touchscreen. La tecnología va avanzando tanto que nos sumimos en esta vorágine “comunicativa”. Las redes sociales son ahora el medio activo de la comunicación. Vivimos una época que queremos todo para ya, y los medios digitales están para satisfacer esa demanda.
“En una sociedad de la información ya no se puede hablar de un comportamiento racional, sino, en el mejor de los casos, de comportamiento inteligente”. Si tomamos en cuenta esta observación, podríamos decir que ahora no solo debe ser un comportamiento inteligente, sino, políticamente correcto.
Actualmente, la sociedad de consumo se ha intensificado notablemente, tanto así, que el público se ha fraccionado en segmentos cada vez más pequeños y estratificados de acuerdo a gustos, intereses, momentos. Ahora las redes sociales no solo están para conectar el mundo y acercar a los que están lejos y alejar a los que están cerca.
Gracias a este régimen mediocrático o redocrático – si es necesario crear palabras nuevas – y, amalgamando los conceptos de los diferentes autores, haciendo referencia al tema que estamos tratando, se plantea que, en la política actual, la forma de actuar de los participantes, tanto en el quehacer político como el espectador – oyente que está presente dentro del juego, requiere de un discurso que atraiga y entretenga. El público, el pueblo desea ver resultados rápidos. Los medios actuales han estupidizado a la población completa haciéndolas fieles creyentes de lo que ven.
Durante el siglo XIX, los discursos y debates eran bidireccionales, había mensaje, código, emisor, receptor, medio por donde se enviaba la información. No existía la tecnología que se maneja hoy en día. Y, como la misma palabra lo indica, en su significado etimológico, los argumentos discurrían, “chorreaba”, se derramaban, y llegaba a un público ávido de interés y conocimiento político. En la actualidad, el discurso es vacío, se vuelve un show mediático más que político.
El discurso tiene como objetivo modificar tu percepción de la vida y la realidad, para eso se requiere que el oyente tenga “capacidad discursiva”, solo aquel individuo que carece de dicha capacidad, no escuchará ni atenderá lo que se le quiere comunicar, ya sea a que modifique su conducta o, mejore su percepción y, por ende, su conclusión o las ideas previas que ya tenía, añadiendo nuevos elementos a la forma de pensamiento.
Cierro con este pensamiento: vivimos tan encerrados en nuestro pequeño mundo que, el salir es un acto de valentía. El mundo digital ha hecho que, en lugar de escuchar al otro para tener una interacción efectiva, desarrollando la armonía en la convivencia comunitaria, ha logrado que nos enfrasquemos en nosotros mismos. Ya no existe la comunidad, ese lugar donde todos trabajan para el bien común, hoy, solo nos escuchamos a nosotros mismos y nos hemos olvidado del mundo exterior. Es necesario volver a reconectarnos, volver a ser comunidad, es decir, una común unidad, donde todos participemos por el bien común y se restablezca la verdadera comunicación, el verdadero discurso, para que fluya, discurra y se riegue.

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