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Joviel Acevedo y la perversión sindical 

Barataria

En plena guerra fría en Guatemala existieron muchos líderes sindicales que fueron asesinados por las dictaduras instauradas en el país entre los años sesenta a los ochenta.   Podemos mencionar muchos que tuvieron, en aquel tiempo, el valor de enfrentar a los poderes fácticos y al exacerbado poder del Estado cuyo aparato de seguridad encubierto junto con los famosos “orejas” hacía de las suyas desapareciendo y asesinando a muchos por el solo hecho de participar en la creación de sindicatos, en la dirigencia o bien por simpatizar con estos.  Sin embargo viene a mi memoria la figura del Licenciado Mario López Larrave, una persona entregada al derecho laboral y promotor de las causas laborales y defensa del trabajador.  Llegó a ser Decano de la Facultad de Derecho de la USAC, de aquellos verdaderos Decanos de antaño, no como el mequetrefe Decano actual el señor Arriaga que ha estado comprando las elecciones desde hace un tiempo y sonriente vuelve a ser Decano para seguir esquilmando la USAC y la otrora Facultad de Derecho cuyos egresados eran muy aceptos por la sociedad no solo por la calidad académica con que se graduaban sino por el sentido social que le daban a la carrera ahora ha llegado a ser “el negocio de unos pocos” con Arriaga como el líder de la clica.  En fin, el Licenciado Lopez Larrave fue un líder promotor del movimiento sindical que buscó desde la academia fortalecerlo para que no cayera en manos de mercaderes del sindicalismo.  En aquellos aciagos años, ser líder sindical era sinónimo de candidato a morir, muchos lideres de sindicatos de empresas fueron encarcelados y sufrieron muchos, de los pocos que se libraron de la muerte terminaron exilados y otros tantos en la tumba.

A partir de 1985, con el inicio de lo que se ha llamado en Guatemala “La Era Democrática” (Democracia es lo menos que tenemos en el país), la libertad sindical tomó un giro inusitado porque se dejó de perseguir sistemáticamente al sindicalismo y con ello se promovió las facilidades para la conformación e inscripción de los sindicatos, de tal manera que esto debió haber significado mejoras a los trabajadores en los ámbitos que le correspondía en defensa de derechos laborales.   Los trabajadores del Estado tuvieron la oportunidad de poder promover la inscripción de sindicatos y con ello se abrió la puerta a que los servidores públicos pudieran establecer pautas de mejoras a sus derechos laborales lo cual no solo es loable, sino que además necesaria para la consolidación de un Estado de Derecho.

Sin embargo, poco a poco el sindicalismo decayó, ya que al día de hoy se registran en Guatemala un total de 3,261 sindicatos entre los sindicatos del sector privado y del sector público.  Lamentablemente, como suele suceder con las instituciones guatemaltecas no hay un registro determinado entre cuales son sindicatos del sector público y cuales, del sector privado, pero se tiene conocimiento de que la mayoría de sindicatos pertenecen al sector público. Ya aquellas federaciones sindicales de antaño no se sabe si existen porque no se pronuncian en nada, nadie se acuerda de CUSG, UNSITRAGUA, CGTG, FENASTEG porque sus liderazgos decayeron con aquellos que quisieron mantenerse sin recambios en la dirección, ahora son cadáveres institucionales y con ellos muchos sindicatos también. 

Ahora el auge en Guatemala lo han mantenido los sindicatos del sector público, existe una verdadera perversión en este movimiento sindical, los sindicatos en el sector público se reproducen a un ritmo acelerado.  Para muestra un botón, sindicatos municipales registrados hasta el año 2024 suman 401 tomando en cuenta que en Guatemala únicamente hay 340 municipios, estamos hablando que “sobran” 61 sindicatos. ¿En dónde está el problema?   La primera perversión del sistema sindical en Guatemala radica en que se permite y existe más de un sindicato para una misma institución.

En las instituciones públicas en Guatemala hay hasta dos o mas sindicatos, en el caso de algunas instituciones, además del sindicato que se haya conformado hace muchos años, aparecen sindicatos de reciente creación que por lo general han sido promovidos por los mismos funcionarios con el objeto de hacer un contrapeso en el movimiento sindical.  Así, por ejemplo, en el Ministerio de Salud existen al menos 52 sindicatos, en el Ministerio de Educación hay al menos 52 sindicatos y así podemos hacer una lista de instituciones con mas de un sindicato, todos tiran para su lado, unos a favor del funcionario de turno y otros en contra, unos buscando negociar y al final quienes terminan negociando pactos colectivos son los sindicatos mayoritarios o más fuertes.

El problema del sindicalismo en Guatemala en el sector público es que se ha pervertido el movimiento. Los líderes sindicales no buscan promover mejoras para los trabajadores y tampoco ofrecen mejorar los servicios públicos que se prestan, así también; los líderes sindicales no denuncian, sus instituciones son la fachada de coacción a la hora de negociar pactos colectivos cuyas prebendas para la dirección siempre son lo primero que se recetan, así los funcionarios de turno se van a la celebración de pactos colectivos ofreciendo aumentos, bonos extras, licencias sindicales con una serie de privilegios tantos para poder “gobernar” lo que ha sido sinónimo de “hacer trinquetes”.

