
Prensa Libre
Teorema
Todo parece haber empezado tres meses después de cuando Árbenz asumió la presidencia de Guatemala (15/3/1951). En el Restaurante Los Arcos de la Zona 13, José Alfredo Palmieri había reunido a cuatro amigos suyos: Isidoro Zarco, Pedro Julio García, Álvaro Contreras Vélez y Alfonso Rodríguez Muñoz. Días atrás, Pedro Julio había sido despedido de Nuestro Diario, del cual era Director. Durante la reciente campaña política los propietarios del periódico habían favorecido la candidatura de Árbenz. Ahora había nuevos socios que formaban parte de su gobierno. La objetividad de la línea editorial estaba comprometida.
Pedro Julio, en nombre de los periodistas honrados y dignos de ese diario, llevó la protesta a los propietarios. Los ánimos se caldearon… “despidieron a Pedro Julio que era el director. Sus compañeros de trabajo nos solidarizamos con él y… nos echaron a todos, ―relató una vez Álvaro Contreras Vélez. Isidoro Zarco, entonces columnista había renunciado junto a ellos. Hubo crisis en Nuestro Diario que, nacido en 1922, solo logró sobrevivir siete años más, hasta 1958.
Es posible que Palmieri, haya convocado por solicitud de Isidoro o de Pedro Julio para plantear la creación de un nuevo periódico. La discusión que siguió fue animada y creativa. Hacia el final, Alfonso Rodríguez dijo, con grave acento español: Me alegra mucho estar con vosotros que sois periodistas, pero yo, de escribir, solo cartas a mis padres. Así, decidme qué hago yo aquí, que me siento de más. Isidoro, jovial, respondió: En esta mesa, el que no puede faltar eres tú. Tienes una imprenta y un periódico no es sino un grupo de periodistas y una imprenta. Todos rieron. Palmieri consideró que habría conflicto con su empresa de publicidad y declinó participar. Decidieron invitar a otros colegas suyos, en calidad de socios, bajo condiciones de igualdad.
Por más que recortaron costos, había que contar como mínimo con Q10 mil para empezar. Rodríguez y Zarco disponían de dinero. Pedro Julio y Álvaro no tenían plata, pero sí muy buen crédito. Mario Sandoval Figueroa y Salvador Girón Collier se unieron al equipo gestor. Otros invitados a participar, no lo hicieron aduciendo diferentes razones, pero lo económico era fundamental. Cada uno de los seis aportó Q1,500, cifra entonces mayor que el sueldo de un maestro durante más de dos años. El entusiasmo debió ser muy grande, ya que solo meses después, en la tarde del 20/08/1951, un nuevo vespertino veía la luz en la Imprenta Iberia (3a Ave 6-36 Z1). Rodríguez entregó la primera edición, un tiraje de 3 mil ejemplares que se vendió a cinco centavos cada uno. El sueño de los fundadores se había vuelto realidad: Había nacido en la vida pública Prensa Libre.
En su fundación, el personal directivo de ese diario fue integrado por: Pedro Julio García, Director. Álvaro Contreras Vélez, Subdirector. Alfonso Rodríguez Muñoz, Gerente. Isidoro Zarco, Administrador. Óscar Rolando Cruz Morris, Julio Mansilla Gutiérrez y Haroldo López Valdizón, Reporteros. Trudy Singer, Cronista social. Salvador Girón Collier y Carlos Larrañaga Gomar, Deportes. Mario Sandoval Figueroa, Cronista Parlamentario (después fue nombrado Jefe de Redacción).
En 1952 cuando Prensa Libre adquirió su propia impresora la ubicó frente a la imprenta Iberia, la mejor y más seria. En 1953, compró una modesta casa (9ª Av. y 13 C, Z1), donde trasladó sus oficinas y la editorial, equipada con linotipo, taller de fotograbado y prensa plana. En 1953 ya se había convertido en matutino y reducido su tamaño al actual. La página principal informaba “Edición de las 5 a.m.” Su liderazgo fue tal que los nuevos periódicos que surgieron (excepto La Tarde) fueron matutinos. En 1964 amplió su capacidad de impresión a 30 mil ejemplares de 64 páginas por hora y al año siguiente incorporó color. Con gran esfuerzo logró construir, en 1975, el edificio de nueve pisos y un sótano que, con la forma de periódico, aún hoy abriga sus instalaciones.
