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Tribunal electoral, o la estampida de los miserables

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Han huido del país cuatro magistrados del Tribunal Supremo Electoral, quienes, por autorización del Congreso de la República, deben ser sometidos a procedimiento penal, acusados, por el Ministerio Público, de fraude, abuso de poder e incumplimiento de deberes. Esos mismos magistrados han sido denunciados por la Contraloría General de Cuentas, por adquisición corrupta de un programa informático empleado en el pasado proceso electoral.  Realmente ha habido una estampida de magistrados de ese tribunal, que es estampida de los miserables.

Son miserables, no solo por la acusación y por la denuncia, sino por el intento de eludir someterse a procedimiento penal, en el cual tiene que demostrarse la validez o no validez de la acusación. Uno puede plantearse esta pregunta: ¿por qué, si son inocentes, han huido? Podría interpretarse que el huir es un implícito reconocimiento de culpa, o es manifestación del temor a que se demuestre judicialmente la validez de la acusación; pero en ningún caso puede interpretarse que es una demostración de angélica inocencia

También son miserables porque realmente son acusados de actos de corrupción; y porque han actuado con negligencia, ineptitud, irresponsabilidad y estulticia; y porque, por supuesto, se aliaron con poderes internacionales y extranjeros para cometer el fraude electoral que convirtió a Bernardo Arévalo en ilegítimo presidente electo.

La señora presidente del Tribunal Supremo Electoral ha declarado que este tribunal tiene que “fortalecer la democracia”; pero está debilitado o no está fortalecido. Empero, ¿cómo puede estar fortalecido un tribunal electoral cuya magistratura está integrada por individuos negligentes, ineptos, irresponsables, estultos y corruptos? ¿Y cómo puede la democracia ser fortalecida por un tribunal electoral cuya magistratura cooperó con agentes extranjeros e internacionales para que se consumara un fraude en la pasada elección presidencial?

Ella, la señora presiente del tribunal, no aceptaría que hubo una estampida de magistrados que intentan eludir someterse a procedimiento penal; y como si se dirigiera a ciudadanos imbéciles, ha declarado que esos magistrados disfrutan de un permiso de ausencia, y pretende ocultar que hubo una delictiva deserción o un delictivo abandono de funciones públicas, Por tal ocultamiento, ella puede ser acusada de ser cómplice de la estampida de los miserables. Y uno puede plantearse esta pregunta: ¿Es mera casualidad que se haya concedido el permiso simultáneamente a cuatro magistrados, que son precisamente aquellos que tienen que ser sometidos a procedimiento penal? Sugiero a ella que, si no es inteligente, intente aparentar que no lo es; y que, si lo es, intente aparentar que lo es.

Conjeturo que los cuatros magistrados celebrarán un encuentro con los jueces y fiscales que han huido del país para eludir la persecución penal, y son prófugos, aunque se llaman exiliados; y convertidos también ellos, los cuatro magistrados, en prófugos, les propondrán fundar una comunidad que tendría un nombre similar a este: Santa Sociedad de los Exiliados Justos. Y anunciarían, como ya lo habían anunciado jueces y fiscales prófugos, que volverán cuando Bernardo Arévalo sea Presidente de la República, y entonces ya no puedan ser sometidos a procedimiento penal. Es decir, pretenderían que una potestad del órgano judicial del Estado, sea potestad del órgano ejecutivo.

Los cuatro magistrados podrían argumentar, como argumentaron aquellos jueces y fiscales prófugos, que se han exiliado porque no confían en la administración de justicia de Guatemala. Interpreto que confían en la administración de justicia si no son sujeto de persecución penal; pero no confían en ella, si lo son. ¡Maravillosa confianza y fantástica desconfianza! Si no confían, entonces no confían en un régimen judicial del cual fueron magistrados, aunque, cuando lo fueron, nunca expresaron su desconfianza, sino que, probablemente, la disfrutaron.

Era predecible que aquellos que afirman que no hubo fraude electoral cuyo producto fue el presidente electo Bernardo Arévalo; y aquellos que inventan maléficos golpes de estado, intenciones insurrecciones, inauditas violaciones del régimen jurídico constitucional, obstinadas persecuciones políticas del presidente electo y de su partido y, finalmente, diabólicas conspiraciones para impedir que él, el presidente electo, pueda finalmente asumir la Presidencia de la República, maldigan al Ministerio Público, por haber acusado a los magistrados del Tribunal Supremo Electoral. y haber solicitado el antejuicio. Y maldigan a la comisión investigadora de la acusación, por haber recomendado autorizar el sometimiento de los magistrados a procedimiento penal. Y maldigan al Congreso de la República, por haber aceptado la recomendación y haber autorizado tal sometimiento. Opongo, a esas maldiciones, mis bendiciones. Son las bendiciones de un ciudadano cuyo pensamiento se erige aristocrático sobre el torpe griterío oclocrático maledicente.

Aquellos mismos hubieran querido que el Ministerio Público despreciara los delitos cometidos por los magistrados del tribunal electoral; y que no solicitara el antejuicio de ellos; y que esos magistrados disfrutaran de plena impunidad, para presunto beneficio de la democracia y de la república, y para efectivo beneficio del partido Semilla y de Bernardo Arévalo. Hubieran querido, pues, que el Ministerio Público, la comisión investigadora y el Congreso de la República atendieran el interés político de ellos, independientemente de legalidad o ilegalidad. También hubieran querido que se complaciera al gobierno de Estados Unidos de América, la Comisión de la Unión Europea, la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas, la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Aquellos, aquellos mismos, sin embargo, finalmente triunfarán; pues, aunque los magistrados protagonistas de la estampida de los miserables, fueran sometidos a procedimiento penal, Bernardo Arévalo será presidente. No importa que sea el presidente del fraude, cuya candidatura fue ilegal, porque fue propuesta por un partido legalizado fraudulentamente. Importa el poder de los agentes internacionales y extranjeros que están dispuestos a imponerlo, a cambio de que someta al país a sus intereses políticos; o a cambio de que él mismo sea un siervo de ellos.

Post scriptum.  Los cuatro magistrados que huyeron del país son miserables por razones legales; pero son todavía más miserables por razones morales: crearon un conflicto político, judicial y social causante de males descomunales, cuyo efecto en la república todavía no se ha manifestado con plenitud. ¡Malditos sean!

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