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La teoría de juegos, ¿equilibrio en la cleptocracia?

A John Nash le otorgaron el Premio Nobel de Economía por la grandeza de su aporte a la rama de las matemáticas, conocida como la teoría de juegos, que modela la dinámica competitiva entre humanos. Su contribución revolucionó nuestra capacidad de amoldar la conducta humana, algo que se aplica a la política y al clientelismo.

Nash posibilitó analizar situaciones competitivas estratégicas. Probó que en general estas interacciones poseen al menos un punto de equilibrio. Se alcanza cuando ninguna de las partes puede incrementar sus beneficios al cambiar unilateralmente de estrategia. Esto se ilustra con el ejemplo planteado a continuación.

María es la única vendedora con un puesto de comida en una frecuentada playa de dos kilómetros de largo. Elige situar su quiosco en el centro de la zona, ya que minimiza la distancia que el cliente promedio necesitará caminar. Al día siguiente aparece Juan, otro vendedor del mismo producto. Concuerdan en dividirse la playa en dos secciones de igual longitud. Para que los clientes no tengan que andar muy lejos, cada uno se instala en el medio de su sección. Este arreglo resulta en una solución social y económicamente óptima: un mayor número de consumidores comprará sus productos gracias a una caminata más corta. Pero, como será explicado a continuación, existe un desequilibrio debido a que cada vendedor puede obtener ventaja a costa del otro.

Al día siguiente, Juan se ha movido al centro de la playa, lo que ocasiona que en el transcurso del día los consumidores en su sección acudan a él, el vendedor más cercano; pero también lo visita la mitad de la clientela de la sección de María, situada entre ambos. Al cuarto día, Juan nuevamente se mueve, esta vez a la sección de María, con lo que se instala a tan solo diez metros de ella y logra capturar tres cuartos de la playa (cuyos usuarios irán a él, el más cercano). Para recuperar clientes, en la primera oportunidad María se traslada diez metros más hacia el centro de la playa, y luego Juan se moverá diez más que María. Esto continúa hasta que llegan al centro, espalda con espalda. Sin poder mejorar sus posiciones habrán llegado a su equilibrio de Nash (uno subóptimo: menores ventas).

Un equilibrio de Nash natural casi nunca beneficia a los participantes, pero estos no cesarán de implementar estrategias personalmente ventajosas hasta llegar a él, sin excepción, así sea una espiral descendente. Distintos sistemas tienen diferentes puntos de equilibrio de Nash, situados lejos o cerca de lo socialmente óptimo. Esto se puede aplicar a los sistemas de Gobierno. Por ejemplo, lo óptimo sería que los políticos rechazaran el clientelismo y no ejercieran coerción sobre los funcionarios a fin de capturar su voluntad. Pero la realidad es que en nuestros Gobiernos la estrategia ganadora es la opuesta. Solo hace falta que un político comience a practicar el clientelismo y gane ventaja sobre sus contrincantes para que estos se vean obligados a involucrarse en lo mismo a fin de mantener la competencia. Los donantes de campaña se exponen al mismo dilema. La rivalidad obliga a cada uno a superar al otro, hasta llegar a su equilibrio de Nash: la cleptocracia.

La teoría de juegos prueba que promover la participación de candidatos «honrados» y con valores fracasará a la hora de poner freno a la corrupción sistemática. Con tantos agentes, siempre habrá algunos que decidirán emplear, si pueden, el clientelismo. Incluso si todos lo rechazan, habrá algunos que percibirán que otros lo emplean, lo que precipitará su propia intervención para permanecer en el juego. No participar del clientelismo sitúa al político y a sus partidarios en grave desventaja; es por ello que, en cada ronda, la rivalidad los obliga a emplear actividades aún más perniciosas que las de la competencia, y quien no esté dispuesto será descartado. En conjunto con otras variables, al final reinará (en los partidos y en el país) el grupo más hipócrita y con menos escrúpulos. La desafortunada realidad es que el avance hacia el equilibrio de Nash es inevitable, así todos sean decentes, y en ningún lugar todos lo son.

La solución se basa en modificar las reglas del juego (la estructura gubernamental), no al jugador. La teoría de juegos ofrece herramientas para analizar cómo ciertos cambios en la autoridad de los funcionarios mejorarían o empeorarían los resultados. En este sentido, la nueva estrategia dominante debe relocalizar el equilibrio de Nash en lo socialmente deseable.

¿Qué reformas se pueden instituir para lograr esto? Modificar la Constitución para eliminar la concentración de poder en el presidente constituye una acción clave. Por ejemplo, que no se le permita nombrar, promover o destituir a los jueces, a los fiscales y a otros funcionarios. Sin herramientas coercitivas sobre los funcionarios, el clientelismo deja de ser una estrategia viable.

Los decentes, que son la mayoría, deben analizar esta realidad. Sus esfuerzos serán más constructivos si se centran en modificar la estructura gubernamental.

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Miguel Erroz Gaudiano

El autor es panameño, graduado de la Texas A&M University en arquitectura, tiene maestría por la University of Houston y ha cursado estudios de derecho constitucional por la Yale University y la University of Pennsylvania. Ha sido colaborador en radioemisoras y ha publicado decenas de artículos sobre ciencias políticas y derecho constitucional en distintos diarios. También es el autor de la obra Estructuras para crear justicia: Vanguardia del derecho constitucional, publicada por la editorial Tirant lo Blanch, y es miembro del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional.

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