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¿Porqué la temperatura nos agobia?

Sueños…

Todo el mundo está viviendo los cambios acelerados del clima. Las temperaturas nos desploman. Del miedo puede surgir el coraje para enfrentar las verdaderas causas del cambio climático actual, o nuestra ceguera para continuar la rutina del consumo sin límites, de los recursos del planeta.

En nuestros desvíos están los grandes peligros que amenazan el planeta. En nuestras dudas pueden estar las respuestas para salvar o exterminar el planeta. La historia nos dice que hará unos 4,500 millones de años, surgió en el universo un planeta pequeño, azul, minúsculo y muy perdido en el espacio, la Tierra. En este pequeño planeta nació el paraíso. En aquel paraíso, pasaron cerca de 3,800 millones de años, para que surgiera el milagro de la creación, surgió la vida. Siguió la historia, y hace 6 millones de años se empezaron a separar los humanos de los chimpancés. Para finalmente, dar lugar, hace 2 millones 500 mil años, al nacimiento del ser que iniciaría la destrucción del paraíso, la eliminación de la vida en la Tierra y la devastación de toda la belleza, apareció un pequeño y destructivo ser humano.

En la actualidad, nos dice la prensa mundial, reaparece el fenómeno llamado El niño[1].  Un evento recurrente, resultado de la acción industrial y de consumo humana. Al resurgir el niño nos trae unos retos delirantes, aumentarían ferozmente las temperaturas globales, amenaza nuevas pérdidas de bosques tropicales, el lecho de la vida marítica, los corales corren peligro, amenaza con generar incendios forestales y continuar el deshielo polar.

En uno de sus apoteósicos y poco efectivos estudios, el conglomerado de Naciones Unidas, indica que ya es hora de poner en práctica los acuerdos internacionales para proteger lo que queda de vida en el planeta. https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=11119. Según estos organismos, “el cambio climático es el gran reto existencial de nuestro tiempo.” La preocupación se incrementa pues los horrores del deterioro del clima ya afectan a todas las regiones del mundo. La amenaza es grave para los países de bajos ingresos, pero, también para los países desarrollados. “…se proyecta que, a finales del siglo, la temperatura mundial haya aumentado en 4°C por encima de los niveles preindustriales, y que se produzca un aumento de riesgos irreversibles de colapso de los mantos de hielo, de inundación de Estados insulares con baja altitud, de fenómenos meteorológicos extremos y de escenarios de calentamiento climático fuera de control.”

El nuevo niño, esperado para los años 2023, 24, viene acompañado de un novedoso calentamiento de los océanos, especialmente en el medio del Pacífico se forman aguas turbulentas que se calientan a niveles desconocidos, lo que nos llena de temor y angustia.

¿Qué es el niño y cuáles sus efectos?

El Niño es un fenómeno climatológico natural, que no sabemos en qué medida tiene como una de sus causas el uso de energías destructivas, la industrialización y la destrucción de bosques y especies por el humano.

El Niño es un cambio en la fuerza y dirección de los vientos alisios, que soplan de este a oeste del océano Pacífico. Moviendo enormes masas de agua más caliente de lo normal, provocando efectos en la fauna y flora marítima y costera, generando enormes cambios en las condiciones de vida de las zonas costeras y de algunos países de la región americana alrededor del Ecuador.

Con asombro, los pueblos y autoridades de la región ven venir el peligro sin tomar mayores decisiones de protección. Según la prensa el Servicio Meteorológico de Estados Unidos (NWS) emitió un aviso de alerta por El Niño, en virtud de que hay indicios tempranos que hacen probable que se desarrolle en los próximos meses. De acuerdo con el NWS, hay un 62% de probabilidades de que este fenómeno se desarrolle entre mayo y julio de este año.

Las amenazas no pasan indiferentes para nadie, el cambio climático provocado por la actividad humana es la fuente de la mayor amenaza del siglo XXI, poniendo en peligro la vida en este pequeño mundo. Ya hemos eliminado la mayoría de mamíferos, y están en riesgo de extinción el resto de animales y plantas. Para los “humanistas” el mayor problemas es “la propagación de enfermedades, el debilitamiento de la seguridad alimentaria y la reducción de los recursos de aguas superficiales y subterráneas renovables.” Que van a provocar, tarde o temprano, confrontaciones de limpieza étnica y genocidio en diversos lugares. ¿Podrá el humano revertir la tendencia y no eliminar más animales?, ¿podremos construir un mundo con un número de humanos reducido?, ¿tendremos corazón para permitir la vida natural de otras especies?, o seguiremos nuestra tendencia natural de destruir la vida y la felicidad de todos.

Yuval Noah Harari, un gran historiador, nos señala nuestra naturaleza destructiva. Pone un ejemplo: “La gran isla de Madagascar, a unos 400 kilómetros al este del continente africano, ofrece un ejemplo famoso. A lo largo de millones de años de aislamiento, allí evolucionó una colección única de animales. Entre ellos se contaban el ave elefante, un animal áptero de tres metros de altura y que pesaba casi media tonelada (la mayor ave del mundo) y los lémures gigantes, los mayores primates del globo. Las aves elefante y los lémures gigantes, junto con la mayor parte de los demás animales grandes de Madagascar, desaparecieron de repente hace unos 1.500 años… precisamente cuando los primeros humanos pusieron el pie en la isla” (Homo sapiens).

En tono irónico nos dice que hay buenas noticias, ante las amenazas reales, se han inspirado respuestas multilaterales más conscientes. Por ejemplo, “190 agrupaciones presentaron estrategias climáticas para el Acuerdo de París de 2015, y prácticamente todas estas estrategias contenían algún tipo de compromiso de mitigación” de los daños irreversibles. En tono cínico el Fondo afirma, “es el momento de pensar de forma realista sobre la manera de cumplir estos compromisos”. Allí está la bancarrota, el humano piensa solamente en el corto plazo, en la satisfacción inmediata de sus necesidades, en el consumo masivo de bienes lujosos. De tal suerte, que no parará hasta poner en peligro la vida masiva de los propios humanos, cuando ya no existan otros seres vivos.

La mejor propuesta de los encuentros pro-clima es poner un precio justo al consumo del carbono. Allí reside el cinismo humano. Nuestro sistema de mercado, (y no existe otro posible, ya que el socialismo marxista fue un fracaso en este y otros temas), es un sistema que solamente puede decir al agonizante planeta: te vamos a degradar, pero pagaremos el precio. Es decir, el humano y sus empresas solamente tienen una consgina: Planeta deja que te contaminemos y destruyamos, permite que asesinemos a todas las especies de animales, eso sí, siempre y cuando paguemos el precio justo.

Un ser humano completamente desquiciado. Decimos, “Existe un consenso creciente de que la fijación de precios del carbono, esto es, la tarificación del contenido de carbono de los combustibles fósiles o sus emisiones, es el instrumento individual de mitigación más eficaz. Ofrece incentivos generalizados para la reducción del consumo de energía, el uso de combustibles más limpios y la movilización del financiamiento privado.”

En síntesis, los grandes pensadores dicen, usted puede seguir destruyendo el planeta y las condiciones de vida en este pequeño planeta, siempre y cuando pague el precio adecuado. Con esta forma de pensar comprobamos que no existe esperanza para la creación con el ser humano al mando.

Controlar al ser humano es la utopía, o decir con Mari Trini:

“Ayúdala

No la lleves la contraria
Pon sus pies sobre la tierra.
Sin que apenas se dé cuenta
Pero no quiebres sus alas
Hoy teñidas de esperanzas.”


[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-65419746, 27 abril 2023

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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