
Pueblos originarios ante el bicentenario de la independencia (14)
Tanmi Tnam
A más de 500 años de la invasión española a los pueblos originarios de Guatemala, han vivido esclavitud, guerras, empobrecimiento, racismo y marginación.
Durante el conflicto armado que duró treinta y seis años, los pueblos originarios tienen mucho que contar todavía, especialmente quienes perdieron a algún miembro de familia que a la fecha muchas hijas e hijos están esperando que vuelva con vida. La esperanza no ha muerto a pesar de no tener noticia alguna de su paradero.
A estas alturas del tiempo, todavía se habla de despojo de tierras que se dieron durante el conflicto debido a que los dueños salieron huyendo de la comunidad y que con el paso de los años dichos bienes no volvieron a los dueños originarios. Esta situación simplemente se cuenta en familia y se lamenta el hecho, sin embargo, se aprecia que las familias siguen con vida.
Desaparecieron o emigraron familias enteras, donde hoy solamente abundan bosques y refieren dónde y quiénes vivían allí. Se cuenta la vida pasada de estas localidades como si la cuestión fue hace un par de años pues la memoria guarda detalles, nombres, actores y fechas. Las desapariciones, las masacres y el genocidio están en la mente y en el corazón de personas, organizaciones y pueblos enteros debido al gran dolor y sufrimiento que provocaron. Estos hechos de dolor, se trasladan de una generación a otra como recuerdo, sufrimiento, historia o anécdota. Las familias enteras que emigraron a otro país, hay muchas que ya no regresaron, sufrieron pérdida de identidad y su pertenencia a la tierra que los vio nacer, pero que en la actualidad tienen familiares en Guatemala y otros en algún país cercano.
El liderazgo de muchas comunidades que perdió la vida durante el conflicto, de alguna manera afectó el espíritu de servicio a la población y ha llevado tiempo para el fortalecimiento de estas organizaciones y retomar las funciones, especialmente la búsqueda consensuada de respuestas a los conflictos, a las necesidades de vida colectiva y las aspiraciones de los pueblos.
Prácticas culturales que necesitaban del silencio y la tranquilidad de los bosques y de las montañas, tal el caso de la ceremonia de agradecimiento por la vida, en muchas regiones casi se perdió todo, salvo las aldeas donde los guías espirituales resistieron fuertemente para conservar la vida y sus distintas manifestaciones con sabiduría, afecto y servicio. La alcaldía comunitaria es otra de las organizaciones cuya existencia y funcionamiento tuvo muchos problemas durante el conflicto armado. La administración de la justicia desde la cultura maya decayó y el trabajo por el bienestar y la seguridad de las personas disminuyó considerablemente. Solamente la constancia, la seguridad y el aprecio por la herencia cultural de los ancestros hicieron que no se perdiera totalmente.
Los problemas estructurales como el racismo, la ausencia de servicios públicos con pertinencia cultural, el tema de la reforma educativa especialmente el componente bilingüe intercultural no han sido posibles, la visibilidad de los pueblos originarios en la organización de los poderes del Estado no es del interés de otros actores clave del país. Varias instituciones oficiales creadas como consecuencia de los Acuerdos de Paz de alguna manera funcionan con debilidad debido al poco presupuesto, el compadrazgo en la asignación de puestos y ser estructuras de poca relevancia. Los compromisos adquiridos por el Estado en los Acuerdos de Paz, deben ser la agenda de distintos gobiernos para alcanzar la paz y la plenitud de vida.

Lea más del autor:



