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¿La globalización está en retirada?

“Abominad la boca que predice desgracias eternas,
abominad los ojos que ven solo zodiacos funestos,
abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres,
o que la tea empuñan o la daga suicida”
Rubén Darío

Desde sus inicios, el capitalismo contó como fundamento de su crecimiento acelerado con el comercio internacional. Los economistas clásicos Smith, Ricardo, Marx, Say, entre otros concebían que el intercambio con el mundo y la especialización eran las fuentes por las que el capitalismo desarrollado se apropiaría del mundo y que el tercer mundo tendría alguna esperanza solamente sí lograba incorporarse al comercio mundial con algún producto industrial (en la modernidad, con algún servicio avanzado, también).

En un reciente informe[1], el FMI observa que la globalización se ha frenado, generando una serie de impactos en toda la economía mundial. Según el estudio el frenazo del comercio puede provocar grandes cambios en todo el entorno. Algunas preguntas de interés: “¿La globalización está en retirada o no?, ¿en qué medida y cuáles son las consecuencias para la prosperidad mundial y la reducción de la pobreza?”

El asunto tiene sumido al mundo académico en un fuerte debate: ¿Ha llegado el fin de la globalización?, ¿algunos países pueden ser autárquicos?, ¿podemos dividir al mundo en sectores de interés de las potencias para que no se enfrente y nos lleven al holocausto?, ¿los países del tercer mundo podrán sobrevivir o habrá que reformarlos o reconvertirlos en colonias?

¿Seguirá siendo el comercio internacional una fuente para el desarrollo?, ¿o, se ha convertido en un límite al bienestar humano?, ¿o, el humano y el comercio internacional serán el mayor peligro para la vida en la tierra?

Al seguir las tendencias desde que finalizó la segunda guerra mundial, vemos que la economía internacional inició un proceso acelerado de cambios y transformaciones, mediante los cuales se profundizó la interdependencia entre las economías nacionales y se fortaleció la transformación de la estructura productiva mundial, permitiendo que las decisiones de cada nación dejaran de ser cotos cerrados y cayeran bajo el peso de grandes organismos transnacionales. Esto fue posible porque el incremento de la producción y el comercio, aumentaron el bienestar en todo el mundo. Fue una gran ilusión, que terminó con una serie de crisis a partir de finales de los 80.

Las relaciones económicas internacionales de cada nación muestran una tendencia discordante. Por una parte las fuerzas y grupos sociales internos tratan de imponer su sello a los vínculos internacionales de la nación, por otra parte los organismos internacionales definen ciertos principios y valores que tratan de homogenizar a escala internacional. Cada país toma un rumbo y alcanza ciertos objetivos nacionales de acuerdo con quien predomine en esta interacción.

El estudio de la economía internacional examina la manera como interactúan las diferentes economías en el proceso de asignación de recursos productivos y la distribución de bienes y servicios a escala mundial. Los países que poseen las materias primas esenciales se convierten en presas de caza para las grandes empresas y potencias. Su destino mejora o empeora de acuerdo con su madurez política como naciones o Estados. La economía internacional se divide en dos ramas principales: el comercio internacional y las finanzas internacionales. El comercio internacional estudia el intercambio mundial de bienes, servicios y factores productivos; las finanzas internacionales se concentran en el estudio de los aspectos monetarios y financieros de las relaciones internacionales.

Aquella ilusión de la edad de oro del capitalismo, el llamado fin de la historia, se realizó entre 1945 y 1990. Medio siglo de integración mundial, con el sueño de que la globalización creciente generaría un mundo unificado y sin conflictos. Por fin se podía eliminar la pobreza y el hambre del mundo. En algunos lugares del tercer mundo aparecieron “economías emergentes”, que podían ingresar a las cadenas de valor mundiales y generar exportaciones importantes. El mundo moderno con sus profundas comunicaciones, aumento del transporte y uso intensivo de las tecnologías de la información facilitan y abaratan las transacciones comerciales, el acceso a los mercados y el intercambio de recursos, conocimientos y tecnología parecían alumbrar un mundo nuevo. Pero, todo se derrumbó. La concentración de capitales y tecnología, el aumento de las crisis de sobreproducción, el desempleo masivo generado por las modernas tecnologías y las brechas entre ricos y pobres pulverizaron las ilusiones.

La competencia, la división del trabajo, el comercio internacional, son las banderas con las que el capitalismo derrumba todas las fronteras y prepara sus crisis periódicas de identidad. Se dijo hace 175 años, merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos, las máquinas y la tecnología; gracias al exuberante progreso de los medios de comunicación, las computadoras y las finanzas, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta las que viven con los resabios del feudalismo y las creencias.

Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas y obliga a subirse al carro del gasto de dinero hasta los más fanáticos. Lo que obliga a todas las naciones, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización. Todo sucumbe al empuje del capitalismo, un sistema invencible, modernizante, estrangulador y destructor del ambiente. Este sistema ya sometió el campo al dominio de la ciudad. Por todos lados aparecen urbes inmensas; concentra enormemente la población de las ciudades en comparación con la del campo. Sometió el Oriente al Occidente. En los congresos del partido comunista chino, todos visten tacuches de casimir inglés.

Pero todo lo que empieza tiene su fin. Todo lo que nace muere. A la globalización le cuesta lidiar con el desempleo creado por el desarrollo de la inteligencia artificial, el humano se vuelve obsoleto, las máquinas son miles de veces más rápidas, eficientes y ya más inteligentes. Además, no puede lidiar con las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero; y, no puede lidiar con la pérdida de confianza en las autoridades, que viven en el fango de la corrupción y la ineficiencia.

En sus informes el Banco Mundial señala importantes características que empobrecen las relaciones internacionales[2]. En efecto, la pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania y las tensiones entre China y Estados Unidos empujan a que países y empresas tengan que repensar sus estrategias mundiales. Tenemos que responder: ¿hasta qué punto la globalización está en retirada?, ¿se podrá vivir mejor en un mundo fracturado?, ¿el liberalismo clásico: libre mercado y democracias electorales tendrán futuro?, ¿algunos países podrán ser autárquicos?, ¿quién o quiénes podrán garantizar un liderazgo que permita vivir bajo una lógica y una ilusión creíble?

A casi 15 días de la segunda vuelta electoral, el próximo gobierno tiene que tener una idea acerca de qué política económica diseñar. O, seguiremos dándole copypage, a los mandatos del FMI y BM. Un país, en el momento actual necesita un liderazgo que no permita que la política económica corra el riesgo ni de sobreestimar la desglobalización, ni subestimar los costos de un proceso que está sucediendo ante nosotros.

La relación entre comercio y PIB —que calcula la importancia relativa de las importaciones de un país y las exportaciones hacia su economía— es una manera de medir el nivel de “apertura” al comercio. Esta relación aumentó constantemente hasta 2008, luego sufrió una caída repentina en 2009 tras la crisis financiera mundial. En 2011 se había recuperado, pero carecía del mismo vigor que antes de la crisis, lo que sugiere, según algunos, que la globalización estaba declinando.

Una medida común de la apertura comercial es el llamado grado de apertura: se suman exportaciones e importaciones y esa suma se divide entre el PIB. El dato nos informa de la proporción aproximada del grado de influencia del comercio exterior sobre la economía nacional.

Veamos algunos ejemplos:

PaísGrado de apertura %
Estados Unidos25
Japón37
Guatemala55
Costa Rica80
Cuba80
Alemania99
Belice102
Fuente: elaboración propia con datos del Banco Mundial, 2023

Grosso modo, podríamos interpretar que por cada $100 que produce Alemania, $99 los realizan, los intercambian con extranjeros. Estados Unidos, Japón, Guatemala serían países más cerrados al comercio internacional. Una nueva medida nos la proporciona el Banco Mundial, BM, que propone medir la intensidad de la globalización, comparando el crecimiento del comercio internacional en relación con el comercio interno.

El mismo BM nos dice que “…la reducción de las barreras comerciales y los avances en las tecnologías de la información, hacen que el comercio internacional crezca más rápido que el comercio interno, con un mundo cada vez más globalizado y con mayor conectividad económica y cooperación entre los países.”

En un mundo fracturado, un país con un poco de respeto por sí mismo debiera generar un mayor potencial de la economía interna frente a la economía internacional. Lo que podríamos intuir es que el comercio internacional, establecido estratégicamente, puede acompañar el desarrollo de un Estado. Y, no definirlo adecuadamente puede provocar un desastre nacional. Vemos los siguientes gráficos del BM citado.

Gráfico 1. La globalización tomó vuelo en distintos momentos, según el sector y el país.

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El anterior es el promedio mundial por sectores. Lo que indica que la política económica debiera orientarse a promover la industrialización de las materias primas y promover el crecimiento del comercio en industria, servicios y agricultura industrializada.

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El gráfico muestra el promedio de los países en el sector de las manufacturas. En donde varios países asiáticos generan una mayor apertura y competitividad que el resto.

El capitalismo ha generado unas fuerzas productivas con eficiencia y competitividad mayor que todas las culturas anteriores juntas. Es el momento de buscar una racionalidad para alcanzar los grandes objetivos esperados: protección del medio ambiente, garantizar la vida a todas las especies animales y vegetales, generar sociedades eficientes y equitativas. O, morir en la cáscara de nuez.

[1] https://blogs.worldbank.org/es/voices/la-globalizacion-esta-en-retirada-esto-es-lo-que-revela-un-nuevo-estudio?cid=ECR_E_NewsletterWeekly_ES_EXT&deliveryName=DM190609

[2] https://documents.worldbank.org/en/publication/documents-reports/documentdetail/099439005232322865/idu02339027309ee804c64081b400624f4f01534

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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