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¿Se viene una devaluación?

Evolución

Recientemente se ha escuchado que estaríamos próximos a sufrir una devaluación del quetzal. Esto, presumiblemente, obedecerá a la difundida, pero no precisamente cierta, idea que una devaluación de la moneda estimula las exportaciones de un país en el sentido que éstas se tornarían más competitivas en los mercados internacionales. En términos sencillos, al afectarse la tasa de cambio depreciando la moneda local, cada dólar recibido se convierte en más quetzales. Dado que los costos de producción son en la moneda local, como dicen los economistas, ceteris paribus, se pueden cubrir los mismos con menos dólares, lo que implicaría mayor competitividad y rentabilidad para la industria exportadora local. El argumento usual continúa en la línea que al estimular la industria de esta manera, ello conducirá a mayor creación de empleo, precisamente en estas industrias que, como habitualmente se argumenta, son el sector principal de nuestra economía. Y así, en resumidas cuentas, se plantea la fórmula mágica para la prosperidad en el sentido que se fomenta la industria de nuestros productos de exportación a la vez que se crean las fuentes de empleo para producirlos y al final del ejercicio, todos estamos mejor. Y para ello, lo único que hace falta es que el Banco de Guatemala salga al mercado de divisas a comprar cantidades exorbitantes de dólares para elevar artificialmente su precio, con el “conveniente” resultado que ahora todos, incluidos importadores de insumos y materias primas, comerciantes y consumidores, tendremos la ventaja de pagar todo aquello que importemos con dólares más caros.

Existen bastantes estudios serios en publicaciones académicas especializadas que con base en análisis realizados sobre evidencia y datos de muchos países y a lo largo de amplios períodos de tiempo que demuestran que si bien podría darse una apariencia de crecimiento de las exportaciones en un corto plazo, en el largo plazo no se puede argumentar que ésta sea una política efectiva para un crecimiento económico sostenido. Y es que en realidad hay muchas otras variables que tienen mayor incidencia en el crecimiento real de una economía que, en el caso de Guatemala, fácilmente podrían atenderse para mejorar las condiciones que aumentarían nuestra competitividad y crecimiento. Regulaciones excesivas, trabas burocráticas y la corrupción que les acompaña, falta de flexibilidad laboral, esquemas impositivos costosos y que desincentivan la inversión, falta de infraestructura adecuada, en fin, hay tantos temas de mucha mayor relevancia e impacto real en el poco crecimiento que tenemos, en los que nos pudiéramos enfocar antes de estar pensando en simplemente devaluar el quetzal. Pero la realidad es que estas políticas más bien tienden a implementarse en función de favorecer a determinados sectores económicos de poder en colusión con el gobierno, gracias a que cuentan con una Junta Monetaria subordinada a sus intereses, desde cuya “autonomía” se impulsan estas políticas. ¿Serán rumores de devaluación únicamente? ¿Será casualidad que la Cámara de Comercio de Guatemala haya decidido separarse del CACIF, como ya lo hizo una vez?

El otro efecto a considerar de una política de devaluación, que es ciertamente riesgosa, tal como se observa en múltiples estudios serios, es el problema de inflación que se puede crear. En el caso de nuestras circunstancias actuales, en el contexto de la expansión monetaria que se dio prácticamente a nivel mundial, y donde Guatemala sobresalió con un crecimiento de la deuda y del gasto público jamás antes visto, ya se percibe el efecto inflacionario. Así que esa combinación de expansión y devaluación monetaria que parece venir es indudablemente muy peligrosa.

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Alejandro Baldizón

Abogado y Notario, catedrático universitario y analista en las áreas de economía, política y derecho.

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