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Podremos sobrevivir al impacto de la guerra

Sueños… 

Volvamos a la utopía

Sin duda, un concepto que nos mantiene con la confianza en la vida es la idea del progreso, del desarrollo. Desde el renacimiento el humano sostiene sus vanas esperanzas en que la sociedad avanza desde el menor desarrollo hacia la perfección. Desde las guerras, el odio, el genocidio y el desastre hasta la llegada del bienestar, la paz y la convivencia de todos.

El concepto conocido como “desarrollo” es una de las fuerzas ideológicas que impulsan la modernidad. La revolución francesa amplió el concepto político de igualdad y participación de los humanos, el descubrimiento de América demostró la existencia de otras realidades y mundos que explorar e integrar al mal llamado mundo civilizado, conocido ahora como occidental; la revolución industrial trajo los cambios tecnológicos y culturales asociados a la aplicación de las ciencias, a la producción y avance de conocimiento científico.

El desarrollo representa para las fuerzas sociales un proceso que refleja el cambio permanente en la sociedad y en la economía. En sus inicios la medición del progreso se relacionaba con el crecimiento de las variables económicas (producción, empleo, exportaciones, importaciones, gastos del gobierno, masa circulante), un país era desarrollado cuando su producto interno bruto alcanzaba determinados niveles de producción y una determinada tasa de crecimiento anual.

Recientemente, se considera necesario incluir en el concepto de desarrollo el bienestar social medido a través de la expectativa de vida, el descenso de la mortalidad infantil, la mortalidad materna, la salud, alfabetización, acceso a la educación. Finalmente, el concepto de desarrollo se hace más integral: incluye indicadores económicos, sociales, y se le agregan índices relacionados con el deterioro del medio ambiente y la protección de la ecología.

Podremos en Centroamérica amortiguar el impacto negativo de la guerra

La siempre benemérita directora general del FMI, Kristalina Georgieva, en plena primavera de Washington, nos orienta a pensar sobre un futuro lleno de espinas.

El asunto es que el mundo está siendo puesto a prueba, en lo moral, económico, político y con la irracional y suicida guerra en Oriente Medio. Se ha puesto con toda claridad de un diseño estratégico de construir un imperio del pueblo “elegido” desde el mediterráneo hasta Babilonia, puede poner en riesgo una confrontación nuclear que conducirá a la humanidad actual a su escombros más oscuros.

El mundo está pendiente de los seres irracionales que reivindican la muerte de culturas milenarias enteras y aquellos escasos que con valor y dignidad buscan una salida en paz, sin prolongar los sufrimientos de pueblos enteros. ¿Podremos encontrar, por fin, un proyecto social mundial de paz, convivencia pacífica y fin de los odios disparatados de las ideologías?

Para superar los impactos negativos que se prolongarán en la región centroamericana de mayo hasta diciembre que podemos hacer. Primero, no tomar partido, considerar que las dos propuestas son realizadas con un mínimo de fanatismo religioso y odios ancestrales. Pero el conjunto de naciones directamente involucradas tiene excelentes economistas, filósofos, físicos, etc. Que podrían diseñar un proyecto de volver los ojos a la paz y el progreso basado en la protección de la naturaleza. Hay que encontrar, por fin, la solución de los problemas de la sociedad. Si el humano puede diseñar viajes al espacio, comprender las mínimas partículas y átomos que gobiernan la materia, ¿cómo no podemos encontrar la paz, la concordia entre humanos y con la naturaleza?, no debiera de ser el fin del mundo, debiera ser el inicio de un nuevo mundo.

Lo económico nos afecta en lo inmediato

“Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda.” Mencionado por el filósofo Friedrich Engels, en efecto, el no encontrar una solución para la paz permanente y la convivencia adecuada entre humanos, y entre humanos y naturaleza es que los factores ideológicos, políticos, ambientales, sociales y tecnológicos nos llevan a ser personajes muy diferenciados entre sí. El ser humano no puede ser homogéneo, nunca los humanos serán iguales. Pero sí pueden resolver sus desigualdades con afecto, respeto y solidaridad. No con la destrucción del mundo actual.

Como no puede ser de otra forma, los organismos financieros internacionales concentran la razón de ser del conflicto actual en la economía, y sus efectos sobre países semicolonias como las de la región. Por supuesto, concentrémonos en lo económico. Como diría en su campaña de 1992 Bill Clinton, o mejor dicho por su jefe de campaña James Carville: The economy, stupid. Sin dejar de observar que los efectos de la guerra en Oriente Medio provocarán inflación, salarios estancados, deudas públicas ampliadas y respuestas de los pueblos que pueden ser reprimidas con violencia.

La pensadora Georgieva nos dice: “Esto requiere comprender la naturaleza del shock, los canales a través de los cuales afecta a la economía, el tamaño del impacto y las políticas que pueden mitigarlo”.

¿Qué nos golpeó?, un ataque irracional de la principal superpotencia militar del mundo, antes de tratar de comprender y encontrar una solución a los temas de confrontación de todo tipo en oriente medio. El FMI nos tranquiliza, obviemos lo político y sus desagradables riesgos para opinar. Y concentrémonos en lo económico.

¿Qué nos golpeó?

La oferta y la demanda, poderoso instrumento de análisis económico. Nos golpeó un choque de oferta. Uno de los más grandes, mundiales y asimétricos de la historia del capitalismo. Sin el petróleo o sin petróleo barato los humanos tendríamos que abandonar las ciudades, los alimentos escasearían, los productos tecnológicos se estancarían. 

Pues sí, el flujo diario de petróleo mundial se redujo en aproximadamente un 13%, el flujo de GNL, gas natural licuado en un 20%; ahora todos vamos a pagar más por la energía y las imprescindibles cadenas de suministro de alimentos, materias primas, insumos y recursos industriales se han interrumpido fuertemente; el impacto depende de tu posición militar, estratégica, acumulación de capitales. Los exportadores de petróleo se frotan las manos, los importadores de los derivados del petróleo tienen que esperar un shock de mediano plazo. Y simultáneamente, vendrán los juegos políticos, que en la región no son los más estratégicos y democráticos.

El impacto negativo de la oferta ya eleva los precios, el poder adquisitivo de las mayorías disminuye, el consumo baja. Y, cuando los precios suben casi nunca vuelven a su nivel anterior por el momento el primer impacto llevó el Brent de $72 dólares por barril en vísperas de las hostilidades a un máximo de 120 dólares. Aunque en el momento actual, con un débil alto al fuego, oscila alrededor de los $80. Además, un riesgo es el fanatismo de los especuladores de las bolsas de valores, que preparan el ascenso al paraíso o una nueva crisis como la de 2008. Ya las materias primas son escasas lo que promueve la inquietud social.

El efecto dominó sobre las economías más débiles suena aterrador. Como el FMI nos muestra en el siguiente gráfico ya hay interrupciones en el suministro de las refinerías por salvaguardar caudales mínimos o para especular.

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La economía de Estados Unidos, presionada por la alta productividad de China, Japón, India, Alemania no va a mejorar presionando las fuentes de energía para esos países como ingenuamente lo creyeron los estrategas militares. En el siguiente gráfico el FMI nos muestra cómo la escasez de productos refinados como el diésel y el combustible para aviones, interumpen el transporte, el comercio y el turismo en un mundo más interconectado que nunca.

¿Estaremos preparados en la región para el choque? Daremos nuestras opiniones la próxima semana.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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