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La Escuela de Arte en el Edificio de Correos

Antropos

LEJANIA
En este país pequeño,
Todo queda lejos:
La comida,
Las letras,
La ropa.
Humberto Ak´abal , poeta guatemalteco.

La ciudad de Guatemala fue construida a partir de su traslado desde la Antigua como secuela de un terremoto que casi destruyó ese bello lugar. El nuevo centro urbano alzó su vuelo, bajo el espíritu de una arquitectura neocolonial hispánica. Sus calles y avenidas se trazaron de una manera adecuada, colocando al centro, el espacio de gobierno y otras instancias públicas, así como el área comercial.

Años después, siendo gobernante el general Jorge Ubico, construyó edificios qué hasta hoy, son íconos que le dan una singular elegancia al llamado “Centro Histórico”. Por ejemplo, para el caso que ahora nos interesa, el edificio de correos se construyó entre los años 1937-1940, el llamado Museo Postal de Correos y Telégrafos, en el cual destaca un “arco y puente inspirado en el arco de Santa Catalina de la Antigua Guatemala”.

Atendiendo lo que describen algunos autores, nos indican que sus “características físicas, está conformado por dos edificios unidos por el arco en mención, el cual presenta en el frontispicio el escudo de armas, arquerías, paredes anchas y arcos de medio punto decorados con estrellas” obedece según los investigadores, a una arquitectura neocolonial española, diseñado por Rafael Pérez de León y Enrique Riera, quienes a su vez, diseñaron la construcción del Palacio Nacional y de las Escuelas Tipo Federación por encargo del doctor Juan José Arévalo.

El año de 1981, se declara este edificio, como Monumento Nacional, convirtiéndose en Patrimonio Cultural de la Nación el cual pasó a ser uno más de los similares ubicado en el corazón del Centro Histórico.

Pero y además, habrá que puntualizar que el edificio de Correos se inauguró finalmente en el marco de la revolución del cuarenta y cuatro, el 19 de noviembre de 1945, lo que nos lleva a afirmar que el gobierno del doctor Juan José Arévalo Bermejo lo aprecio por su belleza arquitectónica y utilidad para la ciudadanía guatemalteca en cuanto al uso de correspondencia.

Ahora los días han pasado, y existen otras formas de comunicación más rápidas y precisas, por lo cual, las oficinas de correo poco a poco se volvieron obsoletas y los carteros desaparecieron. De ahí, qué por iniciativa de la municipalidad de la ciudad capital, se logró un acuerdo hace más de veinte años con el gobierno central, a fin de utilizar estos bellos espacios, para una Escuela de Arte, de lo cual, pienso, que el doctor Juan José Arévalo se sentiría orgulloso, por ser él, un educador y hombre de letras. Quizás valdría la pena, según lo dijo mi amigo periodista Mario Recinos, que el gobierno debería de construir un edificio moderno para uso de correos.

En la práctica esta Escuela ha logrado sus propósitos y asiste una suma de cinco mil personas, entre niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, así como colectivos de artistas, quienes se han acercado a las artes, unos en música, danza clásica, artes visuales, escultura, danza recreativa, ajedrez entre otras.

Padres y abuelos que tienen a sus hijas e hijos en este centro de espiritu creativo, me comentan que sienten tristeza porque Félix Alvarado, ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda del actual gobierno del hijo del doctor Juan José Arévalo, los quiere desalojar, para colocar según, él, las oficinas de correos, pero en el fondo interpretan que las verdaderas intenciones son las de ubicar oficinas administrativas de esta instancia gubernamental. O sea, cambiar el arte por la burocracia administrativa.

El actual alcalde de la ciudad Ricardo Quiñónez ha dicho que “nos duele profundamente pensar en la posibilidad de que nuestros niños, jóvenes, adultos y adultos mayores y colectivos de artistas, pierdan este espacio físico que ha brindado tantas oportunidades de aprendizaje, creatividad y expresión”.

Estas palabras del alcalde, las hago mías, porque esta Escuela de Arte ubicada en el corazón del Centro Histórico definido como un ícono arquitectónico de la ciudad capital es de valor incalculable, por lo que parece un absurdo de mal gusto, el sólo hecho de pensar la conversión de este hermoso lugar, en frías oficinas administrativas, según pretensiones del ministro de comunicaciones. Desde mi forma de opinar, pienso que es contrario a toda lógica de gobernabilidad. Es una acción ministerial impensable y de corta mirada, porque se le negarían las posibilidades a la ciudadanía de contar con un espacio ideal para elevar el espíritu humano a través del arte.

Dichosamente el presidente Bernardo Arévalo, por su formación humanística y en honor a su padre Juan José Arévalo, le indicó a su ministro de comunicaciones dar marcha atrás a tales pretensiones administrativistas, y garantizó la continuidad de estudiantes de arte en el edificio de correos. Esta acción presidencial es una buena señal a favor de más cultura para todas y todos los guatemaltecos, porque este edificio de correos es tan hermoso y elegante, que sólo se puede apreciar ahora, como un centro verdaderamente de aprendizaje y creatividad artística cultural.

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