Nunca se supo que los fundadores hubieran cometido acto alguno que mereciera reprobación ética. Por lo contrario, su conducta recta, como hombres de bien, incidió favorablemente sobre la moral ciudadana. Nos ayudaron a ser mejores. Creo que muchos identificamos a Prensa Libre como algo propio. En nuestro interior, de alguna forma, más que un periódico, la consideramos parte de nuestra propia identidad. Es como el Parque Concordia, la Cervecería, Cementos o la Catedral, algo que pertenecía a todos. Que otros posean sus acciones, la hagan producir y disfruten de su esfuerzo, eso es irrelevante.
Empero, los fundadores descuidaron forjar en sus sucesores igual templanza, no los formaron con la misma fortaleza y valores que ellos tenían cuando la crearon en 1951. Hoy, sólo un descendiente ocupa un lugar importante en la parte periodística de la empresa, quizá en la administración haya otros, no sé. Entiendo que ningún nieto tiene una silla en su Junta Directiva. Algunos vendieron las acciones que heredaron. Son otros, llegados de afuera, sin esa cultura periodística, con otros valores e intereses, quienes ocupan su lugar. Prensa Libre, que nació como digno rechazo a hacer un periodismo comprometido con el Gobierno, hoy protege al régimen, calla los actos ilegales del TSE y lidera la persecución política contra funcionarios de la ley. Hasta aprueba que la OEA supervise el funcionamiento del Estado.
Así como duele que grupos vandálicos destruyan el Parque Central, quemen el Congreso, o pintarrajeen la Sexta, así también sentimos como propia la pérdida de la independencia periodística de Prensa Libre. En 1997 ese diario contrató como Gerente Editorial a una persona ajena a los fundadores. Labioso, poseedor de una trayectoria periodística plena de éxito social, pero con muy poco qué mostrar en el campo de las realizaciones efectivas, esa, donde los fundadores fueron pródigos. Después, la permanente ausencia de ellos, afligidos por problemas propios de la edad, hubo escasez de principios e ideales en la calle 13. Algún día habremos de lamentar que Prensa Libre cierre sus puertas. Ojalá lo haga revestida con la honorabilidad que en su oportunidad lo hicieron el hotel Panamerican, las farmacias Klee, los cines de la sexta, la Paquetería o el Café de París.
Alfonso Rodríguez Muñoz. En los años anteriores a su fallecimiento, sostuve amistad cercana con él, pero nunca le pregunté sobre el nacimiento de Prensa Libre. Sólo sé que estuvo poco tiempo. Tal vez prefería trabajar solo, ya que su fuerte era crear empresas, le atraía la adrenalina que hacerlo genera. La administración de otras empresas que creó, le aburría. En cambio, los socios periodistas permanecieron unidos a Prensa Libre hasta el último de sus días. Isidoro Zarco, Pedro Julio García y Álvaro Contreras Vélez crearon la estructura ética de ese periódico, cuyos principios y valores resumieron en tres palabras: Honradez, dignidad e independencia. Lo importante fue que no se trató de palabras vacías sino de los fundamentos que guiaron todas sus decisiones. Fue sobre esos cimientos que se desarrolló la más importante empresa periodística en toda nuestra historia.
Isidoro Zarco Alfesa. Nació en Panamá (4.04.1912), se nacionalizó guatemalteco unos 18 años después. Se dedicó, junto a sus padres al comercio, al tiempo que también estudiaba periodismo. Se graduó en la Escuela Centroamericana de Periodismo, Facultad de Humanidades de la USAC. Se casó con Teresa Bolaños, culta dama salvadoreña, también escritora, con quien formó una familia de cinco miembros, ellos dos y Manuel, José Eduardo y Teresita, sus hijos. La suya fue una familia próspera con una sólida posición económica.
Sus inquietudes intelectuales lo alejaron del comercio y lo acercaban a la literatura de temas sociales. En 1944 publicó el libro de su autoría: Esto no lo aprendí en la escuela. También escribió artículos de opinión que publicó en distintos periódicos, Nuestro Diario entre ellos. Su columna, Problemas y soluciones ganó prestigio. Cuando en 1951 se convirtió en socio fundador de Prensa Libre paulatinamente fue dejando otras actividades para dedicarse por completo al periodismo.
En 1962 fue condecorado con el más alto grado de la Orden del Quetzal. Poco antes de cumplir 58 años, una facción de militantes de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), lo asesinó cuando se conducía a almorzar a su casa y transitaba sobre la 12 avenida de la zona 5, a la altura del estadio de fútbol. En los últimos meses del gobierno de Julio César Montenegro la guerrilla asesinó, a sangre fría a varias personalidades incluidos Pedro Julio y dos embajadores. El asesinato de Isidoro Zarco permanece impune. Solo fue otra víctima, un hombre inocente, valioso y probo muerto por su antípoda, un sujeto anónimo, ruin, de lo más bajo en la escoria social.
Continuará…

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