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Señor Arévalo: es usted engendro de una comprobada ilegalidad

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Señor Bernardo Arévalo: El pasado viernes 8 de diciembre, el Ministerio Público informó oficialmente de los hallazgos de la investigación sobre denunciados actos fraudulentos, cometidos en el pasado proceso electoral. Informó de hechos, ajeno a interpretaciones, conjeturas o ficciones.

He aquí algunos hechos. Las actas sobre “cierre y escrutinios” de la votación no fueron legalmente válidas porque no estaban escritas según el esquema oficialmente aprobado por el Tribunal Supremo Electoral, ni tenían el sello que la norma reglamentaria ordena imprimir en ellas, La información suministrada en esas actas no cumplió los requisitos legalmente exigibles, y esas mismas actas fueron ilegalmente alteradas. Diecisiete digitadores de actas, o personas contratadas para introducir las actas en el sistema informático, estaban afiliadas al partido Semilla.

Una autoridad del Tribunal Supremo Electoral ordenó a las juntas electorales departamentales alterar las cifras obtenidas de las actas de “cierre y escrutinios”, con el fin de que fueran iguales a las cifras transmitidas de manera preliminar. Las actas originales de esas juntas fueron sustituidas por nuevas actas. Hubo una cantidad faltante de miles de actas de “cierre y escrutinios”, que el Tribunal Supremo Electoral suprimió u ocultó. En el proceso de transmisión de cifras electorales preliminares se introdujeron actas que fueron escritas, no después de finalizar la votación, sino desde el comienzo de la votación, es decir, antes de que se supiera cuál era la cantidad de votos que debía ser adjudicada a cada candidato de cada organización política.

Usted, señor Bernardo Arévalo, es, pues, un presidente electo engendrado por la ilegalidad del proceso electoral. Es un presidente electo surgido de un proceso electoral legalmente cenagoso.

Quizá usted opine que los hallazgos de ilegalidad de ese proceso son una invención del Ministerio Público, aprobada por quienes se oponen a que usted sea el nuevo Presidente de la República, y por los enemigos de la democracia y de la voluntad popular. Quizá también opine que el pasado proceso electoral tuvo una pureza que inaugura una nueva época en la historia de los procesos electorales de la patria. Y que ese proceso fue, desde el comienzo hasta el final, un huésped providencial de la moralidad y la legalidad. Y que fue electo Presidente de la República entre torrentes de pureza, moralidad y legalidad, que casi ahogaban a la patria. Si tal fuera su opinión, los hechos están preparados para refutarlo con humillante arrogancia.

Señor Bernardo Arévalo: El Ministerio Público también informó oficialmente de hallazgos de la investigación sobre denunciados actos fraudulentos cometidos por el comité pro-formación de su partido, y del partido mismo, el partido Semilla, que propuso su candidatura presidencial. Informó, como en el caso del fraudulento proceso electoral, de hechos, ajeno a interpretaciones, conjeturas o ficciones.

He aquí algunos hechos. Con el fin de tener un número de afiliados no menor que el número que exige la ley, el comité pro-formación del Partido Semilla falsificó la letra y la firma de 5,542 ciudadanos vivientes, y de cuarenta ciudadanos fallecidos, El nombre de 2,394 ciudadanos que firmaron las hojas de adhesión al comité, no correspondió al nombre consignado en el Documento Personal de Identidad registrado en esas hojas. Cientos de esas mismas hojas no cumplieron requisitos legales. Fueron repetidas 132 adhesiones. In summa, fueron falsificadas más de 8,000 firmas. Finalmente, el partido cometió 8,121 ilegalidades. Agregase la delictiva obtención y administración de recursos financieros. Usted mismo, señor Bernardo Arévalo, no pudo explicar el origen de 44,000 mil dólares que obtuvo su partido. El Ministerio Público ha solicitado a autoridades policiales de Estados Unidos de América, investigar tal origen.

Su candidatura presidencial fue, pues, señor Bernardo Arévalo, engendrada por la ilegalidad. Fue una candidatura que surgió de un partido legalmente pantanoso.

Quizá usted opinaría que esos hallazgos de miles de ilegalidades cometidas por el comité pro-formación de su partido, y por el partido mismo, son maléficas invenciones del Ministerio Público, aprobadas por derrotados ex candidatos presidenciales, y por frustrados partidos políticos adversos, y por quienes quieren la extinción de un partido cuyo fabuloso programa de gobierno está destinado a transformar, milagrosamente, a la patria, en un luminoso reino de justicia, derecho, legalidad y prosperidad. Si tal fuera su opinión, los hechos lo refutarían, también con humillante arrogancia.

Señor Bernardo Arévalo: Independientemente de que su candidatura presidencial fue un engendro de la ilegalidad, y su elección fue también lo fue, el Ministerio Público lo acusa de delinquir; y ha solicitado que sea ante juzgado, con el propósito, por supuesto, de que sea permitido someterlo a procedimiento penal, y condenado. Ha sido solicitado un antejuicio por los delitos de usurpación, destrucción de patrimonio cultural y asociación criminal; y un antejuicio por el delito de “lavado de dinero u otros activos”; por “lavado” de aquellos cuarenta y cuatro mil dólares. Es. pues, usted, un candidato electo a quien la autoridad del Estado a la que compete la persecución penal acusa de haber delinquido. No es precisamente una acusación que le confiera la reputación que tendría que poseer un presidente electo.

Post scriptum.  Señor Bernardo Arévalo: opino que un presidente electo que es un comprobado engendro de la ilegalidad, como usted, no puede ser, ni tiene que ser, ni debe ser, Presidente de la República. Si el régimen legal de mi patria le permite serlo, tal régimen es una maldición. Inversamente, si no le permite serlo, es una bendición.

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