De tal manera que los sindicatos en el sector público ya no son grupos de poder que luchan a la par del empleado público para mejorar dos cosas: Los derechos laborales y la calidad del servicio.  Es difícil entender cómo los sindicatos no denuncian la corrupción que hay en los ministerios del Estado e instituciones públicas cuando son ellos los que están dentro de tales instituciones.  La razón lógica es que, si el funcionario “está alineado” con el sindicato, puede hacer lo que quiera con el dinero público, ningún sindicato por muy fuerte que sea como el STEG de Joviel Acevedo, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud de Guatemala -SNTSG-  de Luis Alpírez  van a reprocharle nada, siempre y cuando les conceda lo que quieren, de tal manera que aquellos sindicatos creados con el fin de proteger a los trabajadores, ahora mismo han llegado a ser instrumentos de control de las instituciones públicas, no tienen otro objetivo que controlar al funcionario que, mas entretenido en qué negocios hace para cuando salga del poder no vuelva a trabajar, entonces les ofrece el oro y el moro con tal de que lo dejen en el cargo.  Cuanto un funcionario quiere limpiar la institución y hacer un trabajo correcto y “no se alinea” entonces los sindicatos empiezan con las amenazas de huelgas y las cumplen, huelgas a las que obligan a los trabajadores a apoyarlas bajo pena de represalias de los sindicatos si no lo hacen.  

Así las cosas los sindicatos públicos han logrado grandes “conquistas sociales” como por ejemplo heredar los puestos de trabajo, aunque suene irrisorio, hay sindicatos que han logrado en instituciones públicas guatemaltecas que, cuando el trabajador se jubile, puede dejarle el cargo a uno de sus descendientes aunque no tenga la calificación para el puesto, pero esta es “una conquista social”  y, aunque parezca muy raro, es precisamente el sindicato de la Empresa Portuaria Nacional quien logró que se incluyera este famoso logro laboral. Otra “conquista social” que logró este sindicato fue la obligación de la EMPORNAC de entregarle a cada trabajador cinco rollos de papel higiénico al mes.    Allí está el problema, estos casos no son aislados, hay algunos otros que van con la dirigencia sindical como los logros del STEG de Joviel Acevedo que tienen como “conquistas sociales” como la licencia sindical que no es otra cosas que ausentarse completamente de sus labores todo el tiempo para dedicarse a labores sindicales, así el señor Joviel Acevedo tiene años de no dar una sola clase a los niños de la escuela en donde esta nombrado en Izabal porque “sufre con la actividad sindical que le demanda todo el tiempo”.  Prebendas como viáticos, dietas y gastos que le deben ser pagados a costa del erario y además de ello la remodelación de la casa del maestro en la ciudad de Guatemala para cuando venga a protestar a la Plaza Mayor ya que, en ese lugar los maestros duermen y pernoctan en carpas frente al Palacio Nacional, su líder sindical necesita un tiempo para descanso y remanso en su suite. 

En realidad a juzgar de lo que ha sucedido en el país durante los últimos años, no cabe la menor duda que los sindicatos en el sector público son un lastre muy pesado que lleva el país, derivado de que, de ninguna manera se puede apreciar beneficio alguno para los trabajadores, luego de pactar aumentos salariales, muchos de ellos tan perversos como los que se dieron en el Congreso de la República en donde la obligación de aumentar año con año, sin precisar los puestos de trabajo y las calificaciones, provocó que hasta un conserje (sin menospreciar el trabajo claro está) ganara mucho más que un Diputado.  Perversiones como  la anterior, sumado a que los sindicatos del Estado tienen una falta de democracia interna en su organización ya que manipulan la elección para seguir ad eternun  y así tenemos dirigentes longevos como Joviel Acevedo que tiene mas de dos décadas al frente de “su” sindicato, si surge alguna alternativa,  la bloquean porque no quieren soltar el poder ya que es su modus  vivendi  y lo seguirá siendo por muchos años hasta que el Gobierno y el Congreso se pongan de acuerdo en hacer una reforma integral al derecho del trabajo que data, desde mediados del siglo pasado y con tanta laguna legal, prefieren mantenerlo así que viabilizar una forma práctica para que los sindicatos del sector público sean verdaderamente instituciones que velen por los derechos del trabajador y la calidad del servicio. 

Al final cabe preguntarnos, especialmente en estos últimos días, si ¿Los sindicatos del sector público son un beneficio para el desarrollo del país? ¿Cuánto han ayudado a mejorar la calidad del servicio público? ¿El sindicato que dirige el señor Joviel Acevedo, ha promovido mejora en la calidad educativa del país siendo que tiene poder para “torcerles el brazo a los ministros”?  En tanto la función pública guatemalteca cada día se pierde en marasmos provocados por la corrupción galopante que le cuesta al pueblo millones de quetzales en pérdida, los sindicatos del sector público pueden ser un medio para purgar al Estado y obligarle a sanear las instituciones combatiendo la corrupción que sería estar al lado del pueblo o bien pueden ser parte del problema, estar al lado de los funcionarios corruptos y terminar siendo los cómplices de los funcionarios y gobiernos corruptos de la “era democrática”.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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