
Sentir o Pensar
Reflexiones
La frase de Horace Walpole, Conde de Oxford (1764): “La vida es una comedia para aquellos que piensan, una tragedia para aquellos que sienten” se puede aplicar en Guatemala de manera invertida: “para los que sienten, la vida es una comedia; para los que piensan, la vida es una tragedia”, esto de cualquier forma en que se mire nos plantea una disyuntiva existencial entre el sentir y el pensar.
Vivimos tiempos del fin del mundo diría mi abuela, al observar las transformaciones que ha tenido la sociedad en los últimos años del siglo 20 y en las primeras décadas del siglo 21. Pero hay situaciones que no han cambiado para bien sino para mal.
En la Guatemala post revolución de octubre se planteó un reposicionamiento del Deep State guatemalteco y sus adláteres del pacto criminal, en el marco de la guerra fría se diseñaron estrategias tan inhumanas que en cualquier país civilizado seria causa de vergüenza y autocensura. Una de estas estrategias fue dirigida a la educación del país y no era otra cosa más que mantener en la mayor ignorancia al pueblo y que la educación escolarizada que se le brindaría seria de pésima calidad. Partían de la premisa de que siendo ignorantes no conocerían sus derechos y por lo tanto no pelearían por ellos. La consigna era menoscabar la calidad educativa en todos sus componentes, empezando por el maestro, su formación cultural y pedagógica iría de más a menos.
Esto nos retrotrae al pensamiento de Lord Henry Brougham, canciller de Gran Bretaña, (1837) cuando presentó el estatuto para la reforma educativa de aquel momento: “La educación es algo que hace a las personas, fáciles de dirigir, pero difíciles de manejar, fáciles de gobernar, pero imposible de esclavizar”. La estrategia era hacer todo lo posible por llegar a la mínima expresión de la calidad de la educación, para que el ciudadano fuera fácil de dirigir, de manipular, de gobernar y de dominar.
Así también paso a paso fue deteriorándose la infraestructura escolar, la calidad de los textos, la refacción de los estudiantes, la formación inicial docente y la formación docente en servicio. El culmen se manifiesta en que los maestros pertenecen a un sindicato desprestigiado dirigido por un líder desacreditado, corrupto y ruin.
Hemos llegado tan lejos que tenemos a un magisterio que no tiene noción de lo que sucede en el país, parece que vivieran en otro mundo, ajenos a todo lo caótico de nuestra sociedad, sin inmutarse y sin comprometerse en mejorar su acervo didáctico y epistemológico, menos con el correspondiente de los estudiantes a su cargo.
Pienso que ignoran que en el país hay millones de personas que no saben leer ni escribir, que el déficit de escuelas es de más de 10 mil, que la cobertura educativa viene en caída libre, que en 10 años ha disminuido en 20 puntos porcentuales, que más de 3 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes están fuera del sistema escolar, que el 50% de los niños de 0 a 5 años esta desnutrido y que eso incide directamente en su sistema neurológico y en consecuencia en su aprendizaje, que más de 15,000 escuelas no tienen fluido eléctrico, agua potable y drenajes, que solo el 8% tiene acceso a la tecnología, que el 0.68 tiene acceso a internet, por eso el índice de innovación global informa que de 141 países registrados en el informe, Guatemala se sitúa en el puesto 101 convirtiéndolo en uno de los menos innovadores en el campo tecnológico.
Para entender un poco mejor analicemos este indicador: de cada 100 maestros que se someten a la prueba diagnóstica de matemática para optar a una plaza en el Ministerio de Educación, 7 aprueban y de cada 100 que se someten a la prueba de lenguaje 32 aprueban, con el agravante, de que el contenido de la prueba es de sexto grado de primaria. Recientemente la actual ministra de educación informo que de 10 estudiantes solo 3 pueden leer y escribir en el nivel primario. Se logró lo planificado por el Deep State guatemalteco y sus adláteres del pacto criminal. Por eso entiendo que los docentes no piensan la vida sino la sienten. Para ellos la vida es una comedia donde realizan el papel de maestros en la obra de teatro llamada educación.
No se tiene conciencia del daño que se le hace al país con esa actitud. En ese sentido dice Herbert Mead (1968): “Somos conscientes cuando lo que vamos a hacer, controla lo que estamos haciendo”, por eso pienso que los docentes no son conscientes de su actuar porque no piensan en la tragedia que vivimos como país y encuentran placentero suspender clases por uno o dos meses, capturar las Direcciones Departamentales de Educación cuando se les antoja, salir a manifestar por cualquier bobería cada vez que lo ordena el nefasto líder de su sindicato y detener los procesos pedagógico-administrativos de todas las comunidades educativas a nivel nacional.
Los guatemaltecos quisiéramos tener docentes que pensaran la vida y adquirieran el compromiso de liberar al ciudadano por medio de la educación. Si no hay una educación liberadora no hay cambio. Paulo Freire así lo sentenció en su libro <La educación como praxis de libertad>: “La educación es praxis, acción y reflexión para transformar el mundo que nos rodea”. Pero para eso tendrían que liberarse ellos primero, tendrían que aprender a desaprender. Tal y como se conducen los docentes en esta modernidad liquida son cómplices del Deep State guatemalteco y sus adláteres del pacto criminal.

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