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Juventud en tiempo de crisis

Pluma Invitada

Tenemos que considerar que en el país existen distintas dificultades para la juventud, que no todos tienen las mismas oportunidades y quizás las mismas capacidades.

Hablar de la juventud en Guatemala nunca ha sido algo fácil, de hecho no ha sido algo que se escuche con frecuencia o se considere dentro de las agendas gubernamentales de desarrollo, pareciera que ser joven te limita a todo, a los jóvenes no se les escucha, no se les toma en cuenta para la creación de una agenda de país, mucho menos se les da la oportunidad o se crean condiciones adecuadas para generar oportunidades de un empleo digno, de acceso a la salud, de acceso a la recreación y sabemos que estos males lo sufren todas y todos, pero esta reflexión parte de la consideración de la importancia de lo que representa para un país un bono demográfico como el que tenemos en Guatemala por la concentración etaria de juventud. El simple hecho de ser Joven en el imaginario social es sinónimo de inexperiencia, de falta de conocimiento, de irresponsabilidad y de cualquier otra identificación que estigmatiza el ser joven.

A pesar de las adversidades algunas agencias de cooperación le han apostado a la juventud a través del apoyo no únicamente financiero sino técnico y de acompañamiento y han decido trabajar con el mismo ahínco que lo hacen con otros procesos tan importantes y fundamentales como modernización del Estado a través de la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento institucional, quizás ellos si han visto un nicho de oportunidad para que estos jóvenes entiendan que son parte de la construcción de un gran país y esto a su vez pueda cambiar la riesgosa pero legitima acción del desplazamiento que día a día se produce por la falta de oportunidades económicas, educativas y de servicios básicos que debería de brindar el Estado.

De hecho, según el informe de línea base del estado situacional de los derechos de la juventud indica que solo 2 de cada 10 adolescentes de 16 a 18 años asistieron al ciclo de diversificado y que únicamente el 5.7% de las y los jóvenes tienen acceso a educación universitaria. (Observatorio de derechos de la juventud, 2019, 30), estos datos nos dan un parámetro del acceso que tiene la juventud a un derecho tan básico y tan fundamental para el desarrollo no solamente individual sino de país, es aún más preocupante saber que las condiciones de empleabilidad para la juventud no son las deseadas al estar la mayoría en el trabajo informal, el cual no les garantiza una estabilidad, protección social y dignificación.

Tampoco podemos invisibilizar los esfuerzos y las iniciativas que surgen en el país a pesar de las adversidades ya mencionadas, las cuales se dan desde los espacio que son a nivel urbano como lo que hacen Jóvenes Contra la Violencia como una organización de sociedad civil enfocada en la prevención de violencia en las áreas de más vulnerabilidad o como la iniciativa de la Municipalidad de Guatemala llamada Comunidad Juvenil, la cual busca brindar una posibilidad de espacio de formación y participación en temas de formación cívica, ecológica, artística y tecnológica de las áreas urbanas y periurbanas y otras organizaciones con una amplia cobertura a nivel nacional como lo que hace Paz Joven Guatemala donde su enfoque ha sido trabajar en áreas rurales teniendo un alcance de hasta 74 municipios con más de 1,000 jóvenes de todo el país que forman parte de sus capítulos municipales y apoyando a 12 redes departamentales, un trabajo admirable que es importante visibilizarlo para que sirva también de ejemplo a la institucionalidad de juventud como CONJUVE.

Estamos a unos días de un cambio de gobierno, uno que tendrá la oportunidad de invertir en mejorar las condiciones de vida del país, un nuevo gobierno que tiene la responsabilidad de priorizar a la juventud dentro de su agenda y de fortalecer la institucionalidad, también el nuevo congreso tiene una posibilidad de legislar en favor de aquellos que han sido olvidados. Tenemos que propiciar los espacios para la acción ciudadana, donde se promueva a una nueva generación empoderada que sueña con la mejora de su país.

El reto del nuevo gobierno, tanto del ejecutivo como el legislativo, no es solo escuchar sino prestar mucha atención a la participación que los jóvenes pueden tener durante estos 4 años, el pensar que todo lo que dice un adulto es la verdad absoluta es la muestra clara que el adultocentrismo se ha encargado de burocratizar a las instituciones tanto públicas como privadas, a los activismos políticos y de todo aquel espacio de incidencia que debiera de servir como plataforma para mejorar el país y transformar realidades, esto es una contradicción pues como tenemos un país eminentemente joven, con un bono demográfico que podría ser el deseo de muchos países europeos, que podría abrir una brecha de oportunidad de desarrollo acelerado, derivado a la gran posibilidad laboral, la creatividad y las herramientas tecnológicas con las que se ven equipadas este grupo etario. Claro, esto se lograra únicamente si se hacen políticas públicas que de forma transversal puedan enfocar sus esfuerzos en el desarrollo integral de estas nuevas generaciones, pensar en la restructura del Currículo Nacional Base que le aporte diversificación a la propuesta académica, que tecnifique y que actualice los contenidos con temas que son de interés, el empezar a desarrollar proyectos que vayan enfocados al fomento de trabajo para jóvenes, incluso el fomento a las PYMES a través de los emprendimientos, mejorar las condiciones de salud y la inversión en la proyección de este capital humano que debería de ser el pilar para las grandes transformaciones sociales.

A mi juicio creo que los jóvenes somos el presente lleno de oportunidades y posibilidades que continuaran transformando realidades que suman a los esfuerzos que ya se realizan en diferentes niveles. Seremos el futuro cercano para la construcción de una sociedad más equitativa y justa, basta ya de agachar la cabeza, es hora de un cambio generacional, que pide a gritos el país, desde las instituciones públicas, los movimientos sociales, en la academia y en general, donde la presencia de gente joven llevara ideas innovadoras que germinaran para retomar la eterna primavera.

No únicamente por iniciar un año nuevo vamos a reflexionar o pensar en los retos que afrontamos la juventud, la invitación es a que todos los días pensemos, pero sobre todo actuemos y provoquemos el cambio de nuestras realidades que seguramente alcanzaran a muchas personas más, que podamos ejercer nuestra ciudadanía para que nos sirva como una herramienta que nos ayude a lograr lo que queremos y necesitamos.